Secretos de despacho

Calidez en Carla Bulgaria Roses

Carla Royo-Villanova dirige la firma de cosmética desde el salón de su casa madrileña

Es todo naturalidad y sencillez. Carla Royo-Villanova, nacida en Valladolid hace 39 años, es princesa de Panagyurishte por su matrimonio con Kubrat de Bulgaria, pero vive alejada de palacios y de cortesanos. Desde hace unos meses es empresaria de la firma Carla Bulgaria Roses Beauty, un sueño que acarició hace cinco años y que ahora ha visto hecho realidad. Para llevarlo adelante, a comienzos de año abandonó su puesto de directora de comunicación en la firma de moda Pedro del Hierro. Habla con naturalidad y sencillez sobre las dificultades que tuvo para lanzar su negocio empresarial. 'Creía firmemente en el proyecto porque las cremas elaboradas con rosas de Bulgaria son buenísimas, y eso era lo que me animaba a seguir adelante, a pesar de los contratiempos financieros y burocráticos, que han sido muchos'.

La travesía no ha sido fácil pero, según asegura, ha merecido la pena. 'No ha sido un camino de rosas. He puesto tiempo, dinero y dedicación absoluta porque cuando trabajas para ti mismo no miras las horas que le dedicas, además de perder la tranquilidad que tenías a fin de mes con una nómina'. Espera ver los frutos en breve. Será entonces cuando se plantee tener una oficina propia. Sueña con ello. Lo tiene tan estudiado que piensa montar en la empresa una guardería para los hijos de sus empleados. 'Me da mucha pena que los niños tan pequeños estén alejados de los padres'. De momento, ha instalado su despacho en el salón de su casa, ubicada en la zona Norte de Madrid. Su mesa de trabajo está colocada frente a una ventana que da al jardín, donde hay esparcidos varios balones de fútbol. Le relaja mirar el verde del césped.

Y acordarse del apoyo que le ha ofrecido su padre, Jaime Royo-Villanova, que una vez prejubilado se ha dedicado a buscar en Bulgaria la mejor fábrica donde elaborar las cremas y se ha ocupado de la parte burocrática del negocio, y de sus primos y amigos. 'Unos me han ayudado con el plan financiero, otros con la imagen de marca, otros con la parte científica. Y yo me he dedicado a unir todo esto, a ponerle ilusión y credibilidad a la idea'. Sobre la mesa tiene una carpeta con las facturas, 'la contabilidad del día a día la llevo yo, ya que me gusta tenerlo todo controlado, sobre todo ahora en los comienzos'.

Arranca la jornada laboral sobre las nueve de la mañana. 'Me gusta relajarme regando el jardín, es ahí donde pienso cómo podemos mejorar las cosas'. Al trabajar en casa le cuesta desconectar, 'nunca paras porque el negocio acaba ligado a la vida familiar'. Este sistema tiene sus ventajas, pero también inconvenientes. 'Puedo merendar con mis tres hijos cuando llegan del colegio, pero muchas veces cuando estoy estresada quiénes lo pagan son los que más cerca están, y en este caso es la familia'.

Carla Bulgaria Roses Beauty tiene 365 puntos de venta, fruto de un acuerdo comercial con El Corte Inglés y las perfumerías If, pertenecientes al grupo Eroski. El siguiente objetivo es lanzar los productos en mercados internacionales, y preparar la comercialización de un perfume elaborado con rosas y de dos o tres cremas nuevas. Además, ha establecido un vínculo con sus clientes a través de su blog, en el que ofrece consejos, responde las dudas que le plantean y se muestra cercana con aquellos que han probado su cosmética. 'Lo contesto personalmente y eso me lleva tiempo, pero es una herramienta maravillosa, a través de la cual conozco de primera mano las opiniones de la gente'. De momento, las críticas han sido positivas. 'Quién prueba la magia de la rosa lo nota enseguida porque tiene una gran cantidad de beneficios y de propiedades, ya que es hidratante, equilibra el nivel de grasa en la piel, es cicatrizante, refrescante, calmante, regeneradora y tiene muchas vitaminas. Podría seguir y seguir'. Y no parar. No hay duda que le encanta su reciente vocación de empresaria, pero es consciente de que es 'pequeña en un mundo tan grande como es la cosmética, por eso hay que hacer las cosas diferentes'.

Su primer manojo de rosas

Su mesa puede parecer desordenada, pero ella sabe dónde está todo. Es un caos ordenado. 'Porque necesito tener a mano todo lo que necesito. Tengo un orden muy particular'. Y ahí se incluye el ordenador, las pruebas del perfume que está preparando, así como de unos kits de belleza. Entre sus objetos preferidos se encuentra un manojo de rosas de tela que compró hace 15 años para adornar la mesa de su despacho.

'Estaba predestinada a que mi negocio fuera de rosas'. También guarda pétalos recién traídos de Bulgaria, donde ha asistido al Festival de la Reina de las Rosas. Y, siempre a mano, la calculadora. 'Me acompaña siempre porque todos los días tengo que hacer cuentas. Es lo que menos me gusta de este negocio, pero es algo que tengo que hacer, llevar las cuentas al día. Es básico para que esto salga adelante'.

Muy cerca de ella, y vigilando sus movimientos cuando la casa está en silencio, está la mascota de su hijo Lucas, un gracioso conejo que se entretiene dentro de una amplia jaula.

Se muestra agradecida con todo lo que tiene, aunque si pudiera pedir un deseo, éste sería tener más tiempo para dedicarlo a sus aficiones: la pintura y la fotografía. 'El poco tiempo libre que me queda lo dedico a actividades que puedo hacer con mi familia. El ocio lo comparto con ellos'.