Secretos de despacho

Privacidad en la Galería Guereta

Betty Guereta ocupa un espacio heredado de su familia, ajeno a las miradas de la calle

Decir que la galería Guereta se encuentra ubicada en el interior de un exclusivo edificio de la calle Ortega y Gassett de Madrid es definir su estilo. Amplio, elegante, señorial, luminoso. Por sus amplias salas se mueve con gran dominio Betty Guereta, la directora de esta galería privada, que trabaja de una manera peculiar y distinta al resto de sus compañeros de profesión. Tiene una voz profunda y gestos de mujer viajada. Hablar con ella es una delicia porque va hilando con suma facilidad una historia con otra.

Nació en Madrid hace 43 años y desde niña tuvo claro a lo quería dedicarse, a la misma profesión que su padre, el galerista Fernando Guereta, cuyo fallecimiento precipitó que ella tomará las riendas del negocio. 'Me dediqué a esto porque era algo que había visto en casa. Viví en Nueva York, estudié Historia del Arte en París y después en Madrid. Cuando tenía previsto seguir formándome por el mundo, mi padre murió, en 1990, y tuve que hacerme cargo de la galería'. Fue una tarea ardua, que ella misma recuerda. 'Ahora es una empresa, pero hasta entonces era algo identificativo de la persona que lo llevaba. A mí me hubiera gustado poder haber adquirido experiencia trabajando en otra galería, pero no tuve tiempo'. Y con una de las primeras cosas que tuvo que lidiar Betty Guereta fue con la crisis originada por la guerra del Golfo. 'El mercado del arte, en esa época, se hundió. Y yo aprendí grandes lecciones, que luego no olvidas. Un trabajo lo conoces por sus altos y por sus bajos momentos'. Asegura que el trabajo de una galerista se basa principalmente en el contacto personal y directo con las personas, tanto con los clientes como con los profesionales a los que adquiere las obras.

Uno de sus principales objetivos fue mantener una galería con identidad propia y añadir algo diferente a lo que había hecho anteriormente su padre. 'En estos momentos, tengo prestigio, una importante cartera de clientes nuevos y reconocimiento para encontrar obra nueva contemporánea y diferente'. Acaba de reunir una colección de obra desconocida por el gran público de Miró. 'Hacemos dos exposiciones al año y tenemos la peculiaridad de que no hacemos ferias. Mi padre trabajó con los grandes, como Juan Gris, Antonio López, y trajo obra americana a España. Y seguimos ocupándonos de traer lo mejor de lo mejor, el cuadro más importante del artista más importante'.

Le gusta estar en la vanguardia de todas las corrientes artísticas, aunque ahora está más volcada en la fotografía. 'Es importante aportar valor a los clientes, que en estos momentos disponen de mucha información y de muy poco tiempo', afirma. Actualmente está preparando una exposición de fotografía japonesa, 'y buscando calidad y precio'.

De su padre aprendió 'que hay una manera diferente de hacer las cosas y hay una vía que es la propia de cada persona, y ésa es la auténtica, la verdadera'. No le teme a la crisis que dicen que se avecina. 'Antes, cuando se pronosticaba una crisis nos afectaba de inmediato, pero ahora no ocurre así. En estos momentos no se está notando nada, ni en las grandes subastas en Nueva York. Hace unos años, en condiciones parecidas, podrían empezar a ir mal las cosas, pero ahora ya no sucede así'.

Otra enseñanza que ha extraído de su progenitor es a saber pensar bien. 'Recuerdo a mi padre en pijama, viendo los deportes y con un papel en la mano. Estaba tomando decisiones importantes, grandes movimientos. Lo idóneo era tomar la decisión correcta, comprar en la galería importante y que estuviera bien comprado', afirma.

Betty Guereta nunca trabaja directamente con el artista, actúa como marchante, comprando la obra y creando mercado. 'Mi padre creó fondos de inversión en este sector. Juntaba a varios clientes, que le confiaban su dinero para invertir en arte, que luego se revalorizaba. Por eso, es tan importante saber tomar decisiones'.

Sobre la mesa de pensar de su padre

No tiene apego a los objetos materiales. Es muy ordenada y sólo tiene a mano las cosas pendientes. Su mesa está limpia de papeles. El mueble, diseñado por Charles Eames, es herencia familiar, y es la misma herramienta de trabajo que utilizaba su padre en Nueva York. 'Es un recuerdo, aunque tengo muchos otros y más importantes, que tengo de él. Era su mesa de pensar'. Betty Guetara recuerda muchos momentos de su padre pensando. 'Y es algo dificilísimo porque de ese proceso, que no tiene ningún desgaste físico, tiene que salir alguna decisión. Todo lo que piensen tiene que estar bien pensado'.

A los cuadros que la rodean no se siente vinculada. En su casa no tiene obras de arte. 'Esto se debe a que llevo muy dentro el comercio'. Asegura que es duro trabajar en solitario porque, en ocasiones, siente de cerca el peso de la soledad. 'Todo el mundo tiende a trabajar en equipo, y por ello me gustaría en un futuro poder hacer más exposiciones, para estar en contacto con más gente, pero de momento lo tengo estructurado de esta manera'.

Entre sus aficiones está la lectura, el cine, el deporte, el campo y sus hijos, 'aunque el arte es mi vida'. También colabora con Fundación Balia por la infancia, que ayuda a niños inmigrantes.