Viajes

Armonía del legado andalusí

La semana próxima se inicia el Festival Internacional de Música y Danza de Granada. La ciudad está viviendo un asombroso renacer

En el verano de 1922, Manuel de Falla, Federico García Lorca y otros paisanos organizaron en la explanada de la Alcazaba granadina un festival de cante jondo que, con el tiempo, se convertiría en el más veterano de los festivales de música españoles y uno de los más prestigiosos del mundo. Tanto por la programación como por los intérpretes y los escenarios. Que el más universal de nuestros músicos, Falla, viviese a escasos metros de la Alhambra parece un guiño del destino. Falla dedicó una pieza a los jardines del Generalife y provocó que su amigo Debussy escribiera La Puerta del Vino. Pero la tradición musical venía de más lejos; en la antigua capital nazarí, poetas y músicos rizaban el rizo de un legado traído en pleno califato, cuando Abd al-Rahmán II hizo venir (en 822) al músico Ziryab, quien importaba el sistema árabe-pérsico para enriquecer los modos griegos usados en Europa.

La herencia musical árabe es mucho más que el mundo del flamenco. En las cortes cristianas (especialmente en la de Fernando III y en la de su hijo Alfonso X el Sabio), temas, instrumentos y maneras de raíz arábiga pasaron a formar uno de los pilares de la música medieval. Y esta riqueza musical es sólo una de las varias partidas que componen el legado andalusí. En Granada, ciudad poliédrica donde las haya, la herencia árabe es parte esencial de su carnadura. Lo es en muchos aspectos, pero sobre todo en el gusto general por la belleza y el aliento poético con que parece estar amasada. Versos tallados en caracteres cúficos o nesjíes afloran sobre mármoles y yeserías de la Alhambra, pero también en el brocal o dintel de un carmen olvidado. Leyendas y cuentos populares fueron recogidos por Washington Irving en un momento en que el orientalismo transfiguraba los despojos de la ciudad convirtiéndola en meta de estetas y viajeros.

En ese legado entran, de manera singular, las aportaciones de carácter arquitectónico y urbanístico. El urbanismo sufrió más, lógicamente (pensemos en el destrozo de la Gran Vía granadina, que se llevó por delante palacios moros); aún así se salvó en gran parte el sabio invento de los cármenes, viviendas urbanas dotadas de un huerto (carm, en árabe). Y se salvó sobre todo lo que ha llegado a ser una de las joyas de la cultura andalusí y el monumento más visitado de España (2.223.109 curiosos el año pasado), la Alhambra. El castillo rojo es mucho más que un palacio: es toda una ciudad palatina compuesta por varios palacios, pabellones, baños, mezquitas, cementerio, cuarteles para la tropa, almacenes y arsenales, jardines y albercas de recreo, torres y murallas, puertas y barbacanas. Una colina donde queriendo construir una ciudad, construyeron un mundo.

El 'castillo rojo' es mucho más que un palacio; es toda una ciudad compuesta por pabellones, baños, mezquitas, cuarteles, jardines y albercas

La Alhambra es el lote principal, pero no único, del legado andalusí. Enfrente de la colina palatina, otra loma, ocupada por el Albaicín, conserva de manera singular el ambiente morisco, con sus murallas y puertas, plazas y aljibes, alminares convertidos malamente en campanarios y un hervor muy parecido al de una medina magrebí. En la propia ciudad cristiana (la parte baja) quedan reliquias tan potentes como un hamman o bañuelo, un funduq o fonda de mercaderes (Corral del Carbón), una medersa o madraza (escuela coránica) y hasta un zoco o mercado, la Alcaicería (desgraciadamente arrasada por las llamas en 1843 y rehecha con el gusto folclórico-moruno de la época). Por no hablar de los palacios convertidos en conventos o de la herencia mudéjar, realizada después de la conquista cristiana por alarifes moriscos.

El legado andalusí, no siempre respetado ni valorado en épocas anteriores, forma ahora una de las partidas del renacer urbano y cultural de Granada. Algunas de las mansiones árabes entregadas a monjes o señores cristianos se están reconvirtiendo en hoteles de lujo, lo mismo que algunos cármenes postergados. La vitalidad cultural es reconfortante, pero también la vitalidad a secas, en una ciudad donde uno de cada cinco vecinos es un estudiante, y donde las costas alegres de la noche (costa Alarcón, calle Elvira, Plaza Nueva) compiten con las pistas de nieve o las playas cercanas para hacer de Granada una ciudad de moda.

Localización

Cómo ir / Visitas. Iberia (902 400 500) tiene vuelos diarios y directos desde Madrid y desde Barcelona, a partir de 170,90 euros i/v. Renfe (902 240 202) ofrece dos servicios diarios de Madrid a Granada, a partir de 44,90 euros i/v. Para visitar la Alhambra, el aforo es limitado; conviene comprar la entrada con antelación (www.alhambratickets.com y 902 224 460); todos los días de 8.30 a 20, visita nocturna de 22 a 23.30.

Alojamiento. Parador de Turismo de San Francisco (958 221 440), antiguo convento situado dentro de la propia Alhambra, con jardines y ambiente tranquilo, desde 207 euros. Palacio de Santa Paula (902 292 293), ocupa el antiguo convento de Santa Paula, con un hermoso claustro, desde 112 euros la habitación doble. Alhambra Palace (958 221 468), situado al pie de la Alhambra y de aspecto orientalista-romántico, sirve de marco para algunos conciertos del festival. Casa del Capitel Nazarí (958 215 260), carmen recientemente convertido en hotel, desde 79 euros. Las Arenas (Avda. Cervantes, 13, 958 183 674), precioso hotelito a diez minutos del centro, 42-60 euros.

Comer. El Carmen de San Miguel (Pl. Torres Bermejas, 3, 958 226 723), cocina creativa con raíces tradicionales. La Colina de Almanzora (C/ Santa Ana, 16, 958 229 516), cocina granadina y del legado andalusí. Las Tomasas (Carril de San Agustín, Albaicín, 958 224 108), carmen familiar con cocina casera y estupendas vistas. Rincón de Miguel (Avda. Andaluces, 2, 958 292 978), cocina de mercado en seis menús a elegir de cuatro platos cada uno.