Debate abierto

El reto de la consolidación

Según los datos del INE, publicados por Asebio en su último informe anual, cerca de 500 compañías desarrollan actividades biotecnológicas en España. Estas empresas emplean a 80.000 personas y facturaron el último año más de 20.000 millones de euros. Estos datos reflejan crecimientos próximos al 30% en facturación, número de empresas y personal, lo que convierte a España en el país más dinámico de Europa en el área, a excepción de Irlanda.

Entre las compañías que componen el sector hay más de 200 con dedicación principal o exclusiva a la biotecnología. Estas biotecs, surgidas en su mayoría de universidades y centros públicos de investigación españoles a partir del año 2000, facturan cerca de 500 millones de euros y emplean a más de 3.000 personas, sobreviviendo durante años a un entorno adverso al emprendedor tecnológico, con acceso limitado a financiación pública y privada y múltiples barreras legales y culturales.

Afortunadamente las circunstancias han empezado a cambiar y las empresas más jóvenes crecerán en un terreno más propicio, en parte gracias a un mayor apoyo de las Administraciones públicas y, también en parte, gracias a la posibilidad de beneficiarse de la experiencia de los pioneros del sector.

En este sentido, el sector biotecnológico valora muy positivamente las medidas específicas que se están promoviendo desde las Administraciones central y autonómicas, entre ellas el Estatuto de Joven Empresa Innovadora, propuesto por Asebio al Gobierno central. Pero demanda otras que protejan, incentiven y reconozcan la innovación en los sectores dependientes de la biotecnología, como el farmacéutico, el agrícola o el energético.

En esta etapa de maduración el sector necesita más que nunca casos de éxito, como el de la compañía Pharmamar, que ha logrado comercializar un prometedor fármaco de origen biológico para el tratamiento del cáncer (Yondelis). Estos modelos de referencia son fundamentales para inspirar y motivar a futuros emprendedores y también para estimular al entorno financiero, un agente imprescindible que en España ha sido poco proclive a la inversión tecnológica.

Por sectores, la biotecnología sanitaria o roja, en sus dos vertientes de terapia y diagnóstico, supone más del 50% del sector, seguida de las aplicaciones agroalimentarias o biotecnología verde (aproximadamente el 20%). El resto se reparte entre la biotecnología industrial (blanca), con un 5,7%, y un número importante de compañías que ofrecen plataformas tecnológicas de aplicación en varios sectores (23,6%), como la genómica o la proteómica.

Entre las áreas de mayor potencial destacan los biocombustibles, el diagnóstico de enfermedades o la terapia celular. Además, un buen número de compañías nutren el pipeline de medicamentos biotecnológicos, en áreas diversas como la oncología, las enfermedades autoinmunes o el Alzheimer. Por otra parte, en España se han cumplido nueve años de siembras comerciales de maíz transgénico protegido contra plagas de taladros, y nuestro país es líder en la Unión Europea en esta aplicación tecnológica, una posición ventajosa que redundará en la competitividad de nuestra agricultura.

A pesar de todos estos avances, España tiene un importante déficit en su imagen tecnológica internacional. Y, en este sentido, Asebio apela a los esfuerzos de Administraciones, comunidad científica, medios de comunicación y otros agentes para trasladar al mundo los logros de empresas y científicos españoles y nuestra condición de potencia mundial en ciencias de la vida.

Con este objetivo, Asebio prepara para septiembre de 2008 la organización de la Feria Internacional Biospain en Granada, una cita que pretende convertirse en el escaparate global de la biotecnología española garantizando la presencia de público extranjero mediante varias actividades de impacto internacional orientadas a empresas e inversores.

Cristina Garmendia. Presidenta de Genetrix y de Asebio (Asociación Española de Bioempresas)