COLUMNA

La política, la mayor traba de Portugal

Los inversores, no hace mucho tiempo atrás, colocaban a España y a Portugal casi en el mismo cesto cuando evaluaban el riesgo soberano. Ambos países padecen un lento crecimiento, grandes desequilibrios por cuenta corriente y una baja productividad. En todo caso, los desafíos de Portugal parecen más manejables, tras perderse los fuegos artificiales de los años de bonanza y la euforia inmobiliaria que golpeó a España. Pero los mercados de bonos castigan a Portugal, con diferenciales dos veces mayores que el de España.

La primera razón es que España, a diferencia de Portugal, ya ha comenzado a corregir algunos de sus desequilibrios. El déficit por cuenta corriente portugués apenas se ha reducido, mientras el español ha bajado notablemente. Su tasa de ahorro no ha mejorado, mientras que en España ha aumentado.

La falta de ajuste refleja, en parte, las dificultades en la aplicación de la disciplina fiscal. La recesión ha empujado al alza el déficit presupuestario de Portugal a un récord del 9,4% en 2009, aunque es menor que el de España, del 11,1%. La semana pasada Lisboa puso en marcha otro plan de reducción de déficit. Pero depende, en parte, de las trasferencias al Estado de algunos planes de pensiones de la anterior empresa estatal Portugal Telecom. Excluyendo este régimen de contabilidad, el déficit estructural sería del 8,8% y no del 7,3% objetivo, según Barclays Capital.

Segundo, la economía de Portugal es menos diversificada que la de su país vecino. Es cierto que el crecimiento de España se sostuvo, en gran medida, por el sector de la construcción. Pero la economía portuguesa continúa dominada por el sector público. Los economistas también dicen que la base fiscal española es más ancha, y hay menos disparidad entre ricos y pobres.

La tercera razón es política. El Gobierno español cuenta con el apoyo suficiente para aprobar su presupuesto. Pero el de la minoría portuguesa parece que no es capaz de unir al partido de la oposición de centro-derecha a su causa de austeridad. La oposición quiere que el ajuste fiscal se lleve a cabo a través del recorte de gastos y no de subidas de impuestos. Hasta que la clase política portuguesa se comprometa, los inversores seguirán nerviosos.

POR FIONA MAHARG-BRAVO