CincoSentidos

Los militares de Franco, de las Cortes a los cuarteles

La presencia de los 'espadones' en la esfera pública española ha sido recurrente a lo largo de la era contemporánea. Nombres como Espartero, Narváez o Primo de Rivera lo atestiguan. Francisco Franco fue el último protagonista castrense en la política nacional. Durante las casi cuatro décadas que duró su régimen, 40 militares ocuparon carteras ministeriales. Ahora, el historiador y general de brigada Miguel Alonso Baquer repasa el comportamiento del generalato desde los años de la II República a la Transición. Franco y sus generales, publicado por Taurus, es una visita a los entresijos de los cuarteles de la mano de un militar de carrera.

'En el siglo XIX, los militares no formaban un bloque, sino que encabezaban las grandes corrientes políticas', explica Alonso. Aunque con la dictadura de Primo de Rivera el Ejército se hizo con el poder 'en nombre de la propia institución militar', no sería hasta el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 cuando 'los miembros de las Fuerzas Armadas asumieron la responsabilidad de gobernar'. Según Alonso, fue la fractura social que vivía la España de la época lo que llevó a esa situación anormal, con soldados gobernantes.

Pero si el franquismo supuso la eclosión de la presencia de generales en tareas ejecutivas, también fue en estos años cuando se fraguó su retorno a los cuarteles. 'El propio régimen se dio cuenta de que no era buena la excesiva implicación de los militares de carrera en la conducción política de la nación, y abrió paso primero a una burocracia civil y, luego, a una reforma política'. Durante los gobiernos franquistas, los militares se harían cargo de tres grandes áreas de responsabilidad: los asuntos exteriores, la política interior y los temas de defensa. Beigbeder y Gómez Jordana fueron los únicos soldados que estuvieron al frente de la política internacional española durante el régimen. Después de 1944, este trabajo pasaría a manos civiles. En los asuntos de interior 'su presencia será frecuente, pero no constante', apunta el autor. Sólo las labores de defensa fueron siempre exclusivas de los generales de Franco.

El dilema entre la sucesión y la reforma

La muerte de Franco puso sobre el tapete una cuestión trascendental: ¿qué sería del franquismo una vez desaparecido su fundador? Según Miguel Alonso, este tema hizo surgir dos problemas entre la clase militar. 'Uno era la sucesión en la Jefatura del Estado y, el otro, la reforma de las instituciones políticas'. Entre los generales más cercanos al poder, 'la restauración monárquica era algo muy compartido, pero que se produjera una reforma del sistema político estaba siendo discutido'. Y añade, 'para las FF AA hubiera sido menos problemático una cierta separación entre los dos actos'.