COLUMNA

Deshielo en el mercado de bonos

El crédito no está saliendo de la edad de hielo, pero está entrando en un periodo interglacial. En la segunda semana de enero, las emisiones de bonos corporativos alcanzaron los 82.000 millones de dólares en todo el mundo -la mayor cifra en los últimos seis meses, según Dealogic-. Es todo un récord para las firmas no financieras.

Muchos indicadores apuntan a un deshielo en el crédito. Los spreads de los bonos parecen estar cediendo y las emisiones creciendo. Los tipos interbancarios -la columna vertebral del mercado crediticio- están también calmándose. El llamado Ted-spread (diferencia entre los tipos a los que se prestan los bancos y el de los bonos del Gobierno) cayó esta semana a su nivel más bajo desde el colapso de Lehman Brothers en septiembre. La confianza está calentando claramente el mercado.

Mientras las grandes compañías tienen siempre las cosas más fáciles para obtener deuda, el resto está saliendo de los abismos. Fresenius, una firma de salud germana, está planeando una emisión por 650 millones de dólares en high-yield (o junk bond) de alto riesgo que no se veía hace 18 meses. BNP Paribas acaba de lanzar 1.500 millones de euros en covered bons (bonos garantizados), cuyo colateral son hipotecas o créditos del sector público. Una vez más, hay que remontarse a antes de la caída de Lehman para ver una emisión de este tipo

Esta evidencia, ciertamente alentadora, quizá se deba más a la escasez de inversiones atractivas que a la vuelta de un dudoso apetitito de los inversores por los activos de riesgo. La renta variable y el inmobiliario continúan volátiles. Los fondos de fondos recibieron un duro golpe después de que muchos de ellos quedaran atrapados en la estafa piramidal de Madoff. Los bond yields gubernamentales, con una rentabilidad miserable del 2%-3%, no merece la pena ni planteárselo.

Y mientras los indicadores del mercado anticipan tiempos mejores, la realidad económica actual está llena de nubarrones. Aumento masivo del paro, sobreendeudamiento público y retrocesos en el crecimiento del PIB son malas señales para la salud de la deuda corporativa a corto plazo. Cierto que las empresas no se han dado un atracón de deuda como hicieran los compradores de vivienda y los bancos, pero esto simplemente les coloca los últimos en la cola por el reparto si entra el pánico más adelante. Para entonces, los Gobiernos quizá se sientan obligados por sus anteriores generosidades. Esta posibilidad y la perspectiva futura continúan bastante frías. Por John Foley

Sin garantías de gol

Walt Disney parece dispuesta a animar la próxima subasta por los derechos de la retrasmisión de los partidos de la Premier League inglesa. Su participada ESPN TV ha comunicado que prepara una puja como parte de su estrategia de expansión internacional. Esto eleva las apuestas de los actuales poseedores de los derechos: BSkyB y Setanta. Pero el interés de ESPN no garantiza que la subasta implique un filón para la Asociación Inglesa de Fútbol (FA).

Aunque Disney tiene la bolsa llena, no fue suficiente para que ESPN se hiciese con los derechos de retransmisión de la Liga alemana. Al final se los quedó la televisión por pago alemana Premiere, participada en un 25% por Rupert Murdoch. La preparación de ESPN para aquel rechazo sugiere que es un postor financiero bien disciplinado. Y también suscita dudas sobre el apetito de la filial de Disney ante el enorme riesgo que trae consigo la oferta -con prima- de una televisión de pago.

Sólo hay que fijarse en Setanta. La compañía irlandesa ha luchado duro los últimos tres años por establecerse en Reino Unido. Su oportunidad llegó cuando la Comisión de Competencia europea rompió el monopolio de su rival BSkyB y Setanta ganó dos de los seis paquetes para tres años que ofertó la última vez la FA. Pero como descubrió rápidamente Setanta, quedarse con una pequeña porción de la tarta no es suficiente. El éxito depende de ensanchar la oferta de la retransmisión de los deportes en directo. Aun así, cuesta amasar un número suficiente de abonados para ser viable. Setanta todavía necesita incrementarlos un 13% para alcanzar el umbral de rentabilidad.

Añadir los derechos de la Premier League a la actual oferta que ESPN hace de los deportes americanos en Reino Unido no parece suficiente para atraer a la audiencia que haga competitiva su oferta.

El interés de ESPN por la Liga alemana forzó a Premiere a pagar más de lo que hubiese querido. Para el caso de la inglesa, los analistas creen que los derechos podrían subir hasta un 20% respecto a los 1.700 millones de libras actuales. Pero con Virgin Media autoexcluida y el mercado financiero todavía débil, incluso con ESPN en el campo de juego, la próxima subasta no parece que suscite mucho entusiasmo. por Una Galani