Muchos congresistas de EE UU quieren que cancele el dividendo

BP defiende que tiene capacidad para hacerse cargo del vertido

BP dijo ayer que no hubo ninguna razón que justificara su caída en Bolsa el miércoles. La petrolera defendió su capacidad financiera para hacer frente a los costes derivados del vertido de petróleo en el Golfo de México, mientras crece la desconfianza de los analistas en el futuro de la compañía y la presión del Gobierno de EE UU.

Los mercados mandaron una inequívoca señal de desconfianza a BP el miércoles. Los ADR que cotizan en EE UU se desplomaron casi un 16% en las últimas horas de cotización y el jueves esa baja se transmitió a sus acciones en Londres, aunque al final se recuperaron. Los credit default swaps, que aseguran contra la posibilidad de una quiebra de la petrolera, están cotizando como si tuviera una calificación crediticia basura, muy por debajo de la real. Todo ello porque ante la magnitud del desastre provocado por la explosión de la plataforma en el Golfo de México, los analistas empiezan a dudar de la capacidad de la empresa para hacerse cargo de la situación y por la presión que está haciendo el Gobierno de EE UU.

A última hora del miércoles se especulaba con una quiebra, desmembramiento de la empresa, intervención o venta, mientras el secretario de Interior, Ken Salazar, anunciaba que pedirá a BP que compense a todos los trabajadores que hayan tenido que ser despedidos temporalmente por la moratoria de seis meses impuesta sobre la explotación en alta mar. La presión en Washington aumenta además porque cada vez más senadores están pidiendo a la empresa que cancele sus dividendos trimestrales. Su consejero delegado, Tony Hayward, tendrá que hablar de ello en el Congreso cuando comparezca la semana que viene.

BP evitó ayer referirse a ambas cuestiones, pero especificó que tiene suficiente cash flow para pagar la limpieza y las indemnizaciones que deba. De momento ha dedicado a estas partidas unos 1.430 millones de dólares (unos 1.180 millones de euros) y en su caja tiene casi 7.000 millones de dólares además de varias líneas de crédito abiertas. El problema es que la solución para el vertido está lejos de llegar, ya que no se espera que se pueda detener hasta finales de agosto. Ahora, la empresa sólo puede ir recogiendo parte del que se vierte al mar.

La compañía, que está contando con el apoyo de algunos políticos del Reino Unido, no tiene el favor del primer ministro, David Cameron, que ha reiterado que BP tiene que hacer lo que sea "para lidiar con la situación". Cameron dijo que ayudará en todo lo que pueda, pero que también entiende "perfectamente la frustración del Gobierno americano". El premier británico y Obama tenían hablarán el sábado por teléfono.

La presión sobre el dividendo es espinosa. Muchos congresistas quieren que se cancele la retribución a los accionistas para asegurar que la empresa puede hacer frente a los costes del desastre pero los perjudicados por ello serán muchos fondos de pensiones no sólo británicos sino sobre todo americanos, entre ellos el mayor del mundo, Calpers. El año pasado BP dio 10.500 millones de dólares en dividendos.

El desastre de BP está sirviendo como excusa perfecta en Washington para abogar por una reforma de la ley energética a la que se opone el partido conservador . Ayer Obama ya dijo que las leyes medioambientales no han sido adecuadas para prevenir la catástrofe.