COLUMNA

Un objetivo práctico

Si el coste de la producción determinase el precio del petróleo, el crudo se vendería a unos 50 o 60 dólares el barril. La OPEP tiene otro número en mente: 100 dólares. El cártel de productores ha acordado un pequeño recorte de producción para mostrar que va en serio su objetivo de mantener el petróleo en tres dígitos. Se supone que el recorte anunciado, de 520.000 barriles diarios, bajará el suministro al nivel de la demanda. La OPEP quiere suprimir el 0,6% de la producción mundial diaria. Esto va en línea con la reciente caída en la demanda. La Agencia Internacional de la Energía ha bajado sus previsiones para 2008 al 1% desde enero.

Las oscilaciones en el precio del petróleo han sido mucho más espectaculares en la producción o en el consumo. Un barril costaba 99 dólares a principios de año, subió casi un 50%, a 147 dólares, en julio, para volver a caer ayer a 99 dólares. Arabia Saudí ayudó a desencadenar la brusca caída por un inesperado incremento en la producción. Parece que el objetivo de 150 dólares, en dirección a 200, cruzó una línea imaginaria. Los saudíes no quieren irritar a sus aliados de EE UU ni dar demasiados motivos a los consumidores de crudo para reducir su consumo. Pero, ciertamente, los saudíes no quieren un petróleo barato. Se cree que su nuevo objetivo son los 100 dólares. Hace un año, cuando el crudo se vendía a 78 dólares, entonces un precio cercano al récord, el número 100 era ampliamente considerado como la señal de un inminente Armageddon energético. La idea de que fuera un buen punto de equilibrio habría parecido una locura.

Pero la experiencia puede cambiar las ideas de la gente sobre la moderación. Tras unos pocos meses con expectativas de una subida de los precios imparable, la estabilidad parece un buen acuerdo (a casi cualquier precio). Los consumidores también se han vuelto más resignados sobre la inflación. Si el petróleo sienta la cabeza después de un incremento del precio del 30% a lo largo del año… bueno, así son las cosas. Por supuesto, no es fácil mantener los precios mucho tiempo por encima de los costes. Eventualmente, unos precios altos pueden estimular demasiada producción, y menos dinero puede reducir la cantidad que los consumidores están dispuestos a pagar. Pero ninguno de estos casos es una posibilidad inmediata. Así que la línea de los 100 dólares podría mantenerse durante un tiempo.

Por Edward Hadas

Un nuevo campo de juego

El fútbol se está enfrentando a un dilema financiero. Abu Dhabi, los ricos nuevos propietarios del Manchester City, han sugerido que pueden hacer una alucinante oferta por 135 millones de libras por Cristiano Ronaldo, la estrella del Manchester United, cuando se abra el mercado de traspasos de invierno; un 80% más que el récord de 76 millones de libras que el Real Madrid pagó por Zinedine Zidane, allá por 2001. El United ha insistido en que Ronaldo no está en venta, pero reconoce que tal suma podría ser difícil de ignorar.

La buena disposición de Abu Dhabi para pagar por reunir un equipo de estrellas amenaza con distorsionar el campo de juego. Los multimillonarios no son nuevos en la Premier League ­Roman Abramovich en el Chelsea, la familia Glazer en el Manchester United y Hicks y Gillet en el Liverpool­. Sin embargo, los nuevos patrocinadores petroleros del Manchester City, que han borrado las deudas el club de la noche a la mañana, están en una liga diferente de ricos. Los fans del Manchester City pueden estar jubilosos, pero la creciente polarización entre ricos y pobres mina el espíritu competitivo. El vicio es recompensado ­los equipos de éxito y financieramente disciplinados como el Arsenal, que ha trabajado duro para crear un sano modelo de negocio y mantenerse independiente, se exponen a perder más­. Aquellos sin ricos patrocinadores ni tradición de éxito se enfrentan a un gris futuro.

El fútbol europeo podría aprender la lección del modelo socialista del deporte americano. Los sueldos totales y las comisiones por traspasos de los jugadores tienen un tope. Además, los ingresos por retransmisiones son equitativamente repartidos entre los equipos de la liga, independientemente de quién los genere. Las ligas nacionales de fútbol en Europa gustan de los riesgos de asignación y esperanza de promoción. El futuro deportivo podría ser más brillante si aprovechan algunas características de EE UU. Incluso, la crisis crediticia podría proporcionar una oportunidad para convencer a algunos de los multimillonarios que han gastado una fortuna por comprar equipos en tan ambicioso terreno.

Por Una Galani