EDITORIAL

El fin de las dos culturas

La destitución de Ángel Corcóstegui como consejero delegado del Santander Central Hispano, aprobada ayer por un consejo extraordinario del banco, pone el punto final a una crisis abierta el pasado mes de junio con la excusa de la falta de integración de 'las dos culturas' provenientes de la fusión, pero que en realidad escondía una guerra de poder por el control de la mayor entidad financiera española. En sólo seis meses, el presidente del SCH, Emilio Botín, ha liquidado la copresidencia con la salida anticipada de José María Amusátegui, ha remodelado el consejo para una correlación de fuerzas más afín a su liderazgo y ha cambiado la línea ejecutiva de la entidad con un reforzamiento del peso de la familia. Los Botín controlan directamente el Santander, el Banesto y Bankinter, primero, cuarto y sexto bancos españoles.

Frente a quienes argumentan que a Corcóstegui le ha costado el puesto su apuesta arriesgada en la compra de Patagon, cabe argumentar que su gestión no ha sido cuestionada y que en su haber cuenta con las enormes plusvalías obtenidas tras la inversión en Airtel. Las verdaderas razones de su salida hay que buscarlas en la crisis del pasado verano y su coqueteo con la idea de control del banco confiado en el apoyo y la injerencia del Gobierno. Aquella quiebra de confianza dio la vuelta al reloj de arena y en los círculos financieros se cruzaban apuestas sobre la fecha de su salida. Botín comunicó su decisión a Corcóstegui justo después de la junta de accionistas del pasado sábado.

Para sustituir a Corcóstegui, el consejo del SCH ha nombrado a Alfredo Sáenz, hasta ahora presidente de Banesto, que ve así premiada su excelente labor de saneamiento. De Sáenz dependerá el negocio bancario en España y las alianzas y la expansión en Europa. Como segundo pivote se consolida Francisco Luzón, que asciende a la comisión ejecutiva y controla los bancos de América en dependencia directa del presidente. Los dos, Sáenz y Luzón, con fama de grandes gestores, proceden de la cultura del Vizcaya. Matías Rodríguez Inciarte continúa de vicepresidente tercero y con la responsabilidad clave del control de riesgos.

El consejo aprobó también el nombramiento de Jaime Botín, presidente de Bankinter, como vicepresidente primero del SCH. Ana Patricia Botín, la hija mayor de Emilio, pasa a ser presidenta de Banesto en lo que se califica de prueba a largo plazo para sustituir un día a su padre. Nadie concede relevancia a la actual limitación de mandato de Emilio Botín, que expiraría en 2007, porque el propio presidente ha afirmado que él no cree en las prejubilaciones voluntarias.

Los cambios en el Santander intentan acabar con los problemas derivados de una fusión copresidida, que escondía diferentes estrategias sobre el futuro del banco. Significan el fin de la idea conflictiva de las dos culturas, porque Emilio Botín sólo cree en un solo banco, con unidad de mando y con la meritocracia como baremo para ascender en la escala de mando.