COLUMNA

La asfixia de las automovilísticas

El Congreso ha derribado los problemas en el camino de Detroit. Los legisladores planean desembolsar sólo 15.000 millones de dólares en préstamos, aparte de los 25.000 millones ya comprometidos, para ayudar a los tres grandes (GM, Ford y Chrysler) para fabricar coches más eficientes energéticamente. Es mucho menos de los 59.000 millones que habían pedido. El préstamo sólo los mantiene en marcha hasta finales de marzo, cuando será ya un problema de Barack Obama. Dado su historial, el Congreso hace bien en mantenerlos atados en corto.

Los demócratas querían que la Administración Bush, que ha estado en contra del rescate desde el principio, desviase fondos al sector de los 700.000 millones de dólares del programa TARP, pero el Gobierno lo rechazó. Esto puede cambiar si son inteligentes. Después de todo, repartir fondos con cuentagotas más que con manguera de incendios debe mantener la presión en los fabricantes de automóviles para emprender el tipo de reformas draconianas que requieren.

Los legisladores están también discutiendo si recortar más fondos, o pedir que los préstamos iniciales sean devueltos pronto, si los fabricantes de automóviles no demuestran que son viables a finales de marzo. Esto resulta algo difícil de conseguir en sólo cuatro meses. Pero de nuevo, mantener la presión tiene sentido.

Con todo, los términos de los préstamos a siete años parecen bastante asequibles, con un tipo de interés del 5% durante cinco años y elevándose al 9% a partir de entonces. Esto está en línea con la rentabilidad en los 250.000 millones de dólares de acciones preferentes que el TARP compró de los bancos. El Gobierno podría también recibir 3.000 millones de dólares en warrants como parte del préstamo al sector del automóvil. Es un mayor porcentaje del que recibió por sus bancos de inversión, y el borrador de la ley también prohíbe a las compañías el pago de dividendos, que no hizo el TARP.

Esos detalles pueden todavía cambiar; la Casa Blanca está actualmente revisando la factura. Pero si no lo hace, el Gobierno estará discutiendo pero ofreciendo términos relativamente asequibles. Podría haber sido mejor conducir las reestructuraciones de los tres grandes bajo el paraguas del capítulo 11 (bancarrota). Pero al lanzarles un bote salvavidas, con opción de soltar amarras, el Gobierno tiene ahora la posibilidad de forzarles a presentar bancarrota si sus perspectivas en marzo todavía lo aconsejan. Por Dwight Cass

Munición para Cameron

Cuando Gordon Brown, el primer ministro británico, se dedica a salvar el mundo -mientras admite la necesidad de más impuestos en el futuro- David Cameron, el líder del opositor Partido Conservador, ve la oportunidad: ser de nuevo el partido de los impuestos bajos.

El mes pasado, el nuevo laborismo de Brown pronosticó un rápido aumento de la deuda pública y un incremento en el tipo impositivo marginal para las ingresos más elevados. Fue un paso atrás hacia el viejo laborismo: más impuestos y mucho más gasto. El retrógrado movimiento del laborismo ha dado a Cameron una oportunidad para hacer algo más rentable distanciándose de la vieja posición tory, en los días de la señora Tatcher, de menos gasto y menos impuestos.

El Gobierno tiene buenas razones, alega Brown, para intervenir y gastar cuando los sectores privado y público están paralizados. En palabras de Cameron, 'su argumento es que la excepcional crisis a la que nos enfrentamos hoy disculpa lo máximo, la acción imprudente'. Pero el sector público británico está en estos momentos tragándose las expectativas de déficit de Brown del 8% del PIB, cuando actuó en su papel de salvador nacional y global.

Sin embargo, Cameron tiene razón en ver grietas en la armadura de Brown. El recorte del IVA del mes pasado fue, como él dijo, 'un regalo', con un coste de unos 12.000 millones de libras y poca compra. La rebaja del impuesto en la adquisición de casas no ha hecho nada para ayudar al mercado de la vivienda. Mal planeado, el déficit no ayuda a la economía.

'Las finanzas públicas de Italia' fueron la acusación de Cameron. Era ir un poco lejos. Tras el atracón de Brown, la deuda pública de Reino Unido puede moverse desde el 40% a alrededor del 60%, mientras el nivel de Italia está aumentando desde el actual 104%. Pero Cameron tiene razón en señalar que las siguientes generaciones tendrán que pagarlo. Y cuando la urgencia de hoy y la imagen de salvador de Brown se haya apagado, no les gustará.

Cameron, también, podría tener problemas de pago. Hacer la promesa de tributos bajos costará más que llevarlo a cabo. Además, el ataque de Cameron está bien dirigido. Y dadas las finanzas públicas malditas de Reino Unido y las sombrías perspectivas económicas, no le faltará munición. Por Ian Campbell