COLUMNA

La putrefacción se extiende

La peste de Merrill Lynch se está volviendo más repugnante en Bank of America. La multitud tronó con los bonus sólo días antes de completarse el rescate de Merrill por Bank of America a finales de año, y no mucho antes de las pérdidas del cuarto trimestre de 15.000 millones de dólares. Incluso es peor la revelación de que la remuneración en Merrill cayó sólo un 6%, a pesar del semicalamitoso 2008 de la compañía. El staff de Bank of America tiene que estar tan desmoralizado como furiosos sus accionistas.

El rápido acuerdo de septiembre para sacar a Merrill del precipicio fue aprobado por los inversores de Bank of America el 5 de diciembre. El comité de compensación de Merrill firmó los bonus justo después del voto de los accionistas de Bank of America, y les pagó antes de final de año, al menos un mes antes de lo habitual.

Por el contrario, los empleados de Bank of America están todavía esperando a que se les diga qué será de sus bonus. Los desembolsos de Merrill no se añaden sólo a la tensión financiera del acuerdo. Están casi seguros de que generan desprecio entre los nuevos colegas, haciendo mucho más dura una ya dolorosa integración. El problema se agrava por los trabajadores de Bank of America que poseen participación en el banco -un activo cuyo valor ha sido recortado en la triste toma de control-.

Quizá los pagos del bonus fueron también un factor en la sorprendente rápida salida de algunos de los jefazos de Merrill. Incluido entre estos Greg Fleming, uno de los principales arquitectos del acuerdo con Bank of America. Cierto, él y sus cohortes pueden haber abandonado en cualquier caso. Pero con los bonus aprobados antes de que la extensión completa del rescate, inducido por las pérdidas, fuera anunciado, es fácil ver por qué pueden haber elegido escabullirse.

El episodio perjudica a John Tain (presidente de Merrill), que dimitió ayer tras hacerse públicos los detalles de los bonus, y al jefe ejecutivo de Bank of America Ken Lewis. Lo mejor que se puede decir de Thain es que ha intentado hacer lo que posible para los accionistas de Merrill, y para sus lugartenientes. Lewis, por su parte, puede tener que responder de más cosas. Cada vez más pareace que el acuerdo fue apresurado. Están todos empezando a mover el ventilador, y ambos ejecutivos -que no hace mucho se deleitaban en la gloria- corren el riesgo de estar embadurnados por el hedor de la mugre que se ha destapado. Por Jeffrey Goldfarb

Las grandes cifras chinas

Las grandes cifras de la economía China pintan de todos los colores, pero no siempre bien. Cojamos el PIB, que creció un 6,8% interanual en el cuarto trimestre de 2008. Aunque desciende desde el 9% del anterior trimestre, en línea con las previsiones de los analistas, se mantiene muy por encima de la mayoría de los países ricos. Pero las cosas no están tan bien como pintan.

En datos intertrimestrales desestacionalizados, el crecimiento real posiblemente sea cero, según Standard Chartered. La caída de la inversión inmobiliaria y el desplome de las exportaciones ante la falta de dinero en Occidente han provocado que el crecimiento se pare en seco. Las exportaciones preocupan más, pues China se ha pasado décadas sustentando su PIB y empleo con ellas, en detrimento del consumo interno.

Las importaciones también se están hundiendo. Japón y Corea, que venden una quinta parte de sus exportaciones en China, anunciaron colapsos comerciales esta semana. Puesto que muchos de estos bienes se reexportan desde China, se presagian momentos peores. Simplemente, los compradores extranjeros ya no compran.

Pero nada de esto es irreversible. El desplome inmobiliario es producto de la política. Además, las exportaciones no sólo han caído por el descenso de la demanda, también influye que la financiación se ha secado. Cuando la liquidez se solvente y la política inmobiliaria se suavice, la maquinaria volverá a funcionar. Las autoridades continúan pronosticando un crecimiento del 8% para este año. La cuestión es cómo. Un megaplan de estímulo fiscal (585.000 millones de dólares) disparará las inversiones en dos años, aunque no hará mucho en el largo plazo. Llamativamente, el sistema trabaja mejor en China cuando se trata de captar inversiones extranjeras que cuando es para el interior.

Incluso el consumo, considerado como la manera más segura para crecer, puede ir bien o mal. La distribución de subsidios para que los granjeros compren teléfonos móviles podría ser peligroso. Si se pretende fomentar el consumo y evitar el malestar ciudadano, China debería dirigir su gasto a la sanidad, la educación y las pensiones para crear bienestar. De todas formas, aunque mejoren de forma transistoria, sus grandes cifras continuarán siendo menores que hace unos meses. Por John Foley