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Familiar y todoterreno al mismo tiempo

Nada tiene que ver el actual Kia Sportage con el modelo de idéntico nombre que algunos usuarios adquirieron en su día. Y es que el primer Sportage, contaba con un bastidor de escalera de vigas, además de con tracción trasera conectable a total mediante una caja tránsfer, o de reductoras. Ahora, su carrocería monocasco es similar a la de cualquier turismo, por lo que su comportamiento sobre asfalto está fuera de dudas.

Posiblemente su capacidad campo a través haya cedido enteros -la rigidez es menor- pero sin ser un vehículo ideado para ello se defiende bien en pistas arenosas. Sobre todo por sus generosos ángulos de ataque y salida, su altura libre al suelo y su sistema de tracción a las cuatro ruedas, a tiempo parcial.

Es decir, en condiciones de buena adherencia, el Sportage se mueve a través de sus ruedas delanteras, pero cuando los sensores del mecanismo detectan pérdidas de motricidad mandan automáticamente parar al eje trasero, a través de un viscoacoplador. El conductor no tiene que intervenir en la operación, pero mediante un botón situado a la izquierda del volante puede bloquear el sistema, de modo que la tracción quedaría permanentemente dividida a las cuatro ruedas -modo 4x4 a tiempo completo-.

El habitáculo del Sportage puede alojar hasta cinco pasajeros

Por lo demás, el coche aporta un diseño fresco y desenfadado. Su habitáculo está capacitado para alojar hasta cinco pasajeros, llegado el caso. Además, suma un maletero razonable y, de paso, una vez abatidos los asientos traseros -divididos en secciones asimétricas- se disfruta de una zona de carga completamente plana y fácil de limpiar, gracias a la superficie de plástico rígido que oficia de suelo. Un apunte más: el portón trasero monta luneta de apertura independiente.

Tres motores

En lo mecánico, el Sportage disfruta de opciones de gasolina y gasóleo. Las primeras, de cuatro y seis cilindros, cubican respectivamente 2 y 2,7 litros, con 141 -lleva distribución variable- y 175 CV.

Ofrecen buenas prestaciones, pero también consumos elevados, sobre todo en el caso del 2.7. Más interesante puede ser la, por el momento, única alternativa animada por gasóleo, un 2.0 CRDi de cuatro cilindros y 112 CV, acoplado a un cambio manual de cinco marchas -como en el 2.0- o automático y secuencial de cuatro -común al V6-, que consigue cerca de 170 km/h con poco más de siete litros cada cien kilómetros recorridos.

Es interesante saber que cualquiera de estos motores procede de Hyundai. Y es que, de hecho, el Sportage es un calco del también SUV Tucson, un todocamino fabricado por Hyundai -propietaria de Kia- y recientemente puesto a la venta.

En esencia, y salvo por las lógicas diferencias estéticas de cada cual, son el mismo vehículo, con idéntico rendimiento, tecnología y capacidad. Así, la elección puede depender de la afinidad de marca, la proximidad de un taller oficial -más numerosos en el caso de Hyundai- o los descuentos puntuales de cada coche. Sobre todo porque, para complicar algo más las cosas, los equipamientos de serie en ambos casos son casi simétricos: desde aire acondicionado -o climatizador, en función de acabados- hasta llantas de aleación, audio-CD, cuatro elevalunas eléctricos y cierre con mando a distancia, alarma, faros antiniebla, control de tracción TCS, seis airbag, antibloqueo ABS.