Tribulaciones de un parado ilustrado

Pensar el sentimiento, sentir el pensamiento

Seguimos en plena travesía, amables lectores. Cruzado el ecuador del mes de agosto, mantenemos el rumbo hacia un destino incierto pero cargado de optimismo, como no debe ser de otra forma. En el anterior post (Verdaderos emblemas de esperanza) les animaba a buscar aquellos símbolos materiales o espirituales que pueden conformar la particular carta náutica que guíe la trayectoria, acción y comportamiento de cada uno de nosotros.

Espero que, si tuvieron ocasión de leerlo, hayan conseguido localizar sus propios emblemas de esperanza. Me conformaría con que hayan divisado al menos uno de ellos y que se encuentre a una distancia física o mental razonable para percibir sus señales, sentir su cercanía y aspirar a alcanzarlo pronto. Ya me contarán.

Hoy me he propuesto plantearles la existencia de otros emblemas de esperanza a los descritos en el anterior post (familia, amistades...), que pueden ayudarnos sencilla y milagrosamente a ser mejores y alcanzar momentos de plenitud y felicidad. Como lo oyen.

¿Han oído hablar de la expresión "estar en la zona"? La primera vez que escuché esta frase fue en boca de Ken Robinson, autor de El Elemento (Grijalbo, 2009), libro del que ya les he hablado en anteriores entregas.

"Estar en la zona" es el lugar y el momento en el que literalmente volamos, "nos volvemos decididos y entregados. Vivimos el momento. Nos perdemos en la experiencia y damos lo máximo de nosotros mismos. Nuestra respiración cambia, nuestra mente se funde con nuestro espíritu y sentimos cómo nos adentramos en el corazón del Elemento".

No me refiero a una nueva droga de diseño. Aunque "estar en la zona" puede aumentar la sensación de libertad y autenticidad y, en definitiva, trastornar nuestra capacidad de percepción. No hace falta ni receta ni consultar al farmacéutico. "La zona" es legal, sana y muy recomendable. Además, no tiene efectos secundarios adversos. Más bien todo lo contrario.

Según Robinson, "cuando hacemos algo que nos gusta y que se nos da bien, tenemos muchas más probabilidades de centrarnos en nuestra verdadera autoconciencia: ser quienes en realidad creemos ser".

Hacer algo que nos gusta y se nos da bien. Sí, han oído bien. Pasión, vocación y pericia. Tres conceptos que cuando convergen "en la zona" provocan un momento mágico, sublime, "donde las ideas aparecen más rápidamente, como si estuvieses conectado a una fuente que hace que sea significativamente más fácil lograr tu cometido".

Vamos, uno de esos "momentos estelares de la humanidad", que diría mi admirado Stefan Zweig, pero aplicados a la experiencia personal de cada uno.

En esta misma línea de pensamiento, Santiago Álvarez de Mon, profesor del IESE, incorpora en su libro Con ganas, ganas (Plataforma, 2010) la visión de algunas ilustres personas (Inma Shara, Jesús López Cobos o Valentín Fuster) que ejemplifican muy bien el significado del concepto "estar en la zona".

En sus testimonios, los protagonistas (asiduos moradores de "la zona") nos hablan de confianza, de libertad, de serenidad, de equilibrio, de misterio, de armonía, de magia, de ingenio, de pasión, de acción... De estados y factores que te pueden llevar a un punto donde todo parece fluir con naturalidad. ¡Qué gozada!

Pero también y sobre todo nos hablan de concentración, como vía para entregarse y conectar con lo que hacen con tal grado de profundidad y plenitud que no llegan a distinguir entre pensar y sentir. Pensamiento y sentimiento en un mismo espacio y momento. Increíble pero cierto. Y real.

Miguel de Unamuno, espíritu libre y clarividente como pocos, ya animaba a sus lectores en Poesías (Alianza Editorial, 1987) a encontrar "la zona", a su estilo y manera. Y nos decía: "Piensa el sentimiento, siente el pensamiento. Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido".

Reflexionen, amables lectores, y cuenten las últimas veces que, en su actividad profesional, se han encontrado "en la zona". Concentración. Piensen un poco más. Si lo necesitan, amplíen, por favor, el campo de recuerdo a otros trienios...

Si les sirve de consuelo, les confesaré que a mí también me ha costado localizar mi última entrada "en la zona" durante la etapa profesional que acabo de culminar, antes de graduarme con el título de parado ilustrado.

Pero no se preocupen. Con mi vocación literaria creciente, ciertas dosis de pasión, ilusión y tensión, y una capacidad de concentración que me ha sorprendido a mí mismo, llevo casi un mes perdido y disfrutando "en la zona", espacio mental maravilloso que no pienso abandonar salvo que ustedes (o mi querida familia) digan lo contrario.

Hasta pronto.