EDITORIAL

Resultados artificiales

Los resultados de las empresas españolas parecen recobrar el resuello. De momento, en el primer trimestre del ejercicio, los beneficios correspondientes a las compañías que conforman el Ibex presentan un incremento del 47,4% sobre el mismo periodo del año. Sin embargo, el análisis pormenorizado de las cuentas invita a mayor prudencia de la que aparece superficialmente en esa notable subida. Una gran parte de ella proviene de los resultados extraordinarios. La prueba más palpable de esa distorsión es que la empresa que encabeza el ranking de beneficios trimestrales no es Telefónica ni Repsol, ni siquiera uno de los grandes bancos o una eléctrica. Es la constructora Acciona, que ganó 1.398 millones de euros gracias a las plusvalías generadas por la venta de su participación en Airtel.

Continuando con el detalle, también salta a la vista que la cifra de negocio sufre un bache, pues acaba el trimestre con un descenso del 4,51%. El principal factor que explica esta caída es el mal comportamiento de las divisas latinoamericanas, especialmente del real brasileño y del peso argentino.

En definitiva, el balance trimestral de los resultados de las grandes empresas españolas invita a la esperanza, aunque aún no es el momento de dejarse caer en brazos de la euforia. Tras un ejercicio, como el pasado, destinado al saneamiento, es de esperar que los grandes grupos españoles estabilicen sus fundamentales y cierren el año con un notable incremento de resultados.

Un IPC engañoso

No se deben echar las campanas al vuelo con el índice de precios de consumo (IPC) de abril. El descenso de la tasa interanual desde el 3,7% al 3,1% es engañoso, pues esconde infinidad de debilidades de una variable que sigue fuera de control en España. La bajada de la inflación es imputable al efecto acumulativo de un fuerte aumento del precio de los carburantes en abril de 2002 y un recorte no menos pronunciado en abril de este año, así como de una relajación en las tensiones de los precios de los alimentos.

Pero abril ha generado, sobre todo, deterioros serios en la inflación subyacente, el auténtico núcleo duro de los precios (excluye alimentos frescos y energía), especialmente con subidas en los servicios, los bienes industriales no energéticos y manufacturas de equipamiento personal. La tasa subyacente pasa del 3,2% al 3,3%, sigue reflejando las rigideces de los mercados e impide limar el auténtico diferencial de precios con la Unión Europea. Más liberalización de la oferta, hasta ahora defendida con profusión literaria, pero pocas decisiones para hacer frente a las presiones de la demanda. æpermil;sa es la fórmula para combatir el alza de los precios.