COLUMNA

La caída de las renovables

Las compañías de energía renovable han perdido su atractivo. La española Iberdrola Renovables y la portuguesa EDP Renováveis -las dos con la mayor cuota de energía eólica en Europa- han perdido más de un tercio de su valor de mercado desde comienzos de septiembre. La fuerte caída parece haber sido provocada por dos temores: que el petróleo barato pueda acabar con los negocios y que la crisis crediticia fulmine los programas de inversión masiva planeados. Ninguno de los dos está completamente justificado.

El precio del petróleo es casi irrelevante para las economías de la energía eólica europea, desde que la regulación y las ayudas públicas, sin competencia, hicieron girar aquellas veletas. La UE tiene el objetivo de lograr el 20% de su energía de fuentes renovables para 2020. Una profunda y prolongada recesión podría hacer que los Gobiernos se lo piensen dos veces antes de derrochar en apoyo de esta cara tecnología. Pero una limitación total es inverosímil.

La crisis crediticia afectará ciertamente. Ambos líderes de la industria tienen planes de expansión masivos, triplicando la capacidad en caso de Renováveis. Pero tanto Renovables como Renováveis han firmado acuerdos de financiación de la deuda a cinco años vinculantes con sus compañías matrices, Iberdrola y EDP.

La crisis crediticia tiene una forma de desvinculación como los acuerdos. Teóricamente, las matrices pueden decidir que no puedan proporcionar energía eólica, especialmente si los cambios regulatorios del medio ambiente van a peor -cambios que podrían ayudarles a eludir sus responsabilidades-. También, el resto del dinero se supone que ha sido prestado, en gran parte procedente de la favorable fiscalidad del mercado tax equity de EE UU, que se ha visto afectado por la crisis crediticia estos días.

Incluso, el actual precio de las acciones parece estar descontando demasiada incertidumbre. Los títulos de ambas compañías se están negociando por debajo de las estimaciones que hace Morgan Stanley del valor de sus actuales activos, que están mermando la caja. EDP no ha reducido aún sus planes de expansión. Y mientras Iberdrola ha admitido que podría haber recortado algunas inversiones, cuesta eliminarlas totalmente. Casi todo el crecimiento de EDP viene de Renováveis y un buen pedazo de Iberdrola procede de su compañía de renovables. Una limitación total de financiación para estas estrellas filiales no es probable.

Por Fiona Maharg-Bravo

Lo de Hungría pinta mal

De repente las economías emergentes ya no están de moda. Los flujos de capital que manaban en ellas se han marchado. Hungría, una pasarela favorita no hace mucho, ahora parece particularmente turbia. Tiene una deuda y unos déficits abultados, fácilmente financiados antes, insostenibles ahora.

El banco central no se ha rendido, elevando sus tipos de interés tres puntos el miércoles, hasta el 11,5%. El objetivo es prevenir una mayor devaluación del forint. El BCE ha prestado al Banco de Hungría 5.000 millones de euros. El FMI es probable que se una en las barricadas pronto, con un préstamo y política de asesoramiento.

Aunque el reforzamiento del forint parece insostenible más allá del corto plazo. Demasiada deuda en divisas ha entrado en Hungría. El final es probable que sea desagradable.

La crisis húngara es clásica de los mercados emergentes, con un desafortunado giro de divisas. Los elementos clásicos son aquellos que viven demasiado bien en los buenos tiempos. Hungría ha estado importando demasiado. El déficit por cuenta corriente es un 6% del PIB. El déficit público ha sido reducido pero todavía supera el 3% del PIB. La deuda pública es todavía demasiado alta, dos tercios del PIB.

La cura estándar es simple pero dolorosa: austeridad, recesión y devaluación. Pero la innovación de las hipotecas en divisas da otra vuelta de tornillo para hacer la devaluación incluso más traumática de lo habitual.

Los húngaros, que habían descontado un camino fácil hacia el euro, preveían que la asociación les iba a permitir préstamos al bajo tipo de interés de la moneda europea. Pero por cada punto porcentual que el forint se devalúe, su deuda es un punto porcentual mayor, y su cuenta de intereses, también. Los flujos de capital han devaluado el forint una quinta parte respecto al euro desde julio -y podría caer mucho más-. Los compradores húngaros han sido cogidos desprevenidos por riesgos que no sospechaban. Los bancos prestamistas tenían que haber sido más prudentes.

Las pérdidas están creciendo para los prestatarios, los bancos que les prestaron y el Gobierno. Será otra víctima de la moda en la región. Pero pocos se enfrentan a una salida tan desagradable como Hungría.

Por Ian Campbell