Mark Zuckerberg, ayer en la conferencia de Facebook.
Mark Zuckerberg, ayer en la conferencia de Facebook.

Facebook quiere aniquilar a Snapchat

Zuckerberg lanza un ataque contra la aplicación favorita de los mileniales

Facebook ya no quiere cambiar el mundo, no de la manera en que proponía hasta ahora, con comunicación constante entre usuarios, mensajes y conexión gratis en lugares desfavorecidos. Facebook ha decidido distorsionar la realidad y cobrarse una cuenta pendiente. Los de Menlo Park tienen una nueva obsesión, matar a Snapchat. El servicio de Mark Zuckerberg muta cada año. En cada nueva edición de F8, su conferencia de desarrolladores, desvela sus planes para mantener el liderazgo, algo que para ellos se traduce en centrar nuestra atención y, en consecuencia, en una mayor tasa de publicidad contratada.

En esta ocasión ha decidido que ya no es una red social que se consulta en el escritorio, tampoco una aplicación móvil. Ahora quieren ser los reyes en exprimir la cámara. Los de Menlo Park imaginan un mundo en el que la realidad física se mezcla con el mundo virtual de una manera constante y natural, sin más artificios que la cámara del móvil, su procesador y la inteligencia artificial. Mostraron cómo, por ejemplo, veríamos tiburones en el tazón de cereales. Con Spaces, una nueva versión del Second Life de comienzos de este siglo, pretenden que la telepresencia sea mucho más real y asequible.

Facebook ha hecho uno de los movimientos más clásicos en las startups, un cambio de rumbo o, como les gusta decir aquí, pivotar. La nueva prioridad es la realidad aumentada con una clara víctima que llevarse a las garras, Snapchat. Precisamente una empresa que se define como “una compañía de cámaras”.

La elección no es casual y la decisión no es improvisada. Facebook lleva un año imitando los pasos de la aplicación preferida por los mileniales. Lo ha hecho con la inclusión de filtros en sus fotos, después con la compra de MSQRD para mejorar el reconocimiento facial y, por último, copiando sin disimulo las historias (stories) efímeras en Instagram, que después añadieron a Facebook y, con gran rechazo, a WhatsApp. Facebook intentaba hacerse con la esencia de lo que no pudo adquirir.

La compañía intentó comprar Snapchat cuando Evan Spiegel, su polémico fundador, todavía estaba dando los primeros pasos. En noviembre de 2013, Facebook ofreció 3.000 millones de dólares en cash y un generoso paquete de acciones. La negativa puso en alerta a Zuckerberg. En sus garras ya habían caído las otras aplicaciones de crecimiento exponencial de los últimos años: WhatsApp e Instagram. La de retoque de fotografía le salió barata, 1.000 millones de dólares. Por WhatsApp desembolsaron 22.000 millones.

Snapchat ha salido a Bolsa a comienzos de año, su valoración supera los 20.000 millones de dólares, pero no crece. No solo eso, le cuesta ir más allá de un segmento generacional, los menores de 30 años, y traspasar la frontera de Estados Unidos.

¿Debería Evan Spiegel haber vendido a Facebook? Su vida habría sido más fácil, con una amplia chequera y tiempo para disfrutar de placeres mundanos. Su eco, su relevancia, se habría diluido. Basta con pensar en la deriva de las dos grandes compras de Facebook. Instagram no ha tenido una sola mención en las charlas principales (keynotes en el argot), tan solo una zona lúdica para posar y compartir imágenes. WhatsApp vive en el limbo. Cuando se pregunta por la aplicación más popular en el mercado latino, tanto en España como en América, se contesta que es un equipo separado. No se nota innovación, tampoco modelo de negocio y, sobre todo, los usuarios viven con el miedo de encontrar anuncios dentro el día menos pensado. Mientras que la fiebre de los bots, asistentes virtuales, invade Messenger, la aplicación oficial de Facebook, WhatsApp, no tiene un sistema de distribución de contenido reglado, ni un plan para desarrollarlo pronto.

En definitiva, su marca se ha diluido. Se ha demostrado que fueron compras en parte defensivas, para frenar su crecimiento. En parte, para adquirir usuarios y conocer mejor su comportamiento. A medida que Facebook madura, ya tiene 13 años, tiene dificultades. En la conferencia han pasado a ser algo secundario, casi irrelevante.

Pero Snapchat no es el único damnificado con este movimiento. Google lleva años prometiendo una mejor versión de Google maps, algo así como la guía perfecta para moverse en interiores con Project Tango. Su propuesta pasa por un móvil con un complejo sistema de cámaras que por ahora solo fabrica Lenovo. Cuando Google lanzó Pixel, su móvil de alta gama, no incluyó este mecanismo por dos motivos: el equipo del móvil, proveniente de Motorola, no es el mismo que el que investiga Tango, y, porque no les parecía que el resultado fuese todavía atractivo a los ojos del consumidor más exigente. Es cierto, los móviles son bonitos, de hecho se parecen sospechosamente al iPhone, pero han hecho una renuncia que podría haber puesto a Google en la vanguardia.

Apple, cuya conferencia tendrá lugar a primeros de junio también en San José, decidió poner dos cámaras en el modelo más avanzado de iPhone que lanzaron en septiembre. Supuestamente para poder hacer zoom óptico con calidad. La realidad es que es un movimiento técnico para poder entrar en este prometedor mundo de hologramas y superposiciones en el que Facebook marca el paso, con menos artificio técnico, una gran base de usuarios y un pragmatismo fuera de lo común.

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