EDITORIAL

Una crisis esperada

Los 12.000 despidos anunciados ayer por la división europea de General Motors han provocado escasas reacciones de sorpresa en el sector. No en vano, el mayor fabricante de coches del mundo ha cosechado 2.440 millones de euros de números rojos en el último lustro. La razón de estas pérdidas hay que buscarla en la continua erosión en las ventas en la última década, provocada por la incapacidad para prever el auge del diésel, y el apogeo de numerosos rivales que vendían coches mejor equipados en ocasiones y a mejor precio casi siempre. Por ello, Opel, la mayor marca de GM en Europa, ha ido perdiendo terreno sin que su estructura sufriese una evolución similar.

General Motors, en cualquier caso, no constituye más que otro ejemplo de los problemas de productividad que afectan a la industria alemana en general y a la del motor en particular. Opel, al igual que Volkswagen, también ha mostrado escasos reflejos al adecuar de forma escalonada unas capacidades desorbitadas para un mercado estancado, y ahora se ve obligada a apretar las tuercas a sus plantillas para subsistir.