COLUMNA

El imperativo de Grecia

Los números de emergencia están sonando. Los rendimientos del bono a diez años griego se están inflando a más del 8%. El país no puede financiarse de manera sostenible. La deuda de otros países con problemas de la eurozona -Portugal, España, Irlanda e Italia- son vulnerables al contagio. La ayuda a Grecia del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea no puede venir demasiado pronto. Pero el probable rescate debe ser un acicate, no un bálsamo, tanto en Grecia como fuera de ella.

Alemania se muestra reticente pero los mercados están forzando la mano de la UE. La muy discutida ayuda vendrá sin duda. El FMI empezará a supervisar la política económica de Grecia. Pero la tarea de hacer al país solvente parece inmensa.

La oficina estadística europea, Eurostat, acaba de revisar al alza el déficit de Grecia de 2009 al 13,6% del PIB. El déficit antes del pago de intereses, el llamado déficit primario, fue del 8,5% del PIB. La posición primaria debe pasar a un considerable superávit de, digamos, el 4% del PIB para evitar que la carga de la deuda, que ya es el 115% del PIB, aumente más.

Una mejora del 12% en las finanzas del Gobierno es casi inconcebiblemente grande. No ayuda el hecho de que Grecia no pueda devaluar para ayudar a sus exportaciones y al turismo, ni tampoco que Grecia ya esté preocupada por las protestas contra la austeridad. El mercado puede dudar que Grecia pueda hacerlo, incluso con ayuda. El miedo a la quiebra, altos rendimientos y el riesgo de contagio puede que persistan.

Es verdad que ningún otro país de la eurozona se encuentra en una posición tan mala. Pero también está claro que otras economías de la zona euro están en un camino insostenible de deuda en rápido aumento y deben tomar medidas drásticas para reducir sus déficit.

La prolongada agonía de Grecia muestra que Alemania y otros países se resisten a preparar lo que puede ser un compromiso a largo plazo para apuntalar a sus vecinos. Una vez que se ayude a Grecia, como parece seguro que será, puede que se agote la paciencia. El FMI puede convertirse en el único samaritano.

El tormento griego y el posible rescate es una advertencia. Sus vecinos pueden ver la agonía de Grecia. Necesitan ser valientes y actuar rápido si no quieren compartir un día la misma suerte.

Por Ian Campbell