América latina

Deuda pública e inflación en Brasil, un equilibrio difícil

Brasil ha más que duplicado en los últimos ocho años su stock de deuda pública desde el 30% del PIB hasta su nivel máximo histórico, cercano al 65% del PIB actual. Obviamente, este aumento explosivo de la deuda pública ha despertado dudas sobre la sostenibilidad de la deuda y ha resaltado la necesidad de políticas que pongan un freno a esta expansión del endeudamiento por parte del recientemente electo Gobierno.

En algunos medios se ha sugerido un movimiento deliberado a una política de alta inflación como única solución al problema de la deuda pública brasileña. Sin embargo, una mirada más detenida sobre la estructura de la deuda brasileña y sobre el actual contexto político en Brasil sugeriría que esta alternativa podría ser contraproducente.

Para que un aumento en la inflación sea efectivo en reducir el endeudamiento se requieren dos condiciones. En primer término, una fracción importante de la deuda debe estar a tipo fijo y a largo plazo. æpermil;sta es la condición que permite que la inflación licue la deuda.

En segundo término, el aumento en la inflación no debe ser anticipado, con el fin de que los tenedores de deuda no alteren sus carteras antes de que se produzca el proceso inflacionista. En Brasil, la deuda pública a tipo fijo corresponde solamente al 5,7% del total y el plazo medio de ésta es inferior a 21 meses. En el último mes, pese a las fuertes alzas en los tipos de interés por parte del Banco Central (400 puntos básicos), las expectativas inflacionistas se han disparado más de tres puntos para 2003. Es decir, Brasil no cumple a priori con las características óptimas para que un aumento en la inflación sea efectivo en la reducción del stock de deuda.

Otros argumentos en favor de un incremento deliberado de la inflación señalan que con esto se generaría un aumento de los ingresos públicos, vía el impuesto que supone la inflación. Sin embargo, este impuesto no sería suficiente por sí solo para solucionar el problema del elevado endeudamiento de Brasil. También se argumenta que un aumento en la inflación no acompañado de aumentos en los tipos de interés generaría una disminución de la carga financiera de la deuda, al caer los tipos de interés reales. No obstante, los esfuerzos por reducir la inflación tarde o temprano tendrán que realizarse y se traducirán en ese momento en tipos de interés reales aún más elevados debido a la pérdida de reputación por parte de la autoridad monetaria.

Tampoco puede dejarse de lado el hecho de que el 41% de la deuda brasileña está indexada al dólar y que un aumento en la inflación traerá consigo una recomposición de carteras hacia activos denominados en dólares, por lo que lo más probable es que el tipo de cambio se deprecie más que la inflación, aumentando el peso de la deuda.

Finalmente, el contexto político en Brasil no permitiría un aumento deliberado a las elevadas inflaciones. El presidente electo, Luiz Inácio Lula da Silva, sufre actualmente el escrutinio de sus políticas por parte de los inversores y una laxitud en sus políticas monetarias generaría desconfianza en su ortodoxia fiscal, generando depreciaciones de la divisa y mayores dificultades para refinanciar los vencimientos de deuda.

Por otra parte, un incremento en la inflación conlleva una caída de las remuneraciones reales, algo que podría ser políticamente muy costoso para un Gobierno que ha sembrado elevadas expectativas sociales para lograr su elección. Visto todo lo anterior, un aumento en la inflación deliberado tendría más costes que beneficios para Brasil.