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La verdad sobre los alimentos sanos

Qué se llevaría del estante de un supermercado si tuviese que elegir entre estas tres opciones: un alimento 'con bajo contenido en grasa', otro 'con contenido reducido en grasa' o un tercero 'en un 90% exento de grasa'? Según los datos de la Unión Europea, tanto usted como casi todos los consumidores elegirían la tercera opción. Y todos se equivocarían. ¿El motivo? Un alimento con un 10% de lípidos no es un alimento con bajo contenido en grasa, con independencia del volumen que tuviese originalmente.

Experiencias como ésta han impulsado a la Comisión Europea y a los Estados miembros a preparar una propuesta de reglamento (una norma de aplicación directa en toda la UE) que regulará los alimentos cuyas etiquetas o publicidad aludan al valor nutritivo o beneficios para la salud. El ejemplo más claro de este tipo de productos son los alimentos funcionales -enriquecidos con nutrientes, vitaminas y minerales- y los alimentos light o de bajo contenido en grasas y azúcares. 'Es un reglamento vital tanto para la industria alimentaria como para los consumidores. Para las empresas porque aluden cada vez más a las propiedades nutritivas y saludables de los productos que fabrican y para los consumidores porque el ciudadano europeo ya no come sólo por placer, sino también por salud', explica âscar Hernández Prado, subdirector general de riesgos alimentarios de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA).

El auge de los alimentos enriquecidos (los expertos hablan de que se espera un crecimiento anual del 25% en su consumo) es una muestra de este cambio de actitud del consumidor. Al contrario que en Estados Unidos o en Japón, en Europa no existía hasta el momento ninguna regulación sobre las alegaciones nutricionales y saludables de los alimentos, excepto la prohibición de afirmar que un alimento evita, trata o cura alguna enfermedad. 'Nosotros pensamos que es un tema que debe ser regulado, porque los alimentos funcionales están yendo por delante de la normativa. Para la industria es una buena noticia porque nos va a proporcionar un marco legal claro y más seguridad jurídica', señala Rafael Urrialde, director de marketing de salud y seguridad alimentaria de Puleva.

El texto que se prepara en Bruselas, que no estará listo probablemente antes de finales de 2005, obliga a las empresas a incluir en la etiqueta sólo afirmaciones que desde el punto de vista científico sean 'veraces, claras y fiables'. Para ello la UE elaborará un listado de nutrientes cuyos beneficios para la salud (como es el caso de los ácidos grasos Omega 3) hayan sido demostrados científicamente. Las empresas que quieran comercializar otras sustancias tendrán que probar su base científica ante la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y esperar su autorización.

Además, el reglamento incluye la cantidad de nutrientes que deberán contener los alimentos para poder etiquetarse con expresiones como de 'alto contenido en fibra', 'bajo valor energético' o 'ligero o light'. Según âscar Hernández, de la AESA, algunos de los alimentos que están en el mercado español actualmente ya cumplen estos parámetros, 'y los demás tendrán que adaptarse'.

Para evitar que los consumidores se encuentren con etiquetas con expresiones como ésta: 'El folato puede contribuir a normalizar los niveles de homocistina en el plasma', Bruselas exigirá que las etiquetas puedan ser comprendidas por un ciudadano medio. También se prohibirán las referencias psicológicas y adelgazantes sobre el alimento y las afirmaciones que pongan en duda que una dieta equilibrada y variada no es suficiente para proporcionar las cantidades de nutrientes necesarias en una alimentación saludable.

Vitaminas y minerales

La carrera por regular los nutrientes y productos alimenticios que prometan beneficios para la salud no ha hecho más que empezar. El Gobierno aprobó en octubre una normativa sobre los complementos alimenticios, es decir, las vitaminas y minerales que se comercializan en pastillas o unidades. El texto fija por primera vez la cantidad diaria recomendada de estas sustancias y prohíbe las alegaciones sobre su capacidad de prevención, cura o tratamiento de enfermedades. Para los aficionados a comer a base de pastillas, las etiquetas deberán advertir que los complementos no deben utilizarse nunca como sustitutos de una dieta equilibrada.