A examen

La banca privada intenta reinventarse

Tras años de buscar rentabilidad a toda costa, los gestores se vuelcan en la seguridad y la simplicidad.

La casi siempre plácida y discreta actividad de la banca privada se ha visto salpicada en los últimos meses por problemas que han devastado parte del patrimonio de los inversores más privilegiados. Al hundimiento de las Bolsas mundiales y de todo tipo de fondos se han unido el crac de Lehman Brothers y escándalos como el de Bernard Madoff. En activos relacionados, directa o indirectamente, con la entidad bancaria quebrada o el defraudador estadounidense se han visto atrapados decenas de estos clientes, que deben contar como mínimo con un patrimonio libre de 300.000 millones de euros para ser admitidos en esos selectos clubs.

Como reacción, la confianza de los acaudalados inversores se ha transformado en recelo, y la pregunta que los afectados ahora hacen, según admiten los gestores de esas entidades, es que si el trato personal y exquisito en elegantes despachos es el principal valor añadido que podían esperar.

No todo se ha debido a la confluencia de una recesión bursátil con acontecimientos aciagos. En el sector se asume que en esta crisis subyace el exceso, la búsqueda de rendimiento a cualquier precio. Entidades y gestores quedaron inmersos en una vorágine de creación y venta de productos complejos y opacos, que casi nadie entendía y que prometían elevadas rentabilidades. Durante un tiempo fue así, pero la explosión del mundo financiero ha convertido a los clientes de la banca privada en los más afectados, por su mayor capacidad de inversión y porque el pinchazo ha sido aún más brutal en hedge funds, productos estructurados o monetarios dinámicos.

A partir de ahí el universo de la inversión financiera va a dar un giro de casi 180 grados; de hecho ya lo está dando. Y la banca privada quiere adaptarse al nuevo panorama. Pero a corto plazo mandan otras prioridades; ahora los directivos reconocen que su primer objetivo es restablecer la seguridad. Esta semana Santander lo ha intentado con la propuesta de indemnización a sus clientes particulares damnificados en la estafa de Madoff. El banco la condiciona a que los clientes sigan ligados a Santander, y explicita que les indemniza por motivos 'estrictamente comerciales'. Urquijo, hace unos meses, también ofreció compensaciones a los afectados por la quiebra de Lehman en diciembre. 'Se ha perdido credibilidad por los eventos del mercado y por eventos corporativos excepcionales, no previsibles. Va a ser necesario un esfuerzo por parte de los gestores y los banqueros para recuperar la confianza', señala Manuel San Salvador, consejero-director de Urquijo.

Miguel Irisarri, director general de A&G -entidad española que cuenta con 3.000 millones de euros bajo gestión-, apunta otro tema: 'Las grandes entidades han estado más preocupadas por colocar determinados productos que por el cliente'. Añade que el mapa de la banca privada está tan en revisión como el del conjunto del sector bancario, y que ya se reconocen los posibles conflictos de intereses entre las diferentes áreas de un mismo grupo: comercial, de inversión y de asesoramiento. Tras esta crisis, comenta Irisarri, se irá a especialidades, porque no es lo mismo el cliente de Bancaja que el de JPMorgan, y que, por encima de todo, 'se volverá a lo básico'.

Es la visión más compartida por los expertos: el futuro -que ya está aquí- se encamina hacia la inversión en activos más sencillos y a un cuidado asesoramiento basado más en el perfil del cliente que en la colocación masiva de productos.

Luis Sánchez de Lamadrid, consejero delegado de la entidad suiza BSI, comenta que actualmente los clientes sólo quieren inversiones que puedan entender: letras del Tesoro, renta variable, renta fija solvente o monetarios. 'Los productos estructurados tienen los días contados, y sólo sobrevivirán los mejores hedge funds, que irán destinados a inversores experimentados', afirma. Y Luis Regalado, director de banca privada de Banco Madrid, afirma que es obvio que el modelo se tiene que adaptar porque, además haberse cometido fallos, se basaba en un entorno de inversión que ya no existe. 'Todo el mundo se ha vuelto más estricto y riguroso en el control de los activos y del perfil del riesgo del cliente', asegura.

El recelo afecta a todo el sistema. Según Regalado, las agencias de rating han hecho valoraciones incorrectas y, hasta que la confianza no se restablezca, los gestores se verán obligados a analizar una a una las empresas que recomiendan. 'Como no llegamos a todas, nos centraremos en lo más conocido', concluye.

El director de Banco Madrid cita otros temas que hoy marcan la actividad y que hace unos meses no eran relevantes. 'Es necesario estar pendientes de los riesgos de contrapartida de los productos, de la interpretación de los contratos, de los posibles conflictos judiciales o del peligro de iliquidez de los activos', agrega.

Esta remodelación, de la que no se sabe todavía quién y cómo sobrevivirá, no es exclusiva de España. En la reciente cumbre de banca privada celebrada en Ginebra se ha puesto de manifiesto que hasta las entidades más emblemáticas, como UBS y Credit Suisse, están preocupadas por la salida de clientes que se han visto defraudados por consejos no siempre acertados.

Pictet, que ocupa el tercer puesto en ese área en Suiza, ha logrado un flujo neto positivo de 17.000 millones de francos suizos en 2008. Entre las posibles claves de esa trayectoria están el mantenimiento de una estrategia conservadora y el lanzamiento de fondos de deuda pública en dólares, euros y francos suizos.

¿Hay fórmulas para la supervivencia de la banca privada? Porque, si se trata invertir en letras o en blue chips ¿son necesarios estos asesores? Jorge Sanz, consejero delegado de Atlas Capital, manifiesta que, aunque España no es un país de megarricos, existen unas 500.00 familias potenciales clientes de banca privada, y estas personas van a seguir invirtiendo. 'Aunque se demanden activos más sencillos, se irá a productos empaquetados para un cliente determinado, que se adaptarán a sus necesidades y en los que se sabrá lo que hay detrás', destaca.

En esta línea, Luis Regalado señala que una mayor simplicidad no significa que no sean necesarios conocimientos específicos y que además los filones, como han sido los depósitos bancarios, se acaban.

Inevitable reordenación

El director de Urquijo manifiesta que el modelo se está revisando. Aunque prevé que las soluciones se simplifiquen para el segmento más bajo de la banca privada, estima que la sofisticación -aunque diferente de la actual- no desaparecerá de los segmentos altos. 'Se requerirán estructuras cada vez más eficientes', destaca.

A esta personalización se apuntan los directivos, especialmente una vez arrecie la tormenta. Y Luis Sánchez de Lamadrid recuerda que los servicios de la banca privada deben seguir siendo globales e incluir arte, inmobiliario y otras categorías de activos. No obstante, en el pasado desde la banca privada se han aconsejado inversiones -como huertas solares o materias primas- que en algún momento fueron rentables, pero que después no cumplieron con las expectativas. Este tipo de alternativas exóticas ha sido puesto en cuarentena.

Cuando todo muestra que la reordenación del sector es inevitable, surge la defensa de dos modelos diferentes. Gadea de la Viuda, directora de Abante Asesores, estima que se producirá un proceso de consolidación de entidades, y que algunas extranjeras se irán de España. Al igual que otros expertos, manifiesta que las compañías independientes saldrán fortalecidas. Estima que algunos grandes bancos del mundo tendrán que concentrarse en su área comercial, y dejarán o reducirán su presencia en el asesoramiento de las más ricos. No obstante, otros destacan las ventajas de tener detrás a una gran entidad para enfrentarse a casos como el fraude de Madoff. Desde BBVA se indica que al tener incluida la banca patrimonial dentro la estructura del grupo, hay menos presión en los costes y se ofrecen más posibilidades y más apoyo a los clientes, incluso ser socios en inversiones como el capital riesgo. Lo único claro es que la banca para ricos no será la misma después de 2008.

El papel del supervisor

La actividad de banca privada se rige por la Ley del Mercado de Valores. Las sociedades que la ejerzan deberán estar inscritas en la CNMV. Pero en algunas normativas como la ley de fondos de inversión y especialmente con la transposición de la directiva Mifid se distingue entre inversores minoritarios e inversores cualificados, que necesitan un nivel de protección mayor dado que se les presume mejor formados de cara al mundo de la inversión. Y los clientes de banca privada entrarían en este grupo. Por ejemplo, sólo los clientes de banca privada pueden invertir directamente en hedge funds.

Según Ángel Fernández-Albor, socio del bufete Calvo Sotelo-Cremades -que defiende a los clientes de Santander afectados por Madoff-, el mercado español cuenta con una buena ley que ha contado además con desarrollo normativo muy completo. Eso no evita, señala, que se detecten vacíos por la complejidad y la innovación financiera, que crea productos que se mueven en tierra de nadie. En su opinión es necesario reforzar el papel supervisor de organismos como la CNMV y el Banco de España, dotándoles de medios para desarrollar esa misión. Manuel San Salvador, de Urquijo, destaca que la Mifid contribuye a que las entidades no ofrezcan a los clientes productos que no entiendan. Se pronuncia a favor de más control y de más información.

A partir de 300.000 euros

Los criterios que siguen las instituciones que asesoran a los inversores con más liquidez es muy diferente, porque también es sutil la frontera entre banca privada y banca personal. En entidades como Atlas Capital los clientes deben contar con un mínimo de 400.000 euros, y en Banco Madrid desde 300.000 libres es posible ya configurar carteras. Para BSI, como para casi toda la banca suiza, el mínimo lógico es de un millón de euros para que exista una masa crítica que permita optar por diversos activos y configurar un patrimonio diversificado, y para que cada gestor cuente con una cifra máxima de 30 clientes. Para Santander, la cantidad mínima es de 500.000 euros; por debajo se habla de banca personal. En Banif, la cifra necesaria es de 300.000 euros.

La estrategia del BBVA se mueve más en esa línea, y es preciso contar con dos millones de euros para formar parte de la clientela de la banca patrimonial, que también asesora a family office.

Pero en lo que coinciden estas entidades es que los cambios que pueden traducirse en fusiones y en abandono de la actividad no van a afectar a las comisiones que cobran a los clientes. 'No creo que bajen, ya había mucha presión por la competencia', señala Jorge Sanz. Y desde Banco Madrid se pone de manifiesto que comisiones están por debajo del 1%.