La cara menos negativa de la recesión

Las bajadas del petróleo y de los tipos ahorran a España casi 20.000 millones

Las familias abaratan sus pagos en 94 euros al mes.

La entrada oficial de la economía española en recesión técnica es cuestión de semanas, pero el deterioro de la actividad lleva anejo un pequeño respiro para los agentes económicos, en forma de recortes de costes financieros y facturas energéticas. El mes de julio supuso un techo para las cotizaciones del petróleo y el euríbor, pero los cuatro meses transcurridos desde entonces han servido como tobogán descendente. En consecuencia, el conjunto de la economía española se beneficia de un ahorro cercano a los 20.000 millones de euros frente a lo que hubiera supuesto un mantenimiento de los valores del inicio del verano.

Durante la parte central del año se produjo una situación muy poco frecuente según la experiencia y los dictados de la teoría económica: la estanflación. La actividad productiva se debilitaba a pasos agigantados, pero, mientras, la escalada alcista de los precios de la energía y los productos energéticos llevaba la inflación a niveles no vistos en los últimos trece años. Pero la anomalía sólo se sostiene cuando existe una crisis de oferta energética que no ha existido en los últimos años. Con Estados Unidos y Europa a las puertas o dentro ya de la recesión, el precio del crudo ha caído hasta los 50 dólares. La incidencia de la caída del crudo sobre la factura energética es notable. Según el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, España importa anualmente 435 millones de barriles, lo que lleva a una media de 36,25 cada mes. Puesto que el precio medio del barril se situó en julio por encima de los 140 dólares, y en noviembre está oscilando ligeramente por encima de los 50, esa diferencia de 90 dólares implica un ahorro para el conjunto del país de unos 3.260 millones de dólares (alrededor de 2.550 millones de euros) sólo por ese concepto.

El otro alivio relativo que van a encontrarse las familias españolas durante los próximos años tiene que ver con el euríbor. El índice de referencia para los préstamos hipotecarios promedió en el mes de julio un 5,393%, mientras que el valor medio provisional de noviembre ha caído hasta el 4,416% (ayer, el tipo interbancario bajó al 4,05%, su mínimo en un año y medio). Esa diferencia equivale prácticamente al recorte de tipos acumulado en ese plazo por el Banco Central Europeo, de un punto porcentual. Dado que, según el Banco de España, el saldo vivo de préstamos hipotecarios a las familias era en agosto de 670.712 millones de euros, y que el 90% de las hipotecas tienen tipos variables, esa caída supone un menor coste para los hogares de 5.897 millones de euros.

La rebaja de costes financieros en los préstamos vivos de las empresas supone casi 9.400 millones de euros

Si se realiza una operación análoga a la de las familias con el saldo vivo de los préstamos solicitados en España por las empresas no financieras, que ascendían en agosto a 937.823 millones de euros, el menor coste financiero derivado de la caída de tipos de interés sería de 9.378 millones. Además de familias y empresas, también el Estado se beneficiará de los menores costes financieros en las próximas emisiones de deuda, con un ahorro diferencial de unos 750 millones de euros. El conjunto de los tres sectores, sumando el ahorro en la importación de crudo, se beneficia así de unos menores costes de 18.575 millones de euros. Si a ello se añade que la relajación del IPC supondrá también un menor coste en actualización de pensiones, el resultado es que la economía española dejará de pagar alrededor de 20.000 millones.

Impacto microeconómico

En el plano microeconómico, las familias españolas ya están disfrutando de la bajada del crudo en los surtidores de combustible. El litro de gasolina de 95 octanos costaba en julio 126,4 euros, y la última cifra media disponible en noviembre se sitúa en 99,7 euros. En el mismo plazo, el precio del gasóleo A (el combustible más extendido) ha bajado desde 131,6 hasta 99,7 euros. En ambos casos, la bajada ronda los 32 céntimos por litro; si se considera que llenar un depósito medio supone 60 litros, el ahorro en cada uno ascendería a 19,2 euros.

En el mismo plano se pueden comparar las letras a pagar por las familias con el euríbor de noviembre frente al que vigente en julio. Para una hipoteca de 150.000 euros a 25 años, la caída de casi un punto supone un menor coste financiero de 85 euros al año, o 1.020 al año. Ese coste no incurrido representa un alivio en un momento de graves dificultades, a tal punto que el Gobierno ha aprobado una moratoria de dos años en el pago de las hipotecas por parte de los parados. Unido a los 19 euros de ahorro en el llenado de un depósito de combustible, el menor coste mensual para las familias ronda así los 94 euros.

Pensiones. La caída del IPC alivia la Seguridad Social

Uno de los efectos más inmediatos de la bajada del precio del petróleo se produce en el índice de precios de consumo. Si la escalada del crudo fue la principal responsable de que la inflación se disparase hasta el 5,3% en agosto, el desplome del precio del oro negro sucedido a partir del verano ha moderado el IPC hasta el 3,6% en octubre, y el Gobierno espera que caiga hasta el 2,5% en noviembre. La cifra de cierre del mes en curso es especialmente relevante para las arcas públicas, porque supone la referencia para el cálculo de las revalorizaciones de las pensiones. A la espera de que el Instituto Nacional de Estadística publique los datos oficiales de la inflación de noviembre, dentro de tres semanas, la tendencia de los precios supondrá un claro alivio para las cuentas públicas respecto a los pagos extraordinarios que tendrían que haberse realizado con la inflación en el 5,3%, que es el nivel al que llegó durante el mes de julio.

Desempleo. El aumento del paro recorta el poder adquisitivo

Los bruscos movimientos a la baja de los precios energéticos y los tipos de interés se explican principalmente por el deterioro de la situación económica. El alivio que suponen sobre las cuentas familiares es notable, pero en cualquier caso se topa de bruces con el otro gran vendaval surgido de la crisis económica: el desempleo. Sólo en octubre, las oficinas del Inem registraron 198.000 parados más que en el mes anterior. En el tercer trimestre, el número de parados se incrementó en 217.000 personas, llevando la tasa de paro hasta el 11,3%. Más preocupante aún: en esos tres meses, el número de hogares en los que todos sus miembros están en paro aumentó en 84.300. Aun contando con la protección social, el recorte del poder adquisitivo de esas familias es evidente. Con estos mimbres, la remuneración total de la masa salarial, según la contabilidad nacional publicada por el INE, sufrió en el tercer trimestre un frenazo de 1,4 puntos, para crecer un 4,5%.

Tesoro Público. Un menor coste en el servicio de la deuda

Otro de los beneficiarios de la caída de los tipos de interés registrada en los últimos meses es el Estado. El descenso generalizado de los costes financieros supone de hecho un abaratamiento de las nuevas emisiones de deuda pública. En un ejercicio similar realizado hace dos años, el Tesoro Público calculaba que una subida de los tipos de interés de un punto porcentual suponía un sobrecoste financiero de 750 millones de euros. Con las debidas cautelas, es de suponer que, en el caso actual, la caída de un punto registrada en los últimos meses supondrá un ahorro para las arcas públicas en el entorno de esa cantidad, y en todo caso de varios cientos de millones de euros.

Eso sí: a este menor coste directo hay que contraponerle el aumento de la prima exigida por los inversores para hacerse con deuda del Estado, una vez que el Gobierno ya ha asumido que el déficit presupuestario puede superar el 4% del producto interior bruto este mismo año.

Ahorradores. Los depósitos deberán bajar su rentabilidad

Como todos los movimientos económicos, la caída de los tipos de interés del Banco Central Europeo y su correspondiente impacto en los tipos del mercado interbancario no benefician a todos los agentes del mercado. Así, mientras los titulares de préstamos hipotecarios y las empresas endeudadas verán favorecidas sus cuentas financieras, la caída del precio del dinero será perjudicial para los ahorradores. Los individuos o las propias empresas que tienen dinero acumulado en depósitos bancarios o en cuentas corrientes verán reducida su remuneración respecto a la que obtendrían las mismas cantidades hace apenas cuatro meses.

Las propias entidades financieras españolas también se verán parcialmente perjudicadas, puesto que la traslación de la bajada de tipos de interés a los préstamos hipotecarios siempre es más inmediata que la que puedan realizar a la hora de remunerar los depósitos de los ahorradores.