Tribulaciones de un parado ilustrado

Basado en hechos reales

Buenos días. Me llamo Watson, tengo más de cuarenta años y soy un ex directivo de una multinacional española. Acabo de pasar a formar parte de la larga lista de desheredados de la tierra laboral.

Permítanme que no les revele el nombre de la empresa para evitar malinterpretaciones y alguna que otra tentación. Pero bien podría parecerse a una de las grandes corporaciones patrias, como Repsol, Telefónica, Banco Santander o Ferrovial, por citar algunas.

He puesto en marcha este blog con el propósito de compartir con usted esta experiencia vital: la salida de la zona de confort laboral (confort relativo, para ser sinceros) donde he vivido en los últimos años y el tránsito hacia un incierto e inquietante destino.

Y también para hablarles de valores como la confianza, el agradecimiento, la ilusión o la camaradería... principios que hoy, más que nunca, deben guiar nuestro comportamiento.

Cambio, derrota, oportunidad, reto, fracaso... Cada uno tiene una manera de vivir y afrontar una situación que, como los sueños (o las pesadillas), son personales e intransferibles.

Contamos en estos momentos con más de cuatro millones y medio (creciente) de puntos de vista, todos tan válidos y respetables como el mío.

No esperen en este blog un análisis objetivo o científico de una cuestión para la que, sinceramente, no estoy preparado.

Escribo desde una perspectiva personal, humana, subjetiva, crítica y, por qué no, aleccionadora y hasta positiva. Les adelanto que, a pesar de todo (decretos y reformas laborales incluidas), tiendo a ser optimista.

Para evitar aburrirles demasiado, regaré mis reflexiones con agua procedente de algunas fuentes externas: la actualidad, rica, diversa, sorprendente e inagotable.

Y algunos libros y artículos que me han acompañado, como buenos compañeros de viaje, durante estos últimos años. Yo les llamo ejemplares ejemplares. Pero no sean impacientes, se los les iré descubriendo a lo largo de los próximos post.

No quiero terminar esta primera entrega sin hacerles una revelación: uno, a pesar de sus circunstancias, también tiene ciertas aspiraciones.

La mía es llegar a formar parte, cuanto antes, del Club de los Negocios Raros, que dio forma mi admirado G. K. Chesterton en un simpático y peculiar libro (The Club of Queer Trades), que recomiendo especialmente en esta época de tribulaciones.

Pero esta es una historia, amables lectores (espero que haya más de uno), que les comentaré en la siguiente entrega. No dejen de leerla. Hasta pronto.