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Los efectos en la salud del deporte de alto nivel

En la parte negativa, las lesiones articulares y en la positiva, la mejora cardiaca

El deporte de élite, como el resto de profesiones, tiene sus riesgos. A falta de estudios concluyentes, los médicos no se ponen de acuerdo sobre las consecuencias a largo plazo del ejercicio físico de alta competición en sus practicantes. Y al fondo de todo, el dopaje, siempre en la frontera entre la medicación responsable y los experimentos peligrosos.

Las consecuencias más evidentes del deporte de alto nivel, a corto plazo, son las lesiones osteoarticulares. Diagnósticos como el codo de tenista son habituales, debido a la sobrecarga producida por la actividad continua. En las disciplinas en las que se alcanza la alta competición a edad muy temprana, como la gimnasia, las lesiones tienen el peligro añadido de afectar al crecimiento. Los golpes son típicos de los deportes de contacto y de equipo.

Aunque el ejercicio potencia la capacidad pulmonar y sanguínea, el estrés y el sobreentrenamiento pueden llevar a una 'mala adaptación cardiovascular', según el doctor Ricard Serra, del Hospital Sant Pau de Barcelona. 'En todo caso, es una cuestión psicológica al 40%'.

A largo plazo el ejercicio profesional puede dejar secuelas en las articulaciones, aunque 'no tienen riesgo vital', asegura Serra. 'En cambio, la capacidad cardiovascular, que es más peligrosa, mejora en los deportistas retirados.' Esa es la conclusión de una investigación del propio Serra, que evaluó a ex profesionales de hasta 58 años.

'Los estudios de este tipo se contradicen entre sí', según Pedro Manonelles, de la Federación de Medicina Deportiva. Charo Ureña, del departamento médico de la Federación Española de Baloncesto, lamenta que no se analicen cosas como 'la influencia de la competición en la osteoporosis de las mujeres'. Ureña advierte de los peligros que entraña el ejercicio físico irregular posterior al retiro: 'El ex deportista pierde mucha de su capacidad física, pero mantiene las ganas de ganar, lo que supone más riesgo de lesionarse.'

Consecuencias del dopaje

La persecución del dopaje responde a dos principios, según el Comité Olímpico Internacional: preservar la ética y la igualdad de la competición, y proteger la salud de los deportistas. Cesáreo López Rodríguez, médico de la Federación Española de Ciclismo, reconoce que no siempre está clara la barrera entre las ayudas ergogénicas (que mejoran el rendimiento) legales y las prohibidas. El doctor Luis García del Moral, del Instituto de Medicina Deportiva de Valencia, cree que las infiltraciones articulares, que se realizan para anestesiar el dolor y que el deportista pueda competir, 'podrían ser consideradas dopantes', pues también tienen efectos adversos.

'Ningún deporte se escapa del dopaje', asegura Pedro Manonelles. Cada uno recurre a un producto distinto, según pretenda mejorar la velocidad o la resistencia. Y los efectos varían mucho de unos a otros. Bajo el epígrafe de dopantes se listan sustancias tan distintas como los anabolizantes, que no tienen uso médico salvo en enfermedades graves, y que producen graves alteraciones hormonales y hepáticas en sus consumidores, y los corticoides, cuyo efecto sobre el rendimiento 'no está claro', según Manonelles, y que se utilizan fuera del mundo del deporte sin receta médica.

Entre las prácticas más peligrosas destacan las que afectan a la sangre. El dopaje sanguíneo y la hormona EPO incrementan la resistencia, pero también la tendencia a la coagulación, y pueden ser mortales. Otras sustancias, como los diuréticos, que pueden enmascarar otros productos ilegales, alteran el metabolismo y son especialmente dañinas combinadas con la deshidratación.

Dopaje y sobreesfuerzo son los peajes que algunos pagan por llegar 'más alto, más lejos, más fuerte'. La competición, por definición, lleva a la gente al límite de sus posibilidades. En sus manos está decidir, conscientes de las consecuencias, si el esfuerzo les compensa.

Secuelas psíquicas

Aunque suele prestársele poca atención, el aspecto psicológico del deporte puede ser tan relevante o más que el físico. La aspiración de triunfo y la propia superación compensan, para muchos deportistas, el riesgo de lesionarse y el sacrificio del entrenamiento, pero el exceso de presión del entorno o de uno mismo, por la victoria o simplemente por mantener la beca o el contrato, 'incrementan la probabilidad de padecer estrés u otras patologías de índole psicológica', como asegura Roberto Ruiz, experto en psicología deportiva.

Casos como el del futbolista Iván Campo, que admitió tener una depresión, 'han contribuido a que se rompa el miedo de los deportistas y de las instituciones a los psicólogos', recalca Roberto Ruiz.

Estrés padecen también los entrenadores, en muchos casos para evitar que lo sufran sus pupilos, y los árbitros, por la presión del público y de los propios jugadores.

El Gobierno prepara la reforma de la ley antidopaje

El Consejo Superior de Deportes (CSD) lanzó en febrero un Plan Nacional Antidopaje que deberá entrar en vigor en esta legislatura, y que aplicará el Código Penal a los miembros del entorno de los deportistas (entrenadores, médicos) que trafiquen con sustancias dopantes. Estas penas no afectarán a los propios profesionales, que seguirán recibiendo sanciones exclusivamente deportivas. El modelo seguido es el de Francia, que junto a Italia aplica las leyes penales al dopaje.

El proyecto no ha sido bien recibido por la Federación Española de Medicina Deportiva. Su secretario general, Pedro Manonelles, considera que, con el Plan, las autoridades 'están perdiendo el norte, al dedicarle mucha más atención al dopaje que a la propia salud del individuo.' Manonelles contrapone a la iniciativa del CSD las carencias que, a su juicio, tienen los sistemas de control sanitario en España. 'A diferencia de otros países como Italia, los deportistas de alto nivel no están obligados a pasar exámenes médicos por ley, y la decisión se deja en manos de cada federación', explica.

El problema no es sólo español, según Manonelles: 'Los médicos insistimos en cosas como que los horarios televisivos no obliguen a los maratonianos a correr a las cuatro de la tarde.'