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Pilas recargables: ¿cuántas veces se pueden reutilizar antes de tener que tirarlas?

Estos dispositivos ofrecen opciones positivas si se utilizan de forma correcta y, por lo tanto, no se degrada la química que existe en su interior.

Dos pilas recargables en una mesaUnsplash

La vida útil de las pilas recargables no se calcula en meses o años de forma arbitraria, sino que se mide estrictamente a través de los denominados ciclos de carga. Uno completo representa el proceso en el que se consume la totalidad de la capacidad del acumulador y, posteriormente, se vuelve a rellenar de energía hasta su nivel máximo. Y, seguro, que te has preguntado más de una vez cuál es el límite de las que tienes en casa.

Conocer a las pilas recargables

Los estándares industriales que regulan este sector establecen un criterio bastante claro para definir el momento en el que un componente llega al final de su vida operativa útil: ocurre justamente cuando la retención máxima de energía disminuye por debajo del 80% de su estado de salud original. Una vez que se traspasa ese umbral crítico, la degradación interna de los materiales no sigue un ritmo constante, sino que comienza a acelerarse de manera notable. Esto significa que la retención empeorará mucho más rápido a partir de ese momento -indicando de forma evidente que ha llegado la hora de sustituir el elemento por uno completamente nuevo-.

Pilas recargables juntas

Dentro del mercado actual existen grandes marcas que ofrecen estimaciones muy claras sobre lo que prometen sus tecnologías. El caso es que para pilas tipo AA y AAA soportar hasta 1.000 ciclos de carga completos es una marca de lo más respetable. Según los cálculos de diferentes fabricantes, dicha cifra equivale a una durabilidad de aproximadamente 12 años si se mantiene un patrón de uso normal. Es importante indicar que la cifra de mil repeticiones constituye el techo teórico óptimo para una gran parte de las celdas basadas en iones de litio que se fabrican hoy en día.

Sin embargo, si se lleva un registro riguroso de cada vez que se conecta un dispositivo a la corriente, es muy probable descubrir que la realidad no siempre se ajusta a las promesas del embalaje. En muchas ocasiones, los componentes no logran alcanzar esa cifra tan atractiva. Esto sucede porque, a menudo, se cometen errores inadvertidos que terminan por desajustar la química interna de los elementos de litio que alimentan los aparatos de uso diario.

El caso es que esta discrepancia entre la teoría del laboratorio y la práctica diaria quedó perfectamente reflejada en un estudio científico coordinado por el investigador Christian Clemm, difundido a través de la plataforma académica ResearchGate. En esta investigación de campo se analizó el comportamiento de una amplia muestra de dispositivos móviles. El resultado principal del análisis arrojó un dato muy revelador: solamente el 55% de las baterías de teléfonos inteligentes y tablets analizadas logró conservar un estado de salud superior al 80% cuando se encontraban en el rango de los 800 a los 1.000 ciclos de carga. El resto de los dispositivos sufrió un desgaste mucho más severo antes de llegar a esa meta. Unas cifras de lo más sorprendentes.

Detalles que son reveladores

Frente a esta realidad, es lógico plantearse si realmente merece la pena invertir en pilas recargables, en lugar de recurrir a las tradicionales opciones alcalinas de un solo uso. Un dato a valorar: un modelo convencional de la segunda opción suele ofrecer un servicio continuo de hasta seis meses en periféricos de consumo moderado (como un ratón de ordenador, eliminando la molestia que supone tener que realizar recargas de forma constante).

Dos pilas recargables

A pesar de esta aparente ventaja, la buena noticia para los usuarios es que se puede intervenir activamente para que las pilas recargables disfruten de una vida útil mucho más prolongada si se adoptan si se utilizan de forma adecuada para preservar su salud interna. Por ejemplo, uno de los factores más críticos para evitar el deterioro prematuro consiste en impedir que el componente acumule un exceso de temperatura -esto implica un cambio de hábitos sencillo: evitar por completo el uso de los terminales mientras están conectados a la red eléctrica y prescindir, en la medida de lo posible, de las funciones de carga rápida-.

Esta pequeña modificación en las costumbres diarias optimiza la respuesta del material, volviéndolo más resistente frente al desgaste y permitiendo que se aproxime con mayor fidelidad a ese objetivo ideal de los 1.000 usos útiles. Además, las perspectivas de futuro son muy prometedoras gracias a investigaciones recientes enfocadas en la restauración química mediante baños electroquímicos, lo que abre la puerta a que en un futuro se puedan utilizar estos componentes de manera indefinida.

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