Un IPC difícil de empeorar
La subida del 1,4% del IPC en abril, que dispara la tasa interanual al 3,6%, es una pésima noticia para la economía española. En los cuatro primeros meses del año la inflación acumulada ha crecido el 2,1%, con lo que ya supera el objetivo oficial fijado para todo el año, establecido por el BCE en el 2%. Al mismo tiempo, la inflación subyacente, que excluye precios energéticos y de alimentos frescos, ha remontado hasta el 3,9%.
El Gobierno no tiene disculpas. Ni siquiera vale la de que la nueva metodología del índice provoca oscilaciones mensuales más agudas. La inflación está fuera de control y las autoridades económicas se han visto desbordadas por un problema que tiene graves repercusiones en la competitividad de las empresas españolas y en la convergencia con Europa.
El BCE ha estimado una media de inflación armonizada para la zona euro del 2,2% en abril. Aunque sea un dato preliminar, el diferencial con España -cuya tasa armonizada es del 3,7%- se acentúa hasta el 1,5%, el máximo desde 1996. Ayer se conoció que la inflación también creció en abril en Francia, primer socio comercial de España, pero lo ha hecho un 0,4% (0,1% la subyacente), lo que apoya a quienes piensan que los precios son un problema estructural en España.
Tres son las principales razones del descontrol del IPC en abril. Por un lado, la subida del precio del petróleo, que sigue tirando al alza sobre los precios energéticos. También el precio del tabaco y las bebidas alcohólicas. Pero, sobre todo, el vestido y el calzado, que, por el fin del periodo de rebajas, se ha disparado un 7,1% sobre marzo y representa más de la mitad de la subida del índice en abril. El problema es que el Ejecutivo está desarmado en dos de esos frentes. No puede influir en el precio del petróleo y tampoco intervenir en sectores abiertos a la competencia -aunque sí en el tabaco y el alcohol-. Los datos muestran que el Gobierno, de forma poco responsable, ha dilapidado tiempo al no establecer suficientes mecanismos contra la inflación en los momentos más boyantes. Hasta el portavoz de economía del PP consideró ayer 'absolutamente necesario' afrontar las reformas estructurales pendientes.
Como el BCE, el Gobierno ha reconocido tarde -lo hizo ayer, obligado por los hechos- el impacto al alza sobre los precios del redondeo del euro. Este efecto no se ha debido al cambio de moneda, sino que se muestra ahora, cuando ya no hay doble etiquetado. Un goteo contra el que advirtió hace tres meses el INE y que, eso sí, será transitorio. Aun así, Moody's asegura que el IPC de la zona euro no cumplirá este año el objetivo del 2%. Pero los analistas prevén para noviembre una subida del 3,8% en España, lo que supondría un enorme coste presupuestario a la hora de actualizar las pensiones.
Rodrigo Rato eligió ayer el adjetivo de 'insatisfactorio' para el IPC. En todos los frentes, patronales, sindicatos y consumidores, la sensación es peor. Algunos van más allá y consideran que esta tendencia puede ser una losa para la incipiente recuperación.