COLUMNA

Mucho toro

Que estamos en una crisis profunda nadie lo duda. Incluso son muchas las voces que anticipan una prolongada recesión para una economía española que se ha quedado sin motores alternativos. Con la construcción se evaporaron nuestras ínfulas de grandeza. La pregunta que ahora nos hacemos es hasta cuándo seguiremos excavando y por cuánto tiempo se prolongarán los tiempos de zozobra.

Desde el mundo anglosajón se alzan voces cualificadas advirtiendo que nos encontramos ante la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Esas afirmaciones producen un escalofrío. Si eso ocurre allá, con una economía más flexible y diversificada que nosotros, ¿qué ocurrirá acá?

Llevamos ya un año desde que estallara el asunto de las subprime y el desplome parece no tener final. La sensación de crisis financiera se agrava por semanas. Si hace unos días el Gobierno de Estados Unidos nacionalizaba las mayores hipotecarias del mundo, esta semana nos desayunamos con la gravísima quiebra de Lehman Brothers, el rescate de la aseguradora AIG y el temor fundado a que la cofradía de muertos vivientes se acreciente.

Este es el panorama en el que nos toca desenvolvernos. Duro. Durísimo. Pero así es la vida, y a la nueva realidad tendremos que adaptarnos. Miramos atrás y vemos con nitidez los pecados y errores que casi todos cometimos, empujados por la alegría de los años de crecimiento descontrolado. Escribía Alan Greenspan -ex presidente de la Reserva Federal- en su libro de memorias En la era de las turbulencias que en economía tan sólo existen dos estados naturales, el de euforia y el de pánico y que se pasa del uno al otro sin solución de continuidad.

De la pretérita euforia sólo nos quedan los rescoldos del recuerdo y el arrepentimiento por los excesos. El pánico se adueña de mercados y ánimos, y es ahora cuando debemos saber que todo lo que baja sube y que pasados unos meses, o unos años, quién sabe, la cosa comenzará a subir. Por ahora, todos nos aplicamos la misma receta. Adelgazar costes, mejorar eficiencia, buscar nuevos mercados, adaptar productos a la nueva situación y refinanciar lo que nos dejen. Las empresas del mañana se están cimentando en estos momentos.

Debemos respirar, mantener la calma y, en lo posible, el buen humor. España ya ha pasado otras crisis, y de cada una de ellas hemos salido fortalecidos. La de finales de los cincuenta trajo los planes de estabilización y la década prodigiosa de los sesenta. La de los setenta, los Pactos de la Moncloa y la apertura de muchos años de bonanza. Estamos por ver qué ocurrirá tras al crisis del 2007/2008. Si aprovechamos el momento para hacer adecuadamente las tareas, volveremos a sonreír en otra etapa de crecimiento con cimientos más sólidos.

Escribo estas líneas tras la lectura del divertidísimo libro Mucho toro. Su autor, Tim Parfitt, fue enviado a Madrid a finales de los ochenta para ayudar al lanzamiento de la revista Vogue. Llegó para pasar unas semanas a un país que consideraba oscuro y atrasado, y se prendó de una España activa y hedonista que se desarrollaba mientras mantenía vivas sus señas de identidad.

El libro finaliza cuando la crisis del 93 enterraba la fiesta del 92. Por eso lo traigo a cuento. El libro es una inteligente y amena radiografía de la sociedad española del momento. Las peripecias del autor a través de la movida madrileña nos muestran cómo fuimos en aquellos tiempos en los que el tecnicolor alumbraba los sepias del pasado y, sobre todo, lo mucho que hemos evolucionado.

La crisis del 93 duró dos años, nos llevó a nuestros máximos históricos del desempleo, forzó un decretazo y una exitosa huelga general y finalizó con una recuperación a partir del 95 y un cambio de Gobierno en el 96.

Hemos gozado de casi 14 años de crecimiento, la fiesta toca de nuevo a su fin y un nuevo cambio político se otea por el horizonte. Pero Mucho toro nos demuestra que los ciclos económicos pasan, pero que nuestra alma hedonista se mantiene. Nos toca ahora apretar los dientes y sufrir. Sabremos adaptarnos y culminar las tareas pendientes para alumbrar la próxima recuperación, con ayuda del Gobierno o sin ella. Que Tim Parfitt y nosotros la veamos pronto.

Debemos respirar, mantener la calma y, en lo posible, el buen humor. España ya ha pasado otras crisis, y de cada una ha salido fortalecida