COLUMNA

La gripe también es económica

Cuando la economía estadounidense coge un resfriado, el mundo entero estornuda. ¿Pero qué pasa cuando coge algo un poco más severo? Puede que estemos a punto de comprobarlo.

El Gobierno de EE UU declaró una emergencia sanitaria al descubrir una docena de casos de la misma variedad de fiebre porcina que para el lunes había matado a 100 personas en México. Tal y como recomendó la consejera de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, no hay razón para que ahora mismo cunda el pánico.

Pero con la economía estadounidense sufriendo ya un terrible caso de peste -contagiada al resto del globo-, la última cosa que soportaría sería una seria epidemia. La última vez que pasó algo similar fue en 2002-2003, el síndrome agudo respiratorio severo (SARS) que se emanó desde China a tres docenas de países.

El peaje humano del SARS (800 muertos) no fue terriblemente alto. Minucias comparado con la gripe española de después de la primera Guerra Mundial, que causó entre 20 y 100 millones de víctimas mortales. Pero el pánico que provocó hizo que muchos negocios relacionados con el transporte a las zonas calientes se resintieran severamente. La OMS estimó que los viajes internacionales a Hong Kong, Pekín y Toronto, por ejemplo, cayeron a la mitad.

Visto retrospectivamente, la epidemia no carcomió el crecimiento en las regiones de Asia Oriental más afectadas. El PIB chino creció un 9,3% ese año, y Hong Kong lo hizo en un 3,3%, un punto más que en el año anterior.

Esta vez podría ser diferente. Incluso considerando que la gripe mexicana sea una variedad no más letal que el SARS, llega en un momento delicado. La crisis financiera y la contracción económica correspondiente ya se está cobrando víctimas en los negocios y economías más dependientes del comercio, del transporte y del turismo, que son las más susceptibles a empeorar con la nueva gripe.

Además, los Gobiernos de todas partes ya están suficientemente asediados por los rescates de compañías y planes de impulso económico. Una epidemia severa abriría un cuarto o quinto frente. Una de las buenas cosas del SARS fue que Asia, al menos, aprendió mucho sobre el control de epidemias. Hong Kong, por ejemplo, tiene sensores de temperatura en los aeropuertos para los pasajeros que se pueden usar para detectar si alguien es portador de un virus. Por el bien de la economía y de la humanidad, esperemos que sea una variedad de gripe fácilmente controlable.

Por Rob Cox