TRIBUNA

La otra misión de la Universidad

La Universidad, a sus dos misiones tradicionales: la docencia y la investigación -actualmente sólo pueden ser de calidad y de excelencia-, debe seguir fomentando de forma cada vez más decidida y urgente una tercera, igual de importante que las otras pero mucho peor valorada: el servicio a la comunidad, a la sociedad, el apoyo científico y técnico al desarrollo cultural, social y económico, tanto nacional como de las comunidades autónomas', tal como lo recogen los artículos 83 y 11 de la LRU y de la LOU, respectivamente .

¿Cómo puede contribuir la Universidad al desarrollo social y a generar riqueza en las regiones? Múltiples son las vías para hacerlo posible. Francisco Michavilla (El impacto de la tercera misión de las universidades en el entorno regional) señala las principales: debe ser un agente innovador (a través de la difusión de innovaciones, de la transferencia tecnológica, de la creación de empresas -a lo que tan renuentes son los universitarios egresados: sólo 8 de cada 100 lo intentan-); un agente formador (a través de la formación continua, además de la formación de titulados, de la formación de dirigentes y de cuadros), y debe prestar apoyo técnico a la sociedad a través del análisis estratégico, de los programas de investigación según demandas tecnológicas y sociales y de la consultoría, entre otros.

Sin embargo, para cumplir estos importantes papeles la(s) universidad(es) española(s) debe(n) experimentar algunos cambios y dar respuestas a algunas limitaciones. Así, los planes de estudios actuales deben adecuarse en mayor medida a las necesidades formativas del mercado laboral; en las metodologías docentes deben tener menos peso las lecciones magistrales y más el desarrollo de actitudes y habilidades socio-comunicativas, la capacitación para el aprendizaje y la formación basada en proyectos y problemas más que en contenidos; la calidad formativa -pese a los esfuerzos de los últimos años en algunas universidades- debe fomentarse, al igual que la relación y la colaboración universidad-empresa; debe potenciarse la formación permanente, que tiene en nuestro país una importancia muy inferior a la que presenta en los países del centro y norte de Europa; la investigación interdisciplinar -o transdisciplinar- debe alcanzar niveles más significativos, y finalmente, y sobre todo, la planificación y la visión estratégica deben ocupar un papel protagonista y traerse al primer plano.

La universidad debe dar respuestas a las necesidades y preguntas que la sociedad tiene y se plantea, debe comprometerse con su entorno económico y social, debe convertirse en un factor dimanizador de la actividad económica del territorio en que se ubique.

Si descuida esta tercera misión puede acabar cayendo, en el mejor de los escenarios, en la autocomplacencia, y en el peor, en el aislamiento, si es que estos dos conceptos, referidos a la(s) Universidad(es) española(s), no siguen siendo aún -sin duda, lo han sido en un pasado no muy lejano- conceptos sinónimos.

Pedro Reques Velasco. Geógrafo, director del departamento de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria