Metales

Especulación a la antigua en la Bolsa londinense del aluminio

Se buscan dos o tres centenares de miles de toneladas de aluminio. El presunto especulador que atesora este botín ha desequilibrado los precios de un metal necesario para la construcción de aviones, latas de refresco y otras muchas mercancías. Tras una semana de investigaciones, la London Metal Exchange, el mayor mercado mundial de metales no férricos, todavía no sabe qué ha ocurrido exactamente. Y, a pesar de lo voluminoso de la carga, los operadores dudan de que se sepa quién ha comprado y de que se demuestre que ha habido colusión de precios, tal y como presume la LME.

La investigación, iniciada el pasado lunes, tiene como objeto averiguar por qué razón los precios del aluminio para entrega inmediata son superiores a los del aluminio para entrega dentro de tres meses. Esta anomalía rompe la lógica económica, pues el precio a tres meses refleja los gastos financieros y de almacenaje.

Ello sólo se puede explicar a partir de una escasez puntual de aluminio. Pero no cuadra muy bien con el hecho de que las existencias almacenadas en Londres estén en los máximos de ocho años. En total suman 1,3 millones de toneladas, frente a los 1,1 de hace seis semanas. Todo apunta a que un gran operador ha acumulado existencias con la idea de crear una escasez artificial que suba los precios y ganar dinero con ello.

Kevin Noorish, director de análisis de materias primas de Barclays Capital, señala que este fenómeno, conocido también como backwardation, normalmente significa escasez de una materia. 'Pero las existencias del aluminio son altas y, en estas circunstancias, las sospechas siempre caen sobre una manipulación de los precios'.

El aluminio se puede almacenar indefinidamente y tiene una demanda fija, lo que permite especulaciones que serían imposibles con acciones, bonos, oro o materias perecederas. La sencillez de esta estafa, tan antigua como el propio comercio, contrasta con la complicación de un mercado en el que alguien puede comprar 200.000 toneladas de un metal sin que nadie note nada.

1,8 billones al año

La London Metal Exchange es un mercado muy similar a una Bolsa de acciones. Tiene operadores y pantallas, opera tanto de viva voz como electrónicamente (por esta vía se contrata 24 horas) y negocia al año 1,8 billones de euros en contratos en compraventa inmediata, de futuros u opciones. Todo ello se hace bajo estrictos criterios de homologación, tanto de la calidad de los materiales como de los almacenes donde se guardan. El aluminio es el contrato más negociado de la LME.

Para descubrir al especulador oculto, la LME ha recortado cien veces el volumen de los contratos del aluminio que han de ser declarados: de 100 lotes de 25 toneladas cada uno a un sólo lote, con el objetivo de estrechar su control sobre este segmento, que representa el negocio más importante de este mercado. Los intermediarios se declaran sorprendidos por la trascendencia de la investigación, pero dudan de que se llegue a probar la manipulación.

Sanjay Saraf, analista de la sociedad de investigación de las materias primas CRU, cree poco probable que la LME pueda demostrar que ha habido manipulación de los precios: 'Las casas investigadas pueden alegar que estaban acumulando stocks de aluminio apostando por una reactivación de la economía'. Además, aunque el aluminio almacenado haya crecido en 200.000 toneladas, la mayor parte de este stock está atado a contratos a largo plazo, dejando relativamente poca cantidad disponible en el mercado

Algunos operadores han citado a la casa de materias primas Glencore, con sede en Suiza y quinta productora mundial de la materia base del aluminio. 'No sabemos por qué la LME ha lanzado esta investigación', dijo un portavoz de Glencore. 'El alza de los precios al contado sobre el futuro es un fenómeno normal y no tiene nada de particular'.

'Mister cobre', el operador que en 1996 destrozó el mercado

La rapidez y la contundencia con la que la London Metal Exchange investiga la sospechosa alza de los precios del aluminio mucho tiene que ver con el escándalo del cobre de 1996. Un escándalo en el que, según la versión oficial, un operador de la firma japonesa Sumitomo consiguió mantener artificialmente alto el precio del metal hasta que fue descubierto y condenado a ocho años de prisión, tras haber hecho perder a Sumitomo 2.600 millones de dólares de la época (2.286 millones de euros).

Yasuo Hamanaka, antes del escándalo, tenía dos apodos. Uno era míster cobre, y el otro míster 5%, porque se calculaba que controlaba ese porcentaje del total de cobre en el mercado. No era, obviamente, un operador cualquiera, sino la persona más poderosa del negocio. Con el respaldo financiero casi ilimitado de Sumitomo, consiguió almacenar en California el 16,8% del cobre negociado en Londres, que representa el 97% del total mundial.

El principio de su fraude era simple. Comprar cobre de forma masiva y guardarlo para crear escasez y después vender. Logró mantener el precio artificialmente alto durante años. En la misma época en la que George Soros venció al Banco de Inglaterra y sacó la libra del Sistema Monetario Europeo, tuvo que retirar sus apuestas bajistas sobre el cobre. Sabía que el precio era artificialmente alto, pero no pudo con míster cobre.

Los jefes de Hamanaka fueron quienes denunciaron el caso en 1996, provocando el desplome del precio del cobre. Míster 5%, tras ser encarcelado, empezó a tirar de la manta. Numerosos operadores han señalado que Hamanaka era un operador poderoso, pero que sus jefes eran conscientes de sus manipulaciones, en las que colaboraban decenas de intermediarios de todo el mundo.