EDITORIAL

El coste laboral mueve el capital

La crisis económica en la que entró la economía americana en 2001 se ha llevado por delante al menos dos millones y medio de puestos de trabajo en la industria y los servicios. Pero no todos ellos se han destruido de verdad por la contracción de la actividad. Una buena parte únicamente ha migrado a climas donde los costes de producción, especialmente el laboral, son más baratos. Por tanto, una porción importante del aumento de la tasa de paro de Estados Unidos ha supuesto una reducción paralela de esa misma variable en otras latitudes del planeta.

La globalización ha derribado definitivamente las fronteras a la inversión productiva, sin respetar ni siquiera los tradicionales muros ideológicos o políticos, con anecdóticas excepciones como la cubana. Los costes de los factores productivos móviles se han igualado y abaratado, tanto energía como materias primas o financiación. Exclusivamente el coste de personal y el fiscal (muchas veces asociado al primero) varían en función de la ubicación de la empresa. Y esto es precisamente lo que ha movilizado la inversión de grandes multinacionales americanas, japonesas o europeas en busca de márgenes más competitivos en los costes.

China, Brasil, México y una larga lista de países emergentes con mano de obra cualificada se han convertido en los principales receptores de inversión productiva y agitadores de la actividad mundial. Sirva como ejemplo que el 65% del crecimiento de la exportación de China procede de productos fabricados en su territorio por empresas extranjeras, preferentemente americanas, o de nacionalidad mixta. Esta circunstancia hace pensar dos veces a las autoridades norteamericanas la presión sobre las economías asiáticas para que aprecien sus divisas, puesto que dañarían indirectamente a sus propias compañías.

Este nuevo modelo, que golpea a la franja de ocupados de alta cualificación y remuneración, puede reavivar las peligrosas tentaciones proteccionistas de los Gobiernos, sobre todo de los poderosos, ante la evidente ausencia de nacionalismo del capital.