Lunes de los fondos

Cuidado con el optimismo

El estudio de otras crisis similares indica que aún falta más de la mitad del ajuste bursátil.

Los inversores institucionales de todo tipo (gestoras, fondos de pensiones, banca privada, etc.) se encuentran en este momento en una de las situaciones más complicadas en bastantes años, por lo que no es difícil imaginar la gran incertidumbre que invade a los inversores minoristas. La dificultad del momento viene dada porque, tras el inicio de la caída de los principales índices bursátiles en el verano o principios de otoño pasados, hemos alcanzado un punto donde las dudas comienzan a filtrase en las mentes de las personas y equipos de gestión responsables de tomar decisiones de asignación de activos. Estas dudas han surgido debido al pequeño rally bursátil disfrutado desde mediados de marzo.

Hasta este punto las estrategias habían estado más o menos claras para muchos gestores, reforzadas por el cúmulo de datos negativos. Indicadores macro apuntando a una fuerte desaceleración, cuando no recesión en EE UU, materias primas desbocadas con el petróleo a la cabeza y sistema financiero en crisis. Demasiadas similitudes con otras crisis clásicas anteriores como la primera de los años setenta, por ejemplo. Las encuestas de distribución de activos, como las que realizan Lipper o Merrill Lynch, han venido reflejando y certificando esa reducción de la asignación a renta variable y aumento de liquidez.

Sin embargo, seis semanas de rebote bursátil y lo que ha podido ser sólo el primer episodio de la solución a la crisis crediticia y financiera, han bastado para que bastantes gestores comiencen a pensar que lo peor de la crisis puede haber pasado y que las Bolsas se encuentran en valores atractivos con posibilidades de revalorización importantes. Si bien este escenario no puede descartarse, es conveniente lanzar un par de elementos en la discusión.

La caída de los principales índices bursátiles de referencia, desde los máximos históricos del año pasado hasta mediados de marzo de este año, se sitúa desde el 17-18% para los grandes índices norteamericanos, como el Dow Jones o el S&P 500, hasta el 20-25% de los principales índices europeos, como el DJ Euro Stoxx 50 o el FTSE 100. Pues bien, si asumimos que estamos en una crisis con abundantes similitudes a la de primeros de los años setenta o incluso la última de primeros de este siglo, observaremos que las caídas que se produjeron desde los máximos rondaron el 50%, es decir, aproximadamente el doble de la registrada en la actual, hasta el momento.

Otro punto es el de las valoraciones bursátiles. El último informe semanal de Thomson Reuters sobre expectativas de resultados empresariales en EE UU aporta valiosa información a este debate. Cuando más del 75% de las compañías pertenecientes al Dow Jones y al S&P 500 han publicado resultados para el primer trimestre del año, la caída de beneficios combinada (resultados reales ya publicados más consenso de analistas) para las compañías pertenecientes a estos dos índices es del 14,1%. Independientemente de que esto significará con seguridad que se registrará el tercer trimestre consecutivo de caídas de beneficios para las empresas del S&P 500, por primera vez desde el periodo del tercer trimestre del 2001 al primero del 2002, lo interesante es constatar cuál era la estimación al principio del año. Pues bien, el consenso de estimaciones de brokers el 1 de enero era de un crecimiento de beneficios del 5,7%. Sólo tres meses después se deterioró gravemente para pasar a una estimación de caída de beneficios del 10,9%, hasta pasar un mes después, con el reguero de publicaciones de resultados, al -14,1% actual.

Bastantes de los analistas, esperanzados de un rebote bursátil consistente y relativamente duradero, cuentan con las estimaciones para el año 2009, que hablan de unos saludables crecimientos de beneficios y por tanto de una recuperación destacada de la actividad empresarial. Pero el análisis histórico de las estimaciones de brokers apunta a que existe un claro sesgo en las mismas, que pecan de exceso de optimismo durante las crisis y de exceso de pesimismo durante las expansiones.

Además de lo arriba expuesto, hay otro inquietante dato sobre las crisis y ciclos bursátiles: las crisis desatadas tras fuertes sobrevaloraciones de los activos tanto reales como financieros -y la actual parece encajar de lleno en este supuesto- no sólo han conducido a esa caída aproximada a la mitad para los índices bursátiles de referencia sino que han sido seguidas por mercados planos con oscilaciones de entre cinco y diez años. Sólo una hipótesis pero que debiera ser tenida en cuenta por los estrategas de la asignación de activos.

Análisis: El mal del corto plazo

¦bull; El cortoplacismo es un mal en el mundo de la inversión que desgraciadamente no sólo afecta al inversor de la calle sino también a muchos profesionales.

¦bull; Ni siquiera los gestores de fondos de pensiones se libran de la misma, cuando se encuentran en una situación ideal para hacer uso de la estrategia a largo.

¦bull; El seguimiento puntual y regular de las inversiones es fundamental, pero el cortoplacismo es otra cosa que lleva en ocasiones a abundantes movimientos tácticos innecesarios.