ANÁLISIS

Dar gracias por tener trabajo

Cuenta mi compañera Rosario Correro en el artículo que aparece junto a estas líneas que los mandos intermedios están satisfechos con sus empresas y más dispuestos que nunca a tirar del carro dentro de sus organizaciones. Una buena noticia. Lo bueno que va a tener esta crisis, si es que tiene algo positivo, es que todo aquel que tiene un puesto de trabajo se va a sentir el ser más afortunado de la tierra, sobre todo cuando se miran los terribles datos del paro. Tres millones de personas se sentirían, seguro, en estos momentos felices si tuvieran un empleo, el que fuera.

Por ello, si las empresas se dedicaran a hacer ahora encuestas de satisfacción entre sus profesionales, tendrían unos resultados más que positivos. Pocas encontrarían críticas a su manual de gestión y a las condiciones laborales. Tampoco es plan que las empresas endurezcan ahora sus políticas de empleo, pero estoy segura de que muchos empleados aceptarían de buen grado cualquier iniciativa que supusiera apretarse el cinturón o dedicar más horas a cambio de no perder el salario que se recibe cada mes. Será una tendencia que se acentuará un poco más si cabe en 2009, cuando los pronósticos, y ya no vamos a llamarles agoreros porque parece ser que siempre aciertan, se cumplan y otro millón de personas pasen a engrosar las listas del paro. Todos los días hay un goteo de empresas que reducen su plantilla.

Por tanto, es hora de mostrar agradecimiento por lo que se tiene, aunque evidentemente siempre hay un sentimiento de insatisfacción que persistirá. Debe ser el mismo que tienen los diputados para no acudir a las sesiones parlamentarias y ausentarse cuando tienen algún tema importante que abordar o que votar. Pero saben que, al menos, durante cuatro años tienen las habichuelas garantizadas y, en algunos casos, su salida de la política se ve compensada con suculentos contratos en la empresa privada que les gratifica por todos los años de dedicación pública. Si comparas la forma de comportarse de los diputados, consejeros o concejales, cuya prioritaria obligación es acudir a los plenos a sacar adelante sus propuestas, con las exigencias y las responsabilidades que asumen otros empleados de empresas privadas, el comportamiento de los primeros es lamentable y da muestras de la poca profesionalidad y respeto que demuestran hacia sus votantes. Y deberían dar gracias por tener al menos una ocupación.