Debate abierto. Pacto de Estado de la Educación

Espíritu científico

En todas las universidades y organismos públicos de investigación de la novena potencia científica del mundo, existe una unidad que se conoce por OTRI, acrónimo que responde a una especie de declaración de principios: "oficina de transferencia de resultados de investigación". Diríase que, al menos en su organigrama, los centros de investigación españoles parecen estar deseando contarles a las empresas lo que hacen sus científicos, por si les resultase de utilidad.

Les mueve a ello el constatar que, con frecuencia, publicaciones que realizan los investigadores españoles, figuran en la bibliografía de la base de datos de patentes de EE UU, aunque casi nunca se encuentran en la correspondiente base de datos de España. Hay casos, documentados y conocidos, de algún investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que aparece citado casi un centenar de veces en la USPTO de EE UU y ninguna en la OEPM española. Estoy hablando de casos concretos, cuyos titulares no desvelo por respeto hacia los interesados.

Si me preguntan si los científicos españoles tienen espíritu empresarial, tendría que reconocerles que, francamente, no, que carecen de él, al menos la mayoría, pero tampoco es su vocación y, ni su profesión. Lo que también es cierto es que un buen porcentaje de ellos, no menos del 50%, son conscientes de la necesidad de estrechar relaciones con la empresa y están dispuestos a tratar de aportar su saber hacer a la resolución de problemas empresariales de base científica.

Existe, como les decía, un centenar de OTRI en nuestro país, que intenta colocar en el mercado una variada oferta tecnológica. ¿Existe también, en el seno de las empresas, un centenar de oficinas dedicadas a formular la correspondiente demanda empresarial de I+D?

No pretendemos, de ninguna manera, que los empresarios españoles tengan espíritu científico, ni cultura científica. Para eso estamos nosotros y para eso nos pagan. Lo que sí nos gustaría, en cambio, es que los empresarios españoles se dotasen de los instrumentos para definir las demandas o necesidades tecnológicas de sus empresas, para explorar lo que hay en el mercado nacional o internacional del conocimiento, y para dialogar con los que tienen la oferta, es decir, que además de los departamentos de marketing o similares con los que cuentan las empresas, se doten de departamentos de purchasing o de scouting o de peeping o como quieran llamarles.

Imagino que enfrente además de las OTRI públicas existen unos DERI o "departamentos de exploración de los resultados de investigación", y es tal la emoción que siento, que no puedo dejar de sonreír.

Llevo años preguntándome por qué son así las cosas entre nosotros, y no acabo de encontrar una respuesta que me satisfaga. La consabida disculpa de la falta de tradición tecnocientífica de nuestro país, o del peso histórico de una cultura marcadamente hidalga y rentista, no me acaba de convencer, porque tampoco teníamos una gran tradición turística, o una inveterada costumbre de donación de órganos para trasplantes, o de natación sincronizada femenina, y no nos está yendo nada mal en ninguno de esos sectores.

Por otra parte, no crean ustedes que Finlandia o Corea del Sur tenían una gran tradición histórica de empresarios innovadores, o de incorporación de las mejores tecnologías disponibles a la producción, y ahí las tienen hoy, que causan admiración a propios y extraños y, todo ello, en menos de dos generaciones.

¿Cuál es pues la causa de este aparente desinterés de nuestros empresarios por la investigación científica y el desarrollo tecnológico? No lo sé. ¿Cuál es la solución a este indeseable estado de las cosas? Tampoco lo sé.

Ahora bien, lo que sí sé, y creo poder demostrar con datos y argumentos convincentes, es que hoy se dan ya las condiciones para que el sistema público español de I+D aporte la base científica necesaria para el despegue tecnológico de nuestro sector productivo.

Las actuales relaciones entre la investigación pública y el sector productivo privado van en aumento. Entre ambos partes se puede completar el largo recorrido que va desde la investigación más básica hasta un producto final en el mercado, pero el recorrido no es inmediato, ni tiene por qué hacerse por cada sector de manera independiente, "solo" requiere inversiones sostenidas y alianzas claras.

Haber escalado en pocos años desde el puesto 30 del ranking científico mundial al puesto nueve, no ha sido nada fácil, y mantenerse entre los 10 primeros países tampoco está resultando fácil, pero ahí estamos.

Señores empresarios, ¿van a desaprovechar ustedes la oportunidad que tienen al alcance de la mano?