Medicina

Una molécula amenaza el imperio del Botox

La FDA acepta evaluar la eficacia de Reloxin, el fármaco con el que Medicis e Ipsen quieren destro nar a la toxina cosmética de moda

A las puertas del castillo inexpugnable del rey Botox, un nuevo caballero pugna por hacerse con la fortaleza o, al menos, compartirla. Un planteamiento de cuento o de película que sirve para dibujar el momento de mercado en el que se encuentra el fármaco favorito de las estrellas de Hollywood. La FDA, el organismo estadounidense encargado de velar por la seguridad y eficacia de los medicamentos, ha aceptado iniciar la evaluación del fármaco Reloxin para uso cosmético. Este puede ser el impulso definitivo para que Medicis e Ipsen, las rivales de Allergan y su Botox resquebrajen el poderío en el imperio contra las arrugas.

El Botox, la toxina botulínica de tipo A, venenosa en dosis altas, ha revolucionado la cosmética, convirtiéndose en la alternativa tanto para los famosos como para las personas de ingresos medios y bajos que no quiere o no puede costearse pasar por el quirófano para hacerse un arreglito.

Hasta ahora, pese a que este compuesto tiene competidores en el mercado de la cosmética, nadie había logrado un fármaco rival al mismo nivel. Y es un mercado apetecible. Según los datos facilitados por Ipsen y Medicis a la Sociedad Americana de Cirugía Plástica y Estética, en 2006 se practicaron tres millones de procedimientos de este tipo en EE UU, con un crecimiento en facturación del 20% anual. Reloxin accedería, según los datos de esta sociedad médica, a un mercado objetivo valorado entre 300 y 400 millones de dólares (entre 191 y 254 millones de euros).

En EE UU, se realizaron tres millones de tratamientos en 2006

Pero las cifras podrían ser más astronómicas aún. Este valor es al que acceden Medicis e Ipsen juntas, en virtud del acuerdo alcanzado en 2006 por el que la francesa Ipsen licenció a la estadounidense la comercialización de su molécula, aún en desarrollo, para EE UU y Canadá y Japón.

La estadounidense pagará 25 millones de dólares (15,9 millones) a Ipsen por esta aceptación de la FDA y 75 millones de dólares más (47,7 millones) si el organismo permite la venta.

Medicis, sin embargo, renunció a la licencia de venta para otros países puesto que, por estar acogidos a distintas coberturas de seguros médicos públicos y privados, 'no lograban el nivel de retorno' que les parecía conveniente en Europa. Ipsen ya tiene la autorización para la venta de Reloxin en 23 países, incluida Rusia, en la que ha conseguido el permiso antes que el propio Botox. La empresa facturó en 2007 unos 920 millones de euros, un 6,8% más que en el año anterior, según su página web.

Sin embargo, sólo Botox ha permitido a Allergan ingresar 771 millones de euros en 2007, un 29% más que en el año anterior, y la empresa prevé que las ventas del milagro cosmético crecerán durante este año hasta los 900 millones basados en 'la estabilidad de la marca y el crecimiento del mercado internacional', según una entrevista a Reuters que el consejero delegado de Allergan, David Pyott, concedió a Reuters en marzo.

En España, Botox también es el líder. Dentro de que el mercado es más pequeño, este fármaco obtuvo unos ingresos de 9,07 millones de euros en 2007. Sus competidores, Vystabel y Dysport, sólo facturaron 3,8 millones entre los dos, según los datos de la consultora IMS Health.

Una larga lucha por el poder antiarrugas

Medicis e Ipsen ya llevan andado un largo camino hasta esta autorización inicial de la FDA. No es la primera vez que presentan todos los formularios para solicitar que se evalúe su aptitud para la comercialización de Reloxin en EE UU. De hecho, las empresas planteaban sacarlo a la venta en 2007 pero el organismo echó para atrás su petición y solicitó más informes 'relacionados con la red de ventas', según las empresas. Esta petición ha retrasado hasta ahora el inicio del escrutinio.

De hecho, las compañías ni siquiera comenzaron su andadura hasta EE UU juntas. Hace tres años, la que había logrado la licencia de Ipsen para llevar Reloxin al mercado estadounidense era la empresa de productos dermatológicos e implantes Inamed.

Sin embargo, una compra separó sus caminos. Tanto la fabricante de Botox, Allergan, como Medicis pujaron fuertemente para hacerse con el control de Inamed y, al final, la oferta de 3.400 millones de dólares (2.160 millones de euros) de Allergan se llevó a la dermatológica. Para que los reguladores de la competencia de EE UU aceptaran la fusión, Inamed tuvo que renunciar a la licencia de Reloxin, que acabó en manos de Medicis.