COLUMNA

La cucaracha y la sordera

Cantábamos de pequeños aquello de 'La cucaracha, la cucaracha/ ya no puede caminar/ por que le faltan/ porque no tiene/ las dos patitas de atrás'. Ahora, el solemne relevo en la presidencia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), en adelante cenemeuve, ha permitido al saliente Manuel Conthe recuperar aquellos ecos con una nueva teoría, por lo demás muy bien acreditada, acerca de la cucaracha y adelantar el principio de la generalización de la sospecha, que dio lugar, por reacción defensiva, al desarrollo imponente de toda la química de los insecticidas.

Ese principio de la sospecha nos lleva al fenómeno de la cucaracha en compañía, según el cual cuando aparece una cucaracha en nuestro caso bajo esa denominación debería entenderse el rastro de una presión del Gobierno sobre la cenemeuve a propósito de la venta de FG Valores por el presidente del BBVA debe colegirse que hay más ejemplares pendientes de aflorar porque las cucarachas forman sociedades numerosas y bien organizadas, se presentan en grupo y derivan en plagas domésticas.

Así las cosas, conviene primero tratar de la cucaracha en sí y atender después a su vida en sociedad. La cucaracha viene definida en el diccionario de la Real Academia como 'insecto ortóptero es decir, según la misma autoridad citada, masticador, de metamorfosis sencilla, que tiene un par de élitros consistentes y otro de alas membranosas plegadas longitudinalmente, como los saltamontes y los grillos, nocturno y corredor, de unos tres centímetros de largo, cuerpo deprimido, aplanado, de color negro por encima y rojizo por debajo, alas y élitros rudimentarios en la hembra, antenas filiformes, las seis patas casi iguales y el abdomen terminado por dos puntas articuladas, que se esconde en los sitios húmedos y oscuros, devora toda clase de comestibles y los inficiona con su mal olor'.

En cuanto a la vida en sociedad de la cucaracha, debe reconocerse que no ha sido estudiada ni descrita con la precisión admirativa que han merecido las abejas o las hormigas. Estas últimas fueron objeto de culto durante el franquismo en algunos libros de Formación del Espíritu Nacional como el redactado por Jaime Capmany para alumnos de segundo curso de bachillerato.

El que tantos años fuera columnista del Abc verdadero, a donde llegó de la mano de Luis María Anson y donde perseveró con sus sucesores del grupo Vocento, explicaba a nuestros adolescentes las maravillas de la organización del trabajo en el hormiguero. Sus elogios a la jerarquía de las hormigas reina y las hormigas obreras parecían encaminados a buscar en la naturaleza la manera de corroborar la democracia orgánica basada en las tres células básicas de la sociedad predicada por el Movimiento Nacional: familia, municipio y sindicatos. Una senda que iba a conducirnos 'por el Imperio hacia Dios' hasta consumar la Revolución Nacional Sindicalista que quedó pendiente.

Los mirmecólogos (especialistas en hormigas) han hecho avanzar notablemente esta rama de la zoología por ejemplo en el Museo de Zoología de São Paulo como refiere Jorge Wagensberg en su libro El gozo intelectual (Tusquets Editores. Barcelona, 2007). Pero los estudios deben ser sometidos a crítica intelectual para evitar las conclusiones indebidas a que llegaba un joven doctorando. El experimentador hacía sonar un silbato que ponía en marcha una tropilla de cucarachas. Entonces decidió avanzar en su programa y arrancó las seis patas a una de ellas, que permaneció inmóvil.

De ahí dedujo que las cucarachas ápodas son sordas y por eso no responden al estímulo acústico que seguía poniendo a las restantes en marcha. Informado de estos resultados, Wagensberg decide seguir las reflexiones de Kant y establece lo siguiente. Un juicio analítico es aquel cuyo predicado es parte del sujeto: 'La cucaracha tiene seis patas'. Un juicio sintético es aquel cuyo predicado no está incluido en el sujeto: 'Una cucaracha aprende a marchar al son del silbato'. Un juicio a priori es un juicio independiente de la experiencia (aunque se inspire en ella): 'Una cucaracha es un insecto'. Un juicio a posteriori es un juicio que depende de la experiencia: 'Una cucaracha sin patas es sorda'. Veremos ahora cuál es la réplica de Manuel Conthe.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista