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El estreno de los fondos cotizados

Llegan los ETF (Exchange Traded Funds). Son fondos que se pueden comprar y vender al instante, como si fueran acciones. BBVA ha lanzado el primero, que replica al índice español de referencia. Es el comienzo. A la vuelta del verano saldrán másPara invertirPara invertir

Es el Producto'. Así, con mayúsculas, define un gestor los ETF (Exchange Traded Funds), o fondos cotizados. La característica principal es que es un fondo, pero que cotiza y se negocia en tiempo real en los mercados de acciones. En las instituciones de inversión colectiva (IIC) clásicas, las órdenes de compra se hacen efectivas con un día de retraso. Se da la orden en una sesión, el precio es el del valor liquidativo (patrimonio entre participaciones) al cierre de negociación y la suscripción se materializa al día siguiente. Además de su flexibilidad, el primer ETF listado en España tiene otra particularidad: su objetivo es imitar la evolución del Ibex 35. BBVA lanzó el jueves su ETF Acción Ibex 35, el primer producto que se emite al amparo de la nueva ley de fondos. El precio de los títulos es el valor del Ibex dividido entre 1.000; 11,33 euros al cierre del viernes. Santander, Barclays y Lyxor, las otras tres entidades con licencia para copiar el Ibex 35, registrarán sus fondos en septiembre, previsiblemente junto a otros ETF sobre índices como Latibex y Euro Stoxx. Varias firmas extranjeras ya han solicitado permiso para listar sus fondos en España. El negocio ha empezado.

'Era una exigencia del mercado tener esta opción', valora Guillermo Moreno, de Renta 4. 'El ETF es una forma muy rápida de entrar y salir en el mercado. Es más eficiente que comprar una cesta de valores por cuenta propia si se busca imitar la trayectoria del Ibex 35. En un fondo cotizado sólo se paga un canon, mientras que adquiriendo una cesta hay que pagarlo por cada una de las acciones', añade Moreno. 'Tiene la ventaja frente a un fondo de que puedes hacer operaciones intradía, aunque los fondos tradicionales se benefician de no tener que pagar peaje fiscal por el traspaso de un producto a otro, mientras que esa opción no está contemplada en el ETF', completa el experto de Renta 4.

El recorrido del fondo ETF tiene dos pasos, el mercado primario y el secundario. En el primario participan la gestora, los creadores de mercado y los especialistas, habilitados para hacer de proveedores de liquidez. En este mercado es donde acceden los inversores autorizados para realizar suscripciones y reembolsos de participaciones del ETF. Después viene el mercado secundario, donde las participaciones se intercambian como si se tratara de una acción, si bien en los fondos cotizados, los especialistas dotarán de liquidez al valor.

'Al existir un mercado primario se asegura la posibilidad de arbitraje y, por tanto, la inexistencia de diferencias significativas entre el valor liquidativo teórico y el precio del ETF en el mercado secundario', explican desde BBVA. Cuando el precio en el mercado supera al valor teórico, el especialista compra el fondo en el mercado primario y lo coloca en el secundario. Una operación en la que se embolsa la plusvalía, además de ajustar el precio del activo.

La guerra no estará en las comisiones

El fondo del BBVA ha salido al mercado con unas comisiones muy reducidas. Un 0,33% en gestión y un 0,05% en depositaría. A este 0,38%, el inversor deberá sumar los gastos de compraventa, al realizarse a través del mercado bursátil, y la comisión de depósito de valores, ambas variarán en función de la entidad financiera que haga la operación. Los expertos creen que la diferencia entre un ETF y otro no estará en los gastos. 'Las comisiones van a ser muy ajustadas y el criterio para elegir entre un ETF y otro va a ser la liquidez', apunta Ramón Olleros, de Morgan Stanley, ante la inminente salida de los nuevos fondos cotizados sobre el Ibex 35.

'El éxito del producto dependerá de la campaña de marketing ante su arranque, de que tenga precios competitivos y de que no haya muchas diferencias entre el valor teórico y el estimado, lo cuál ocurrirá si el ETF se convierte en un instrumento muy líquido', corrobora Alberto Morillo, de Consulnor.

Los analistas están convencidos de que el producto encajará en España, ya que facilita la exposición al Ibex con menos costes operativos y financieros y de una manera más sencilla que los derivados, que constituían hasta ahora la alternativa. Los derivados consisten en futuros y opciones. Los futuros son contratos por los que el comprador se obliga a adquirir un activo a un precio pactado y en una fecha determinada, mientras que la contraparte acepta vender el activo en esas condiciones. En las opciones, lo que se adquiere es una opción de compra (call) o de venta (put). Si llega el momento de vencimiento y las condiciones son adversas, simplemente no se ejecuta el derecho y lo que se pierde es la prima que se ha pagado.

'En los futuros hay un coste económico, que deriva de las comisiones y el depósito en garantía, que exige el mercado el MEFF para poder operar, y un coste operativo, ya que los futuros vencen y hay que hacer renovaciones constantes rollover para seguir expuesto, renovaciones entre las que suele haber un diferencial spread entre el activo que vence y el nuevo', explica José Luis Blázquez, de BNP Paribas.

En su presentación en Bolsa, BBVA informó el jueves pasado de que las suscripciones del fondo ETF Acción Ibex 35 habían alcanzado los 110 millones de euros. La meta es llegar a 600 millones bajo gestión para finales de año y conseguir que el valor se convierta en el quinto más negociado del mercado. El fondo se ha estrenado en un momento de baja actividad, con un número creciente de inversores en retirada estival. La negociación media de sus dos primeros días fue de algo más de 11 millones de euros. Por encima de casi una decena de empresas del Ibex 35, pero lejos de esa anhelada quinta posición.

Aunque el producto está dirigido a toda clase de inversores, los directivos de BBVA reconocen que, de momento, los que están tirando del activo son los institucionales. 'El fondo ETF es interesante para lograr exposición en mercados remotos, a los que no se tiene acceso fácilmente', reconoce José Luis Blázquez. 'Por eso, el éxito de un ETF sobre el Ibex dependerá paradójicamente de la demanda del inversor extranjero sobre este tipo de productos', determina el experto de BNP Paribas.

'Los fondos de fondos se están generalizando y para alguien que quiera tener una cartera recogiendo la Bolsa europea no hay nada más sencillo que comprar un ETF de cada uno de los índices europeos', sugiere Juan Solana, de Intermoney. 'Los fondos cotizados son una de las formas más eficientes y rápidas de ganar exposición en un cualquier mercado', confirma Ramón Olleros.

Société Générale, la matriz de Lyxor, ya ha anunciado que estudia registrar en la Bolsa española fondos cotizados sobre mercados como el japonés, el chino o el ruso, que ahora son prácticamente inaccesibles para un pequeño inversor. Un estudio de Morgan Stanley señala que hay más de 520 fondos cotizados en el mundo, que se corresponden con más de 730 registros diferentes en distintos mercados.

Presión sobre el Ibex

El desembarco de los fondos cotizados en España promete transformar el mercado. 'Un factor muy interesante es que, al tener que estar invertido en las empresas que componen el índice que replica, va a dar una presión añadida a estos valores, sea a la baja, o sea al alza', apunta Juan Solana. 'Ahora sí se va a ver la diferencia entre estar dentro del índice o fuera de él', concluye.

Aunque sean un producto por desarrollar en España, los ETF tienen una incidencia muy relevante en Wall Street. 'El fondo que imita al Nasdaq conocido como QQQQ, o 'los cubos' es el tercer activo más negociado del Nasdaq, por detrás de Microsoft e Intel', señala David Navarro, de Inversis. Los datos de Morgan Stanley revelan que la cuádruple Q movió en mayo 4.915 millones de dólares (3.900 millones de euros) al día, más de lo que hace en muchas sesiones todo del mercado continuo español, compuesto por más de 120 valores.

El éxito del ETF del Nasdaq no es un caso singular; el fondo Spider o SPDR, que persigue replicar al S&P 500, negoció en mayo más de 10.400 millones de dólares (8.300 millones de euros) al día; el Diamonds, el que sigue al Dow Jones, tenía una contratación diaria de más de 1.040 millones de dólares (825 millones de euros). Europa está más rezagada, el volumen de activos bajo gestión por todos los ETF que cotizaban en mayo era de 54.230 millones de euros, casi cinco veces menos que el de EE UU. Queda un larguísimo camino por recorrer.

El ruinoso precedente de Fastibex

El primer intento de replicar la evolución del Ibex terminó en un desastre absoluto. La sociedad de cartera Fastibex, creada por Benito & Monjardín, salió a cotizar en abril de 1998 con el propósito de copiar la evolución del índice. Se vendió como un producto ideal para el inversor minorista que quisiera diversificar su cartera y no pudiera acceder a los derivados, por la complejidad de este producto de inversión.

El invento funcionó a medias al comienzo, aunque nunca consiguió plenamente su objetivo, que era el de convertirse en una copia exacta del Ibex.

Pronto se convirtió en un problema de fe: los inversores tenían que creerse que la cartera de Fastibex equivalía al valor del Ibex y pagar por ello. Los clientes dejaron de comprar al no estar convencidos de que luego pudieran vender.

La falta de liquidez terminó por ahogar a la compañía que, a partir del año 2000, renunció a su razón primigenia y entró en una especie de liquidación controlada, devolviendo a los accionistas las aportaciones.

Los últimos pasos de Fastibex fueron de estrambote. La accionista de referencia de la compañía, Margarita González García, vendió en diciembre de 2003 toda su participación (un 24,94% del capital) un día antes de que la sociedad de cartera comunicara a la CNMV la decisión oficial de iniciar el proceso de liquidación. El regulador suspendió la cotización de Fastibex en febrero de 2004 y la firma calculó en 0,09 euros por acción el haber social final de la sociedad. Cuatro meses antes, Fastibex cotizaba a 1,99 euros.

Para un fondo clásico es imposible imitar la evolución del Ibex, ya que la legislación limita al 10% la participación máxima de un valor en una cartera. Además, la suma de activos que superen el 5%, no puede exceder del 40% del total.