EDITORIAL

El golpe de efecto de Evo Morales

Bolivia cuenta con las mayores reservas de gas natural de toda Latinoamérica, exceptuando a Venezuela. Además, posee importantes yacimientos de oro, plata, zinc, plomo y estaño. Sin embargo, más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y es uno de los países del mundo con un reparto más desigual de la riqueza. Con estos antecedentes, no sorprende que el líder indígena Evo Morales ganase las elecciones enarbolando promesas como la de 'poner fin al saqueo' de los recursos naturales bolivianos por parte de las multinacionales extranjeras. Un discurso populista que recuerda al del venezolano Hugo Chávez y que ha calado con fuerza entre los bolivianos.

Con la firma del decreto expropiatorio, cuyo contenido y desarrollo reglamentario aún se desconoce con exactitud, Morales cumple la principal de sus promesas: recuperar la propiedad de los hidrocarburos y forzar a las petroleras a renegociar los contratos para permitir que un porcentaje mayor de recursos queden en las arcas bolivianas. Una decisión que sin duda tendrá un coste para compañías como la brasileña Petrobras, la francesa Total o la española Repsol YPF.

La decisión del presidente boliviano fue recibida con alarma y preocupación tanto por los Gobiernos de España y Brasil como por parte del Ejecutivo europeo. El Ejecutivo español advirtió a Morales que no debe enviar 'una señal negativa' a los inversores internacionales. El equipo de Lula da Silva se quejó ante lo que considera 'un gesto no amistoso que puede ser entendido como una ruptura' del entendimiento mutuo. Y Bruselas lamentó que Bolivia no haya abierto un 'proceso de consulta' antes de tomar esta decisión.

Gran revuelo, pues, en la arena política ante una decisión que, sin embargo, fue recibida con relativa calma por los inversores. Primero, porque ya había sido largamente anticipada. Segundo, porque lo que puede suponer un cambio radical para las arcas públicas de Bolivia probablemente sólo suponga un ligero traspié para las cuentas de las petroleras.

En el caso de Repsol, los analistas de Citigroup cifraban ayer mismo entre un 2% y un 3% el posible impacto en los beneficios de la compañía. Un daño importante, pero no tan severo como las reacciones políticas desencadenadas tras la decisión de Morales. De hecho, las acciones de Repsol cerraron la sesión perdiendo un 0,63%. En Brasil, Petrobras subía un 1,6% a media sesión. En cuanto a la francesa Total, se revalorizó un 1,09%, ante el repunte del petróleo por la creciente tensión en Irán.

Más que los efectos económicos y legales del decreto, preocupa la escenificación del mismo. De cara al electorado, Morales probablemente necesita revestir su decisión de un aura de corte revolucionario. De ahí los discursos incendiarios, la ocupación de las instalaciones por parte del Ejército y las coloridas pancartas confiscatorias. Pero el líder indigenista debería empezar a asumir que, como presidente del Ejecutivo, está obligado a suavizar sus formas si no quiere espantar a las multinacionales, que son las que hacen posible la explotación de los recursos bolivianos. Sólo así podrá llevar a buen puerto el compromiso asumido ante el pueblo boliviano.