Fondos

El reto de gestionar una cartera con agilidad

El sistema de traspasos ha facilitado la rotación de las carteras, pero plantea dudas cuando los inversores abusan de esta práctica por los costes que genera

El amplio abanico de fondos al que puede acceder un inversor español, con más de 9.000 productos disponibles, ha convertido la gestión de carteras en un importante reto para las entidades financieras. En un desayuno de trabajo organizado por Banco Madrid y Cinco Días representantes del sector debatieron si realmente es posible gestionar con agilidad una cartera de fondos diversificada.

Desde hace dos años la nueva normativa permite a los inversores realizar traspasos de un fondo de inversión a otro con libertad. La pregunta es si realmente las entidades financieras ajustan las carteras de sus clientes con una frecuencia y rapidez que resulte óptima.

Los movimientos de rotación resultan limitados, según reconocen los expertos. Y en muchas ocasiones, dependiendo del perfil del cliente, la agilidad que este demanda es mayor o menor. Los inversores con un contrato de asesoramiento suelen ser menos exigentes que aquellos con un mandato de gestión, lo que termina provocando que en el primer caso los movimientos de las carteras resulten escasos.

Los expertos, no obstante, matizan que una elevada rotación no es ninguna garantía de éxito. 'Es cierto que el cliente final muchas veces tiene la sensación de que no se le mueve la cartera lo suficiente. Y eso lo percibe como algo negativo. Realmente no hay ningún estudio que demuestre que por estar continuamente realizando operaciones vas a lograr un mejor rendimiento', comenta Gustavo Trillo, director de inversiones de JPMorgan en España y Portugal.

El problema al que se enfrentan los gestores se produce cuando la coyuntura del mercado provoca cambios en el perfil de riesgo de sus clientes. El reciente repunte del Ibex y su escalada hasta máximos históricos ha vuelto a poner a prueba a los gestores. Muchos inversores, animados por la elevada rentabilidad de la Bolsa española, aumentan sus apuestas por el mercado nacional cuando los expertos empiezan a aconsejar precisamente rotar hacia otros índices donde las oportunidades a partir de ahora son mayores. 'Es muy difícil hacer llegar al cliente que se trata de situaciones coyunturales', comenta Jerónimo Ortiz de Urbina, banquero privado independiente de Banco Madrid. 'Cuando las carteras van bien y están dando rentabilidades superiores a lo esperado, el cliente tiende a asumir más riesgos y le cuesta dejarte actuar. El problema llega cuando vienen los recortes. Entonces el cliente vuelve a su perfil anterior y con una mayor exposición a activos de mayor volatilidad', añade Ortiz de Urbina.

Los expertos reconocen que identificar el perfil de riesgo de un cliente y mantenerlo es la receta del éxito. Realizando, eso sí, los ajustes necesarios para adaptarse a los cambios del mercado. 'Una cartera hay que modificarla y ajustarla en cierta medida, pero lo que no se puede es realizar unos cambios radicales cuando el inversor cambia su perfil de riesgo con demasiada alegría. La palabra agilidad puede generar unas connotaciones negativas y unos movimientos que no van a añadir valor a la cartera', comenta Pablo Anabitarte, director de ventas para España y Portugal, de Fidelity.

El asesoramiento y la labor educativa de las entidades financieras se convierte, por tanto, en algo fundamental para facilitar la buena evolución de las carteras. Para garantizar no sólo la selección adecuada de fondos, sino también aquellos que se ajusten al perfil del inversor, e impedir así que las decisiones de los clientes se vean influidas por noticias coyunturales del mercado o los rankings que miden el comportamiento de los fondos, unas comparativas que pueden llevar a equívocos al comparar productos con perfiles muy diferentes.

Una vez establecido el criterio de gestión la cuestión a debatir es si realmente se pueden comprar y vender fondos con la rapidez deseada. 'La agilidad operativa del régimen de traspasos ha mejorado muchísimo desde que se inició, pero aún hay diferencias importantes entre unas gestoras y otras', comenta José Miguel Maté, consejero delegado de Tressis.

Desde el momento en el que un inversor decide cambiar de fondo la espera hasta que se hace efectiva la orden puede variar entre los 2 ó 3 días, la situación óptima, hasta los 10 ó 12 que tardan las gestoras más remolonas. Un plazo de espera que se acerca demasiado a los 15 días que establece la ley de máximo.

En cualquier caso, pese a las dificultades técnicas que explican estas diferencias, abunda el optimismo. 'Se han realizado numerosos avances y hay muchísimas más gestoras que están haciendo los traspasos en 3, 4 y 5 días. A la hora de hacer un selección de carteras lo que hay que hacer es eliminar aquellas gestoras que no te dan la solución', añade Maté. La principal crítica llega por las oportunidades que se pierden cuando el plazo de espera se extiende demasiado y el inversor llega tarde.

Los expertos recuerdan que los fondos no son la mejor herramienta para realizar movimientos cortoplacistas a pesar de su excelente fiscalidad. 'Las posibilidades de decepción al hacer trading con fondos son muy elevadas. Si alguien quiere hacer un cambio rápido hay otros instrumentos como los futuros, ETF o warrants que quizá reflejen mejor lo que el cliente está buscando', comenta Anabitarte.

Demasiados cambios en una cartera también pueden resultar contraproducentes por el elemento de volatilidad que añaden. Lo ideal para un gestor es conseguir una permanencia media de su cliente lo suficientemente elevada para que sus ideas de gestión se pueden materializar en resultados. Por tanto, en una cartera a largo plazo la duración del traspaso no debería afectar en exceso, a pesar de que resultaría más conveniente reducir el tiempo de espera.

La introducción de competitividad en el mercado y la búsqueda del mejor producto son dos de los principales objetivos que se trataron de instalar al facilitar el traspaso de fondos. Los expertos alaban estas virtudes del sistema pero encuentran también un riesgo si el cliente se excede a la hora de realizar estos movimientos. 'El que sale y entra del fondo supone un coste extra para el resto de partícipes', añade Trillo. Las bondades de los traspasos, por tanto, se pueden volver en contra de los propios partícipes si se abusa de ellas, especialmente en un país como España en el que las comisiones de suscripción no se reciben bien en el mercado.

Uno de los debates dentro de la industria se centra precisamente alrededor de la idoneidad de cobrar más comisiones para evitar ciertos abusos. 'Me parecería una iniciativa extraordinaria. Sería sano para el propio cliente que a menudo hace trading con poco acierto', añade Maté. Esta iniciativa, no obstante, además del rechazo que genera en el cliente, siempre reacio, plantea también dudas ya que eliminaría en cierta medida la filosofía que se siguió a la hora de establecer esta normativa. Es decir, la mayor libertad y competitividad.

Los expertos señalan las comisiones como la mejor manera de aumentar la permanencia media en el producto y dar estabilidad al sistema. Y sugieren otras opciones, como cobrar tan sólo si la permanencia en el fondo es baja o utilizar fórmulas mixtas. Comentan, asimismo, que el encarecimiento de las comisiones es cuestión de tiempo, algo muy extendido en mercados más desarrollados. Así, una de las prácticas que comienza a ganar popularidad es cobrar en función de los rendimientos del producto, la llamada comisión de éxito. Una iniciativa que ayuda a las entidades a mantener a sus mejores gestores en momentos malos de mercado y otorga también ventajas para el inversor.

Aumentar el contacto entre el cliente y el asesor se presenta como otros de los grandes retos de la industria. 'Una de las cosas que más nos preocupan es lo que ocurre cuando no cambia el mercado pero sí la situación del cliente. Ya sea por divorcio, paro o lotería. Ese es el diálogo rico que se puede tener con el asesor', concluye López-Frade.

Abordar la selección de fondos en una industria con más de 9.000 productos también hace de la labor de asesoramiento un pilar cada vez más necesario. La llegada de la arquitectura abierta provocó que muchas entidades optaran por ampliar su abanico de productos, pero las dificultades que entraña analizar y gestionar todos los fondos disponibles ha llevado a muchos a dar un paso atrás. 'El exceso de análisis puede dar parálisis', añade López Frade.

La agilidad mejora pero aún queda camino para que el inversor conozca y entienda bien lo que compra.