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Bolsa

Dividendos sin impuestos

La exención fiscal puede cambiar las políticas de retribución al accionista. En España, sin embargo, una norma como la anunciada por Bush para EE UU empeoraría el régimen fiscal de los dividendos del que disfrutan ya las rentas medias y bajas

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principios del siglo pasado, las empresas repartían la inmensa mayoría de los beneficios generados. Los inversores compraban las acciones en función de su dividendo. Rentabilidades medias del orden del 6% seguían siendo habituales después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el porcentaje de beneficios destinado a retribuir al accionista (la famosa ratio pay out) ya iba camino del 50%. Hoy apenas se alcanza el 35%, según datos de Bloomberg. En la segunda mitad del siglo XX, la reinversión de los beneficios se fue generalizando en detrimento de su reparto, pero cuando los dividendos empezaron a perder brillo de verdad fue en los años ochenta, cuando la recompra de acciones se puso de moda por su mayor eficacia fiscal. El último mazazo llegó con la fiebre tecnológica. En una época en que casi parecía mejor tener pérdidas que beneficios, pagar dividendo era una herejía, algo así como la confesión de que no se tenía la suficiente visión estratégica y de negocio como para invertir el dinero en nombre y provecho del accionista. Ese fue el argumentario que tomó prestado con éxito Juan Vilalonga, presidente de Telefónica, cuando la compañía aprobó en 1998 la supresión del dividendo.

Ahora los partidarios del dividendo contraatacan. El presidente de Estados Unidos, George Bush, ha anunciado esta semana entre sus medidas de estímulo a la economía la exención fiscal en el impuesto de la renta para los dividendos cobrados por los particulares. Se intenta eliminar la doble imposición que supone que las empresas paguen impuestos por los beneficios obtenidos y los particulares vuelvan a tributar por la parte de los mismos que se les reparte. Es una medida que entrará en vigor en 2004 y cuyos detalles afinará el Congreso, pero que representa, junto con la crisis de las puntocom, un punto de inflexión en la política de remuneración al accionista.

'Se acaba con una discriminación entre dos modos alternativos de remunerar al accionista en efectivo: la recompra de acciones y los dividendos. Hasta ahora, la recompra era fiscalmente más eficiente y el número de empresas que reparte dividendo había caído enormemente hasta suponer menos del 20% del total, mientras aumentaba el número de empresas que recompran acciones', explica Pablo Fernández, profesor de Finanzas del IESE.

Predomina, sin embargo, el escepticismo acerca de los beneficios que la medida tendrá sobre las cotizaciones. 'El efecto en términos de valoración es despreciable o marginal', señala Pablo Fernández. Los expertos apuntan que la rentabilidad por dividendo del mercado es baja y que los grandes inversores que mueven el mercado estaban ya a salvo, por lo general, de esa doble imposición. Lo que sí puede recuperar protagonismo tras la oleada de escándalos y artificios contables es el dividendo como símbolo de la credibilidad del beneficio. El dividendo es dinero contante y sonante y puede ganar protagonismo en la medida en que lo recupera la caja frente a los conceptos contables. En ese sentido, las empresas que reparten dividendo pueden salir ganando.

La filosofía es ahora la opuesta a la de hace unos años: que el accionista decida lo que quiere hacer con su dinero es el nuevo mensaje. Los dos grandes bancos españoles repetirán con cargo a 2002 el dividendo de 2001, Endesa insinúa que hará lo propio y Telefónica volverá a retribuir en metálico y en directo al accionista tras años de ampliaciones liberadas. Los analistas esperan que Repsol retome el pago de dividendo complementario, tras haber reducido el pago a cuenta.

España: cobrar en lugar de pagar a Hacienda

En España los dividendos ya gozan de una fiscalidad privilegiada gracias a la deducción por doble imposición contemplada históricamente en el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). La norma general establece que los dividendos se integren en la base imponible por 1,4 veces su importe bruto, pero luego se aplica una deducción del 40% en la cuota. El juego de esas dos variables es diferente según los tramos de renta. En los tres tramos más bajos genera una especie de crédito fiscal frente a Hacienda.

Los contribuyentes cuyo tipo marginal es inferior al 28% no sólo no tributan por los dividendos sino que recuperan, por así decirlo, parte de los impuestos que en su día pagó la empresa por sus beneficios. Así, Hacienda no sólo devuelve la retención -desde este año se ha rebajado al 15%- sino que paga un 19% extra a los perceptores de dividendo con tipo marginal del 15%. Los inversores con un tipo marginal del 24% (bases liquidables hasta 13.800 euros) cobran un 6% adicional y aquellos que tributan a un tipo marginal del 28% (bases liquidables hasta 25.800 euros) tampoco pagan impuestos, sino que cobran un 1% extra.

Es decir, cobran impuestos en lugar de pagarlos y, por tanto, perderían con una reforma como la de Bush, todos los contribuyentes con bases liquidables inferiores a los 25.800 euros. La base liquidable lleva ya descontados los mínimos exentos personales y familiares, las deducciones por rentas del trabajo y otras reducciones. En la práctica, así, tributan a un tipo marginal del 28% la mayoría de las rentas situadas entre 30.000 y 35.000 euros.

Sólo a partir de ese listón tributan en la práctica en España las personas físicas por los dividendos. Los contribuyentes con tipo marginal del 37% (bases liquidables de 25.800 a 45.000 euros) soportan una tributación efectiva del 12%. Es decir, Hacienda devuelve en el momento de la declaración a esos contribuyentes un 6%, ya que les retuvo un 18% del dividendo en el momento del cobro. Por fin, los inversores con bases liquidables superiores a 45.000 euros pagan en impuestos el 23% de los dividendos (el 15% de retención más otro 8% adicional en el momento de la declaración). Eso, sin contar que la utilización de sociedades de inversión o instrumentales permite también eludir la tributación por dividendos a las rentas más altas en determinados supuestos.

El beneficio neto retenido también escapa de tributación

La Administración Bush ha salido al paso de una de las críticas más inmediatas a la exención fiscal de los dividendos. Según algunos, se trataba de una medida contra el crecimiento que iba a dejar a las empresas sin dinero para acometer inversiones de futuro. La Administración Bush salió al paso rápidamente de esta acusación al aclarar que el beneficio neto retenido para su reinversión escapará también de la doble imposición mediante un complejo mecanismo según el cual el precio de adquisición de las acciones se ajustará a la hora de tributar por las plusvalías obtenidas. Se busca con ello una mayor neutralidad fiscal ante las diferentes políticas de dividendo de las empresas. El dividendo repartido se descuenta de la cotización. Sin ese ajuste por el beneficio retenido, los accionistas de las empresas que no reparten dividendo saldrían perdiendo relativamente desde el punto de vista fiscal.

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