Las dos caras de la subida de tipos
El presidente del BCE ha cumplido su palabra para despejar las dudas sobre su manera de actuar en el futuro. Hace una semana decía que 'iban encaminadas las interpretaciones que anticipaban un endurecimiento de la política monetaria' y ayer subió los tipos de interés un cuarto de punto, al 2,5%. La zona euro dispondrá de un itinerario diáfano del comportamiento de la política monetaria mientras su conductor sea Jean-Claude Trichet.
Este planteamiento revela que el encarecimiento del dinero no ha terminado. Los temores a un rebrote de la inflación, así como los abultados volúmenes de liquidez generados por tres años de tipos en el mínimo histórico y sistemáticos crecimientos de las rentas de empresas y particulares seguirán condicionando la política de tipos. Además, el peligroso sesgo que ha tomado la inversión residencial en algunos países es una deriva insana de la actividad económica que el banquero francés quiere atajar de inmediato.
Las llamadas políticas a mantener los tipos bajos no han servido. Trichet entiende que hay países que necesitaban ya las dos subidas aprobadas desde diciembre, y seguramente otras dos antes de que termine el año. El socorro de la economía alemana, la más perezosa en la recuperación, ha concluido, ya que su actividad no depende ya de unos tipos bajos, a juzgar por su comportamiento en los tres últimos años, sino de la generación de confianza interna, que podría haber llegado con el Gobierno de coalición.
España es el mejor ejemplo de la necesidad de tipos más altos para enfriar una demanda muy acelerada que echa leña al fuego de la inflación y que está excesivamente sesgada hacia la inversión inmobiliaria, de limitado recorrido productivo. Esta inclinación por la adquisición de viviendas ha colocado la deuda familiar en máximos. Por ello, una subida de tipos alivia las variables macroeconómicas, pero daña las economías domésticas. Ese es el riesgo de una zona monetaria con crecimiento asimétrico en cantidad y calidad.