Coyuntura económica

El Banco de España descarta deflación aunque los precios caigan hasta otoño

El índice de precios de consumo interanual cayó en abril un 0,1%, el mismo valor que en marzo, según el avance del INE. Este encadenamiento de inflación negativa, que continuará hasta los meses finales del año, no supondrá una espiral deflacionista, según el Banco de España.

El avance publicado el jueves por el Instituto Nacional de Estadística, de una caída del IPC en abril del 0,1%, afloró de nuevo el término deflación para calificar lo que ya son dos meses con precios a la baja. Erróneamente, según se infiere del último boletín del Banco de España, publicado el miércoles: esa caída no es ni generalizada ni prolongada, lo que debe llevar a hablar de desinflación y no de deflación.

El ente dirigido por Miguel Ángel Fernández Ordóñez hace un ejercicio para demostrar esa ausencia de generalidad, dividiendo la variación interanual del IPC entre la parte atribuible a circunstancias actuales de oferta y demanda (a la baja, como demuestra la caída del PIB del 1,8% en el primer trimestre) y la achacable al efecto base de fenómenos sucedidos un año atrás (en concreto, el histórico encarecimiento del petróleo hasta el récord de 147 dólares por barril de julio pasado). Este "efecto estadístico" -el crudo cotiza ahora alrededor de los 50 dólares- puede recortar el IPC interanual en un punto porcentual en mayo y julio de este año, según el Banco de España, agudizando la senda de los últimos meses.

El diagnóstico es claro: descontando un más que probable empeoramiento del consumo (variable atribuible a las circunstancias actuales), veremos encadenarse varios meses más con precios a la baja. Pero, por el mismo efecto estadístico, el IPC volverá a tasas positivas hacia finales del año.

La caída no generalizada de los precios supone un alivio para las cuentas familiares

La diferencia terminológica no es baladí: la deflación desencadena expectativas de caídas de precios y desincentiva así el consumo y la inversión, retroalimentando las presiones a la baja. El decenio negro sufrido por la economía japonesa hasta hace bien poco sirve de ejemplo de esa pavorosa situación.

En cambio, la esporádica y no generalizada caída del IPC (desinflación) supone una cierta mejora el poder adquisitivo de las familias, muy castigado por el aumento de un desempleo que supera ya los cuatro millones. Ello se sumaría a la mucho más relevante caída del euríbor, que puede ahorrar 3.000 euros anuales a los titulares de una hipoteca media. Ambos elementos aliviarán las cuentas de las familias, en particular para las más de un millón con todos sus miembros en paro.

Diferencial favorable

Según el avance publicado el jueves por Eurostat, el IPC armonizado de la zona euro siguió en abril en el 0,6%, lo que mantiene el diferencial favorable a España en siete décimas. La mayor dependencia e ineficiencia energética española explica este anómalo comportamiento de los precios, que habitualmente crecen cerca de un punto más que en la Unión Monetaria. En marzo, los precios energéticos descontaron 1,2 puntos al IPC español, superando el efecto positivo de la inflación subyacente y los alimentos.

Aumenta el ahorro y baja la demanda energética

La incertidumbre creada por el brusco deterioro de actividad y empleo está cambiando el uso de sus ingresos por parte de las familias. Según la agencia estadística europea Eurostat, la tasa de ahorro de los hogares aumentó en el último trimestre del año pasado un punto porcentual respecto al inmediatamente anterior, para situarse en el 15,1% de la renta disponible.

La mayor preocupación respecto a las circunstancias económicas futuras ha supuesto, en sentido inverso, un importante deterioro del la inversión realizada por los hogares: en el cuarto trimestre, se redujo en medio punto en la Unión Económica y Monetaria, hasta situarse en el 9,9% de los ingresos percibidos.

Pero la pérdida de protagonismo de la inversión no se limita a las familias. Entre las empresas no financieras, la tasa inversora bajó desde el 23,8% hasta el 22,1%. Esas cifras suponen una menor inyección de actividad y rebajan las perspectivas de crecimiento futuro, al tiempo que limitan las subidas de precios al mitigar la demanda agregada.

En España, los síntomas de recesión se suceden: la demanda de energía eléctrica cayó en abril un 13,4%, mientras la de gas bajó un 17% en el primer trimestre.