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Arte para la integración latinoamericana

Una casa forrada por completo, incluido el baño, de peluche fucsia; una ruleta que representa el sol azteca y denuncia la invasión de los productos made in China; un jardín paradisíaco no exento de peligros; tubos de acero entrelazados con toboganes de resina, y una habitación repleta de camisas blancas idénticas colgadas de barras se han dado cita a la orilla del río Guaíba para promover la unión entre los países latinoamericanos.

Bajo el tema Historias del arte y del espacio un total de 173 artistas de Brasil, Argentina, México, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay (junto a cuatro invitados europeos y de EE UU) expondrán en Porto Alegre, capital del Estado Rio Grande do Sul, lo más representativo del arte latinoamericano hasta el 4 de diciembre.

En un momento en el que las relaciones económicas y comerciales de América Latina están lejos de formar una unidad, como se ha propiciado con tratados como el del Mercosur, la Bienal pretende ser un elemento integrador.

'La Bienal está ejerciendo un papel importante en la aproximación de los pueblos latinoamericanos a través del arte, que va a facilitar que todas las relaciones, incluso las del campo económico sean más fáciles', afirma Elvaristo Teixeira do Amaral, presidente de la Fundación Bienal de Artes Visuales del Mercosur.

Surgida en 1997, la Bienal del Mercosur ha ido incorporando otros países de fuera del bloque comercial que lleva su nombre (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) y que en la práctica nunca se ha llegado a concretar, convirtiéndose en una muestra que abarca casi toda la región. 'El concepto Mercosur está quedándose anacrónico. La Bienal surgió con alianzas que parecen tener más vida que los fundamentos económicos que mantienen tambaleante al Mercosur', opina Gabriel Peluffo, comisario que ha seleccionado las obras de Uruguay.

El objetivo de tumbar fronteras se ha traducido en la muestra con la división de las obras por temas, no por países, como se venía haciendo. Así, hay cuatro secciones (De la escultura a la instalación, Transformaciones del espacio público, Direcciones en el nuevo espacio y la Persistencia de la pintura), repartidos en varios centros culturales de la ciudad brasileña, como los almacenes del puerto, la Central del Gasómetro, el Museo Margs y la sede del Santander Cultural, principal patrocinador del evento.

Uno de los edificios declarados patrimonio artístico de la ciudad, la sede del Santander Cultural acoge parte del núcleo histórico de la Bienal, con obras de artistas como Helio Oiticica, Lygia Clark, Lygia Pape, Max Bill y Franz Weissmann, entre otros, mostrando la evolución del arte moderno al contemporáneo.

Un espacio singular está reservado al escultor brasileño Amilcar de Castro, que falleció en 2002 y a quien se hace un homenaje con una de las mayores retrospectivas de su obra. De Castro es uno de los exponentes del denominado movimiento neoconcreto, que reorientó en Brasil el constructivismo, corriente de mediados del siglo pasado.

Entre los artistas actuales se encuentran los brasileños Iole de Freitas, Ernesto Neto, Carlos Vergara y Antônio Dias; el paraguayo Carlos Fajardo; la boliviana Raquel Swartz; el mexicano Einar de la Torre, y el argentino Román Vitali.