Mayo, primera cabeza de la cúpula de Marconi en caer

Los accionistas de Marconi han comenzado a pedir responsabilidades por la desastrosa situación en la que se encuentra la firma británica de telecomunicaciones.

El gigante británico de telecomunicaciones Marconi se declaró la pasada semana en fase crítica y anunció despidos masivos, cierres de fábricas y una reducción del 50% en su previsión de beneficio para este ejercicio. Nada más desvelarse la situación en la noche del pasado 4 de julio, los accionistas de la firma se apresuraron a pedir la cabeza de los que consideran mayores responsables de la crisis, lord Simpson, consejero delegado, y John Mayo, viceconsejero, que fue el primero en caer, tras presentar su dimisión en la noche del viernes.

Curiosamente, Mayo estaba llamado a sustituir a Simpson como consejero delegado, ya que éste iba a ser nombrado presidente en breve. El actual presidente, sir Roger Hurn, está a punto de jubilarse. Pero todos estos planes se han venido ahora abajo.

Marconi es una de las últimas en sumarse a la ya larga lista de firmas de telecomunicaciones en declararse en crisis este año. Pero, según un inversor de la City, "mientras rivales como Nortel y Alcatel vieron lo que se les venía encima y advirtieron al mercado, Simpson y Mayo insistieron hasta hace un mes en su absurdo optimismo, diciendo que esperaban una recuperación para la segunda parte del año".

A los inversores también les ha molestado la forma en la que se les ha informado. La empresa suspendió el pasado miércoles la cotización de sus acciones toda la jornada, mientras el consejo de administración se mantenía reunido. A la salida, cuando ya los mercados habían cerrado, anunció una dramática caída en la previsión de beneficios y 4.000 despidos en todo el mundo que, añadidos a los que ya se han producido, sumarán 10.000 cuando termine el año, el 20% de la plantilla.

La suspensión de la cotización sólo sirvió para aumentar la frustración de los inversores ante su imposibilidad para operar y al día siguiente, nada más abrirse la sesión, las acciones perdieron la mitad de su valor.

Simpson tuvo que admitir la cruda realidad y afirmó que los últimos seis meses han sido "los peores en la historia del sector". Marconi sufrió en el primer trimestre el golpe de la recesión en Estados Unidos -el 40% de sus clientes proceden de ese país- y ahora la crisis ha llegado a Europa. "Nuestros clientes europeos han cerrado el grifo y no están realizando ningún pedido", dijo Simpson. Marconi provee, entre otras compañías, a BT y Alcatel, que no parecen estar para muchas compras.

Los costes de reestructuración estimados por Marconi para el presente ejercicio ascienden a 138.500 millones de pesetas (831 millones de euros).

Adquisiciones fallidas

Inversores y sindicatos culpan a lord Simpson y a John Mayo de la actual situación de Marconi y les acusan de haber derrochado demasiado en compras de compañías que luego han resultado un fiasco.

En 1999 Marconi adquirió las firmas estadounidenses de Internet Fore Systems y Reltec por las que pagó una suma combinada de 1,2 billones de pesetas (7.210 millones de euros), un precio que fue considerado muy por encima de su valor. El resultado de ambas operaciones fue un desastre.

El tándem Simpson/Mayo es el responsable del cambio de una compañía tradicional que operaba en los negocios de comunicaciones y defensa a un moderno gigante de telecomunicaciones, pero muchos consideran que el precio pagado ha sido demasiado alto.

Marconi es una de las empresas más antiguas del Reino Unido. Sus orígenes se remontan a hace más de un siglo cuando el premio Nobel italiano Guglielmo Marconi creó la Marconi's Wireless Telegraph Company en la localidad británica de Chelmsford. El científico italiano realizó muchos de sus experimentos en Gran Bretaña. De hecho, la primera transmisión telegráfica trasatlántica fue efectuada por Marconi desde Cornwall en el sur del país en 1901.

Esta firma fue comprada en 1946 por la británica GEC (General Electric Company). Antes de la llegada de Simpson en 1996, Marconi estuvo gestionada durante más de 30 años por lord Weinstok, que fue consejero de Margaret Tatcher y manejó la empresa con una prudencia considerada excesiva, pero que muchos echan ahora de menos. Weinstok no era muy amigo de gastar y dejó una montaña de efectivo de 550.000 millones de pesetas (3,3 millones de euros).

Esta suma, junto con los 2,1 billones de pesetas que se lograron de la venta de la división de defensa a British Aerospace, fue fundida rápidamente en la nueva estrategia de Simpson y Mayo, que ha dejado a la compañía fuertemente endeudada.