TRIBUNA

Capital riesgo y Bolsa

A finales de mayo del año pasado el mercado alemán para compañías tecnológicas (Neuer Market) presentaba una lista de 269 compañías cotizadas (netas de las que han abandonado el mercado). Este año para igual fecha las compañías cotizadas son 339. Las cifras podrían ser brillantes si se desconoce que 69 de esas nuevas compañías fueron introducidas en Bolsa entre mayo y diciembre del año pasado y solamente una ha incrementado la lista este año. Algo similar ha ocurrido en el Nouveau Marché francés, donde el año pasado tuvo lugar la colocación de 141 nuevas compañías, mientras que en los cinco primeros meses de este año la cifra es de 23. O en el Techmark londinense, que contaba con 246 compañías a finales de 2000 y 248 a finales del mes pasado, con la peculiaridad de que, si bien este año siete compañías hicieron su introducción a Bolsa, cinco fueron deslistadas de cotización.

Una parte importante de las empresas que salen a Bolsa en los nuevos mercados cuentan con capital riesgo en su accionariado. En EE UU, y según los datos publicados por Thomson Financial/Venture Economics & National Venture Capital Association, durante el primer trimestre de este año salieron a Bolsa 32 compañías, un tercio de ellas estaban participadas por capital riesgo. Las cifras fueron más relevantes en el mismo trimestre del año pasado, cuando, de las 112 introducidas en Bolsa, 79 tenían capital riesgo en su accionariado.

Las razones que justifican la reducción de las salidas a Bolsa son conocidas. Las Bolsas están en fase depresiva y con ello ni los inversores están muy dispuestos a acoger compañías sin una trayectoria empresarial consolidada, ni los precios que están dispuestos a pagar incentivan a los accionistas de control de las compañías candidatas a cotizar en Bolsa a compartir su pastel con quien no les hace aprecio. Comprar acciones en una oferta pública inicial ya no es el negocio fácil de hace un año, cuando todo el que conseguía hacerse con un puñado de ellas tenía la certeza de que se revalorizarían en los días siguientes a la cotización porque la sobredemanda de suscripción se ocupaba de ello.

Pero este fenómeno de carácter contractivo no es exclusivo de la Bolsa. También se observa un patrón de comportamiento semejante en la inversión del capital riesgo en las sociedades que necesitan financiación para crecer. Como puede verse en el gráfico, la inversión en EE UU ha caído considerablemente en el primer trimestre de este año, después de seguir una trayectoria alcista ininterrumpida. Lateralmente, conviene destacar el comportamiento de la inversión de compañías no de capital riesgo (línea discontinua, escala derecha) que invierten en empresas participadas por fondos de capital riesgo. Su pendiente es más pronunciada que la del capital riesgo evidenciando una mayor sensibilidad a las expectativas.

El comportamiento de este mecanismo de financiación empresarial es relevante para el desarrollo de los mercados bursátiles. De alguna manera, las empresas participadas por fondos o sociedades de capital riesgo son potenciales candidatas a salir a Bolsa. No puede ser de otro modo, toda vez que el capital riesgo invierte fondos en las empresas con el único propósito de desinvertirlos revalorizados una vez que las empresas han aumentado su valor inicial gracias precisamente a haber financiado su crecimiento con los recursos recibidos. Esta desinversión o salida de la empresa no puede ser de otra manera que vendiendo la participación accionarial al resto de accionistas o a terceros, fusionando la empresa con otra cotizada que les entregue acciones que gocen de liquidez o saliendo directamente a Bolsa. Por ello puede pensarse que las compañías participadas por los fondos y sociedades de capital riesgo son la cantera natural de la que se nutrirá la Bolsa en el futuro.

Pero que el capital riesgo no deje de financiar a las empresas en crecimiento es importante para los mercados bursátiles no solamente porque es una cantera de empresas cotizadas.

Es importante también porque la participación de un fondo de capital riesgo en una sociedad la somete a una disciplina informativa y de gestión muy conveniente para una empresa que en el futuro deberá cumplir con las normas de transparencia que demandan las Bolsas.