Dudas sobre la reforma laboral
El Gobierno instó ayer a la patronal y a los sindicatos a acelerar las negociaciones sobre la reforma laboral y advirtió, por primera vez, que legislará unilateralmente si no hay acuerdo entre los agentes sociales. El aviso se produce tras un año de práctico estancamiento en las conversaciones y significa un giro en la estrategia del Ejecutivo, que hasta ahora insistía en que no gobernará en materia laboral sin el respaldo de los sindicatos y la patronal.
Pero mañana se cumple un año desde que el presidente del Gobierno y los firmantes de la Declaración para el diálogo social -CEOE, CC OO y UGT- se comprometieron a hacer 'todo lo posible' para tener cerrado un acuerdo en la primavera de 2005. Estamos en pleno verano y el acuerdo se vislumbra como muy difícilmente alcanzable. Desde ese punto de vista, el volantazo del Gobierno se antoja como un aviso, pero también como un deber ante los ciudadanos.
Las posturas de patronal y sindicatos están muy alejadas. Mientras la CEOE dice que rechazará cualquier acuerdo que no 'suponga mayor flexibilidad en el mercado de trabajo', los sindicatos no quieren suscribir una reforma sin límites importantes a los contratos temporales. El problema es mayor porque la falta de avances no se circunscribe sólo al ámbito de la reforma laboral, sino a casi todos los temas de negociación (trece en total) del acuerdo de hace un año. Alguno, como el trascendental de la reforma de la negociación colectiva, ni se ha tocado y la esperanza de pactar antes de fin de año la del sistema de pensiones y protección social también se difumina.
Puede que la fórmula de la negociación a tres -patronal, sindicatos y Gobierno- no sea el método más eficaz, pero los agentes sociales tienen un compromiso con los ciudadanos que no pueden aplazar. Así acallarán la sospecha de que no les interesa cambiar nada.