TRIBUNA

Cómo ser registrador

La empresa privada puede no ser el paraíso para los jóvenes abogados. Con la incierta promesa del ascenso, en los mejores bufetes a veces se exigen horarios extenuantes y competitividad feroz. La condición femenina supone en ocasiones un obstáculo para el desarrollo de una carrera profesional. Sólo una minoría llegará a la cúspide. Por eso opositar ha sido visto por muchos jóvenes, y no tan jóvenes, como un eficaz método de ascenso en el universo laboral jurídico por el democrático rasero del mérito y la capacidad. Esta salida es especialmente atractiva para las mujeres. Hoy es habitual encontrar juezas, notarias, abogadas del Estado, letradas de corte, registradoras... De hecho, en algunos escalafones están superando en número a los hombres.

De todos estos cuerpos, el de registradores quizá sea el más acostumbrado a la igualdad efectiva. En 1941 cualquier ámbito profesional de prestigio se cerraba a las mujeres, pero ya existían registradoras con las mismas competencias y funciones que los hombres. Dos semanas después de proclamarse la Segunda República, un decreto, redactado por el director general de Registros, Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, dispuso la admisión de la mujer a las oposiciones al Cuerpo de Registradores. Accedieron cuatro en 1941 y tres en 1946. Una más ingresó en 1954, otra en 1964, otra en 1968, dos en 1970, tres en 1972, dos en 1974, tres en 1976… Quizá hoy parezcan pocas, pero conviene recordar que no sería hasta 1978 cuando ejercería la primera jueza.

Aquellas pioneras se enfrentaban a severos tribunales, sin duda formados por hombres integrados en las ideas de su tiempo. Hombres que, a pesar del machismo imperante, las aprobaban si lo merecían, lo cual refuerza retrospectivamente su imagen de imparcialidad. Eso es algo que todo opositor debe tener siempre presente. Al menos en registros, nunca han importado las recomendaciones ni los apellidos. Tampoco es requisito indispensable la juventud. En las últimas oposiciones aprobó una mujer de 53 años después de toda una larga trayectoria como letrada de la Seguridad Social. Nunca es tarde si se tiene vocación y capacidad de sacrificio.

Todo opositor a registros ha de saber que el esfuerzo será largo, al menos de tres a seis años, que tendrá que aprender 400 temas, y que atravesará por momentos de duda, de miedo o de agotamiento. Y encima, nadie garantiza el aprobado. Sin embargo, quizá sea éste el mejor momento para intentarlo. Recientemente se ha aprobado una demarcación registral inédita. 300 nuevas plazas, que sumadas a las vacantes ordinarias pueden suponer un total de 400 puestos en cinco o seis años. Se trata de un escenario halagüeño para el opositor; sobre todo si lo comparamos con la tradicional escasez de la oferta.

Las pruebas consisten en cuatro ejercicios eliminatorios. Los dos primeros, orales y públicos ante un tribunal compuesto por tres registradores, un abogado del Estado, un magistrado, un catedrático y un notario. El aspirante expondrá durante una hora tres temas de Derecho Civil, uno de Derecho Mercantil y el último de Procesal o Administrativo. Si aprueba, tendrá que enfrentarse al segundo examen: tres temas de Derecho Hipotecario, uno de Fiscal y uno de Notarial. El caso práctico consiste en hallar los defectos que impiden la inscripción de un documento y comentar cuantas cuestiones jurídicas suscite. La dificultad de esta prueba es legendaria, pero es una criba necesaria: un registrador es un jurista práctico que ha de saber interpretar y aplicar las normas con lógica y sentido común.

Aprobar es sólo el comienzo. Los inicios no serán fáciles. El recién ingresado tendrá que ocupar registros pequeños, probablemente deficitarios, alejados de su núcleo familiar, con propiedades rústicas mal delimitadas y titulación antigua e incompleta. Será titular de distritos hipotecarios recónditos de los que probablemente nunca oyó hablar, sitos en villas y pueblos de los que huyeron los juzgados y otras oficinas estatales según sufrían el éxodo agrario. Pero ahí quedaron los registros. Están en toda España. Ahí seguirán. Y en ellos siempre habrá un registrador, o una registradora, ofreciendo garantía a las transmisiones inmobiliarias de sus vecinos.

Tal vez puedas ser tú. Si otros han podido hacerlo, ¿por qué tú no? Al menos eso fue lo que yo pensé.

Registrador de la Propiedad