El Gobierno insta a acelerar la reforma del mercado laboral
Cansado de esperar acuerdos que no llegan, el Gobierno cree que ha llegado la hora de urgir más seriamente a los empresarios y a los sindicatos a que acerquen sus posturas en las negociaciones de la reforma laboral. Para ello ha lanzado, por primera vez desde que se inició el diálogo social, mañana hace un año, un claro mensaje: si no hay acuerdo, el Gobierno hará su propia reforma.
El Ejecutivo 'tiene la misión de buscar hasta el final un acuerdo que sea respaldado por los agentes sociales', señaló ayer el secretario general de Empleo, Valeriano Gómez. Sin embargo, si esta negociación no termina con acuerdo, el Gobierno 'no renuncia a gobernar'.
Gómez hizo estas declaraciones tras entrevistarse con una delegación del Fondo Monetario Internacional (FMI) interesada por conocer la marcha de la reforma laboral. El responsable de Empleo no concretó, sin embargo, cuánto tiempo está dispuesto a esperar el Ejecutivo para favorecer el acuerdo. 'No hay grandes urgencias', dijo, ni en la situación económica ni en el mercado de trabajo que obliguen a tomar decisiones, así 'merece la pena agotar el tiempo que sea necesario'.
La lentitud del diálogo y la actitud de UGT sobre la protección social alejan la reforma de las pensiones
Hasta ahora el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, había dicho hasta la saciedad que de no haber acuerdo, el Gobierno no legislaría en solitario, es decir, que no habría una reforma laboral sin consenso. El propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se comprometió el pasado 8 de julio de 2004 -tras la firma en La Moncloa de la Declaración para el diálogo social, para mejorar el empleo y la competitividad- a no gobernar en materia laboral sin el respaldo de sindicatos y patronal. Recientemente, el líder del Ejecutivo reiteró esta idea en su intervención en el 39 Congreso Confederal de UGT. El día de la firma de aquella declaración de intenciones, hace ahora un año, Zapatero y los firmantes del acuerdo -José María Cuevas (CEOE), José María Fidalgo (CC OO), Cándido Méndez (UGT)- convinieron que 'harían todo lo posible' para tener cerrado un acuerdo en la primavera de 2005. Ya estamos en verano y el acuerdo se vislumbra poco menos que inalcanzable. Las posiciones entre empresarios y sindicatos están muy distanciadas. El líder de CEOE ha dejado claro que no firmará ningún acuerdo que no suponga 'una mayor flexibilidad del mercado de trabajo', ni siquiera aunque se rebajen medio punto las cotizaciones sociales, como le ha ofrecido el Gobierno.
Posturas irreconciliables
Mientras, los sindicatos no quieren firmar una reforma que no incluya límites importantes al abuso de los contratos temporales y no se dan por satisfechos con la vía de abaratar los costes de los indefinidos para incentivarlos, como también les ha ofrecido el Ejecutivo. Ambas posturas son de partida irreconciliables.
A esto se une la dificultad añadida de la fórmula de negociación escogida, de carácter tripartito. A diferencia de otras reformas laborales, los empresarios y los sindicatos no están negociando en solitario, sino que el Ejecutivo es una pata más de la mesa negociadora.
Esto está generando ciertos problemas hasta el punto de haber paralizado la negociación, porque Trabajo se niega a presentar sus propuestas por escrito hasta que patronal y sindicatos no acerquen sus posturas, algo que critican, sobre todo las centrales sindicales, que son las únicas que sí han puesto negro sobre blanco sus propuestas. Ayer, Gómez volvió a insistir: 'tiempo habrá para concretar por escrito' la posición del Ejecutivo, pero eso será cuando haya 'avances sustanciales en las materias de negociación'.
Si bien la falta de avances no se ciñe sólo a las negociaciones de la reforma laboral. En la declaración del 8 de julio pasado había 13 temas de negociación, algunos de los cuales, como la reforma de la negociación colectiva, ni siquiera se han abordado. La otra gran reforma prevista en este plan es la del sistema de pensiones y protección social. Las esperanza del Gobierno de pactar esta reforma antes de fin de año para poder incluirla en los Presupuestos se ha disipado definitivamente. La lentitud con la que se está negociando y los mensajes lanzados por UGT mostrando poca disposición a llevar a cabo determinadas reformas de la protección social alejan la posibilidad de modificar el sistema de pensiones. Los únicos acuerdos habidos en un año son los referidos a la inmigración, cuyo resultado ha sido el proceso de regularización extraordinaria, y a la resolución extrajudicial de conflictos. Otras mesas de negociación, como las de formación, salud laboral o dependencia, avanzan también con lentitud, cuando no están estancadas.
'El Gobierno no tendrá más fotos gratis'
Los ánimos empiezan a caldearse. Algunos de los negociadores de la reforma laboral están dando señales de perder la paciencia. Fuentes patronales aseguran que los empresarios nunca le han negado la colaboración a ningún Gobierno, pero que llegada la situación actual, no pueden proporcionar al Ejecutivo la escenificación pública de acuerdos vacíos de contenido.Algo idéntico opinan en Comisiones Obreras, donde gráficamente aseguran que 'el Gobierno no tendrá más fotos gratis'.Mañana se cumple un año desde que los máximos líderes del Gobierno, la patronal y los sindicatos se comprometieron públicamente en el palacio de La Moncloa a negociar todas las reformas económicas necesarias para impulsar 'la competitividad, el empleo estable y la cohesión social'. Aquella declaración, con la que el PSOE inauguraba su etapa de diálogo social, heredada del anterior Gobierno, levantó numerosas expectativas, sobre todo en el mercado de trabajo. Un año después, el único fruto de aquel encuentro en la Moncloa es una foto y una declaración que hasta ahora sólo se ha manifestado como un guión bienintencionado pero sin demasiado contenido.El arranque no pudo ser peor. La primera mesa de diálogo que se abrió para reformar el salario mínimo interprofesional hubo que cerrarla en falso, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo. No hubo foto, por tanto, y el Gobierno tuvo que legislar a medias y postergar el término de esta reforma hasta que las aguas estén más calmadas. A la luz del transcurso de los acontecimientos puede ocurrir lo mismo con otras reformas pendientes.