La opinión del experto

El final de la campaña

Cuando termina el plazo de la primera declaración del IRPF posterior a una importante reforma legal, es momento de recapitular. Cronológicamente, esta es la vigésimo novena declaración, si no me falla la memoria, del IRPF de la democracia, producto de la tenacidad del Ministro de Hacienda Francisco Fernández Ordóñez. Ha habido varias versiones, quizás la más importante, la de la individualización de la declaración en 1989, pero siempre en la estela de aquella gran reforma. Curiosamente, la última ha sido impulsada, como Secretario de Estado de Hacienda, por otro Fernández Ordóñez, Miguel Angel, hermano del anterior.

Quienes conserven la declaración de este año observarán los cambios. Este aspecto dinámico es bueno, porque refleja capacidad de adaptación del tributo. Otro ilustre Secretario de Estado de Hacienda, José Borrell, sabía bien lo que decía cuando afirmó que la tarifa del IRPF era uno de los núcleos duros del debate político, visión programática que no le impidió promover el segundo -y más difícil- gran cambio del IRPF, el de la Administración tributaria, que ha posibilitado los mecanismos de información y asistencia de que disfrutamos.

Es normal que el Impuesto evolucione, siempre de acuerdo con los principios constitucionales de la imposición, pero teniendo en cuenta la percepción social del tributo, la realidad comparada y las exigencias presupuestarias del momento.

La última reforma responde, por ello, al concepto tan expresivo de 'reforma tributaria permanente', que formulaba García Añoveros, otro Ministro de Hacienda de la época. Más pragmática que técnica y con margen recaudatorio, trae importantes cambios; alguno, como la segmentación global de las rentas de capital a un tipo único del 18%, contra los postulados mas tradicionales del tributo. Pero en un mundo globalizado, la neutralidad y la simplificación son principios capaces de imponer su orientación.

La reforma mantiene la tendencia decreciente de los marginales de la tarifa; introduce cambios en la tributación de los rendimientos del capital inmobiliario, en especial de los alquileres; es consciente de la necesidad de ser beligerante a favor de las situaciones de discapacidad y dependencia; interviene -desafortunadamente a mi juicio- en la tributación de las prestaciones de los sistemas de previsión apoyando la percepción en forma de renta frente a la de capital; recorta la deducción por inversión en vivienda habitual, al prescindir de la financiación ajena como circunstancia determinante de la aplicación de porcentajes incrementados de deducción, e inicia una preocupante tendencia de incorporación al Impuesto de beneficios sociales coyunturales como la deducción por nacimiento.

La campaña ha sufrido las dificultades del cambio de estructura, pero la AEAT es una organización madura y rodada que facilita al máximo la declaración mediante el suministro de datos, los borradores o la asistencia directa a los contribuyentes más pequeños, minimizando los inconvenientes inherentes a una transición tan compleja.

Pero, mi intuición es que la coyuntura económica influirá en el sistema tributario como ha ocurrido en otras ocasiones y que al IRPF le tocará su parte, por lo que seguiremos hablando de reformas.

Miguel Cruz, socio de Landwell-PwC